Ir al contenido principal

Estaciones y maletas comunes

Fue en un pueblo con mar, una noche después de un concierto... Hasta aquí, todo normal. Una historia que surge de una canción. Pol (desarrollador de planteamientos) conoce a Sara (periodista especializada en altas tensiones) en un cruce de miradas ajenas. Pasaban por ahí y el planteamiento de dos personas 'exteriores' generó la tensión suficiente para llevarles a un encuentro de vista y porrazo. Como en un sueño se pusieron a hablar sin prejuicios, como si se conocieran de toda la vida y con la seguridad de que siempre "nos quedará despertar". Mientras tanto, la canción de Sabina continuaba en su propio bucle. Dieron las 10, las 12, la 1... Y Pol y Sara seguían en aquel puesto de horchatas de paso, dentro de la Estación

Él, muy profesional, entendía la vida como un perenne planteamiento. Ella, igual de profesional, era una experta en limar asperezas día a día. Pero en este contexto espontáneo y vacío de tensión, nadie planteó nada, sencillamente pasó todo sin que nada pasara. Unieron escenarios e incluso programaron funciones; charlaron de cine, realidades, miserias, salieron al plano confesiones verbalizadas por primera vez... Eran conscientes de que tenían delante un tren común que coger. Evidente. Más allá de conexiones y magias. El único problema que tenían y sabían, como buenos profesionales del planteamiento y de la tensión que eran (y son), era que faltaba una maleta común. Y ese hueco pesaba. Pero lejos de agobiarse, disfrutaron y absorbieron cada instante. Agarrados a esa extraña seguridad del despertar y a la certeza de compartir algo por definir (independientes de tiempos), no desperdiciaron ni una palabra ni un silencio, ni mucho menos una posible discusión. 

Después se despidieron. Igual que la canción, y sin miedo, se dijeron aquello de Ojalá que volvamos a vernos. Así que ese tren tan evidente partió y cada uno se subió al que inicialmente se habían encomendado. Aquel día ella venía y él se iba. O al revés. Nunca se sabe.

Hoy, me cuenta un amigo -que aún no tengo- que hace poco se cruzó la mirada con una chica con ojos intensos, y que además de darse un baño en la atracción del momento observó cómo en mitad de este contexto, una pareja se encontraba después de un tiempo sin verse. Aquello le obligó a hacer un alto en su camino hacia la chica de ojos intensos para seguir observando lo que pasaba en medio de la mirada. Y pasó que se cambiaron las maletas y se subieron juntos a un tren separado... de los demás. Sin duda eran Pol y Sara. Lo dice el planteamiento que viene de un pueblo con mar atado a otro sin puerto... Después de un concierto. 

---

Foto de Daniel Lasalle (Las pequeñas miradas)

Comentarios

Entradas populares de este blog

Las palabras se las lleva Twitter

Apenas estaba digiriendo una información -con alta carga de valor- cuando un tuit la bajó de golpe muro abajo. Intenté seguirla, pero no paraba de caer al foso; y durante el imparable descenso iba olvidando el cuerpo de la noticia que me había llamado la atención. Finalmente renuncié y volví a lo más alto del muro de nuevo, con la esperanza de leer algo interesante, entonces un hilo que sostenía al texto en extinción entró en escena. Intenté seguirlo pero poco duró su vigencia. Una vez más la gravedad de las redes sociales impuso su fuerza.  El volumen de la ansiedad de la masa social por publicar, por ser viral, por conseguir apoyo de followers, ¡por ser!, por estar, por pintar, pesa y ocupa tanto que la palabra apenas puede sostenerse. De hecho acabo de perder el hilo que me trajo hasta este texto. ¿Habré incorporado la misma gravedad y procesado de ideas? Es posible, porque ya se me está haciendo largo y empiezo a sentir ansiedad por publicarlo y que funcione por sí solo. Pesa

Murió en lugar de la palabra

El cadáver aún tenía mucho que decir, pero no había nadie al alcance a través del cual poder expresar... Se mordía la lengua con los últimos suspiros. Las ideas que nunca sublimaron se desvanecían. La sonrisa se iba transformando en relieve, el rock en adagio y el mito en una frase por decir. Los músculos ocultaban poemas escondidos entre líneas. La rabia y el sosiego tonteaban. Quería expresar, usar su codo izquierdo para hablar lo que no estaba dicho. ...El telón caía y el público tenía un pie en la cena. Y él, como cadáver, perdía su peso como actor. Se acababa el tiempo entre vivos por mucha palabra que tuviera pendiente. Su identidad era ya lo de menos; de la pausa pasaba al corredor del olvido. Nadie estaba pendiente de él. Lo que no expusiera en ese momento se desintegraría con él para siempre. Hasta pronto, hasta nunca. El tiempo seguía su curso y no parecía hallarse ningún traductor de cadáveres por su causa en la escena. Estaba muerto y además, muerto de miedo. Acoj

Entrada nueva

Pulsó en "Entrada nueva" para escribir su próximo post, se abrió una puerta y subió a una sala donde le esperaba parte de sí mismo. Allí, para el bien y el sentido común, había montada una mesa llena de aperitivos soñados, vino en prosa y recortes de historias que nunca han sido contadas. Se sentía relajado, cómplice de la ironía que le hacía cosquillas entre una oreja y la palabra; como aquella vez que olvidó su contraseña y tuvo que aceptarse fuera de su perfil. Era una especie de resignación y victoria a la vez. Una batalla ganada a la necesidad de "tener que". Una sonrisa no forzosa acompañaba mejor al vino que corría por su garganta. Era la alegría de saber y de saberse. Y todo esto ocurría gracias a la decisión de salir de aquella entrada que nunca llevaba a nada y que aparentaba dar acceso a todo.  En aquella sala también había un árbol y un mapa. Eran una misma cosa. Unidos por un link de invierno que llevó su sentido al verano. Él dialogó con muchos