Ir al contenido principal

En la taza de la autocrítica

Después de una noche de autocrítica encerrado en el baño, ha salido indemne de las garras purgativas. Lo más duro, ponerse de acuerdo con algunos conceptos incómodos. Lo más agradable, darse cuenta de que nada es tan grave como (a)parece en mitad de la noche. Hernando Gurmi tiene 60 años y encaja en su edad, aunque a veces salta al vacío de los 40, se tropieza con los 30 y los 10 le ponen la zancadilla como parte de la picardía propia de la edad; tanta como mala hostia preadolescente. 

Cuando camina suele (intermitentemente) sentir que lleva una piedrecilla arraigada en el calzado izquierdo. Se descalza, revisa el calcetín, se sacude previa agitación, mira al cielo, recuerda episodios del pasado y se caga -cito palabras textuales- en la "puta madre del cordero". Pero tras la noche de autocrítica ha logrado entrar en el súper sin sentir vértigo ni miedo ante la ausencia de planes. Es más, observa la pantalla de los vigilantes (con emisión en abierto) y se ve a sí mismo pagando dentro de un rato, y charlando de sus cosas con el cajero. 

Ahora, con el baño en obras, está haciendo tiempo para rehacer su vientre, ahuecar y dar lugar a cada uno de los suyos.

Comentarios

unainsomne ha dicho que…
Cómo me gusta eso de que en mitad de la noche las cosas más que parecen, aparecen.
Dani Seseña ha dicho que…
Bienvenida/o al desvelo

Entradas populares de este blog

Las palabras se las lleva Twitter

Apenas estaba digiriendo una información -con alta carga de valor- cuando un tuit la bajó de golpe muro abajo. Intenté seguirla, pero no paraba de caer al foso; y durante el imparable descenso iba olvidando el cuerpo de la noticia que me había llamado la atención. Finalmente renuncié y volví a lo más alto del muro de nuevo, con la esperanza de leer algo interesante, entonces un hilo que sostenía al texto en extinción entró en escena. Intenté seguirlo pero poco duró su vigencia. Una vez más la gravedad de las redes sociales impuso su fuerza.  El volumen de la ansiedad de la masa social por publicar, por ser viral, por conseguir apoyo de followers, ¡por ser!, por estar, por pintar, pesa y ocupa tanto que la palabra apenas puede sostenerse. De hecho acabo de perder el hilo que me trajo hasta este texto. ¿Habré incorporado la misma gravedad y procesado de ideas? Es posible, porque ya se me está haciendo largo y empiezo a sentir ansiedad por publicarlo y que funcione por sí solo. Pesa

Murió en lugar de la palabra

El cadáver aún tenía mucho que decir, pero no había nadie al alcance a través del cual poder expresar... Se mordía la lengua con los últimos suspiros. Las ideas que nunca sublimaron se desvanecían. La sonrisa se iba transformando en relieve, el rock en adagio y el mito en una frase por decir. Los músculos ocultaban poemas escondidos entre líneas. La rabia y el sosiego tonteaban. Quería expresar, usar su codo izquierdo para hablar lo que no estaba dicho. ...El telón caía y el público tenía un pie en la cena. Y él, como cadáver, perdía su peso como actor. Se acababa el tiempo entre vivos por mucha palabra que tuviera pendiente. Su identidad era ya lo de menos; de la pausa pasaba al corredor del olvido. Nadie estaba pendiente de él. Lo que no expusiera en ese momento se desintegraría con él para siempre. Hasta pronto, hasta nunca. El tiempo seguía su curso y no parecía hallarse ningún traductor de cadáveres por su causa en la escena. Estaba muerto y además, muerto de miedo. Acoj

Sin estridencias

En mitad de la carretera, a pie de asfalto... Ya no pincha, ni mucho menos corta. Pero toma postura y digiere  la curva peligrosa.