Ir al contenido principal

La huella del espejo, una despedida libre de restos que restan

Venía de transcribir una parte del todo y de tatuarse un todo por dentro. Conducía bajo los efectos del temor y bebía para conducir por algunas de las carreteras secundarias de su vida que nunca había tanteado. Delante no había un fin, sino un objetivo que solo enfoca cuando lo ve claro; el típico instrumento al que le da por mirar con lupa sin contar con el ojo que lo dirige. Venía -que no volvía- para mirar de frente a la huella del espejo. Un gesto impreso en el reflejo que le daba tanta fuerza que le asustaba despedirse de él; un guiño tan incondicional y profundo que había trascendido hasta los cofres internos. No tenía por qué hacerlo, pero sabía que para construir un escenario real, tenía que incorporar la huella, borrarla y desalojar el reflejo... que no era más (ni menos) que eso, un reflejo que tuvo su momento. La silueta de un hecho que pujaba por entenderse a sí mismo. Sabía que llevaba su tiempo, al ritmo de la independencia que marca el espacio propio. No podía impedirlo ni frenar el proceso. 

Por fin se sentó y empezó a mirar de frente sin perder de vista todo (o parte) lo que pasa rozando el párpado. Sabía que lo imposible es cuestión de tiempo, como dice la pintada que alguien contrapuso al muro que le mira cada mañana. Así que ahora tocaba hacer un inventario de los sucedido, de lo pensado, de la transformación, de la evolución (y sus elementos), de lo imaginado, de lo descartado, de lo dicho, de lo no dicho, de las balas (que agitan sin matar) disparadas, de los silencios de las comas no usadas, de los parpadeos calados, de los componentes del capítulo 107... Una lista infinita de "cómos" que merecía la pena sublimar para prepararla para su momento. Tenía, en definitiva, mucha tarea por delante. Pero a cambio, disponía del tiempo necesario para dedicarla.

La despedida fue triste, pero como alguien dijo, también dulce. Porque hay despedidas libres de restos (que restan). Y ésta era una de ellas; una bienvenida al mundo de las cosas bien amasadas. Después llegó el turno de la hoja en blanco que venía exigiendo su oportunidad desde hacía un tiempo. Los cimientos eran sólidos... Ya sólo quedaba pintar, esculpir, dramatizar, dibujar, idear y escribir la historia. Y aquí es donde empieza todo... 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Murió en lugar de la palabra

El cadáver aún tenía mucho que decir, pero no había nadie al alcance a través del cual poder expresar... Se mordía la lengua con los últimos suspiros. Las ideas que nunca sublimaron se desvanecían. La sonrisa se iba transformando en relieve, el rock en adagio y el mito en una frase por decir. Los músculos ocultaban poemas escondidos entre líneas. La rabia y el sosiego tonteaban. Quería expresar, usar su codo izquierdo para hablar lo que no estaba dicho.
...El telón caía y el público tenía un pie en la cena. Y él, como cadáver, perdía su peso como actor. Se acababa el tiempo entre vivos por mucha palabra que tuviera pendiente. Su identidad era ya lo de menos; de la pausa pasaba al corredor del olvido. Nadie estaba pendiente de él. Lo que no expusiera en ese momento se desintegraría con él para siempre. Hasta pronto, hasta nunca. El tiempo seguía su curso y no parecía hallarse ningún traductor de cadáveres por su causa en la escena.
Estaba muerto y además, muerto de miedo. Acojonado po…

Las palabras se las lleva Twitter

Apenas estaba digiriendo una información -con alta carga de valor- cuando un tuit la bajó de golpe muro abajo. Intenté seguirla, pero no paraba de caer al foso; y durante el imparable descenso iba olvidando el cuerpo de la noticia que me había llamado la atención. Finalmente renuncié y volví a lo más alto del muro de nuevo, con la esperanza de leer algo interesante, entonces un hilo que sostenía al texto en extinción entró en escena. Intenté seguirlo pero poco duró su vigencia. Una vez más la gravedad de las redes sociales impuso su fuerza. 
El volumen de la ansiedad de la masa social por publicar, por ser viral, por conseguir apoyo de followers, ¡por ser!, por estar, por pintar, pesa y ocupa tanto que la palabra apenas puede sostenerse. De hecho acabo de perder el hilo que me trajo hasta este texto. ¿Habré incorporado la misma gravedad y procesado de ideas? Es posible, porque ya se me está haciendo largo y empiezo a sentir ansiedad por publicarlo y que funcione por sí solo. Pesa. ¿Qu…

Sin estridencias

En mitad de la carretera, a pie de asfalto... Ya no pincha, ni mucho menos corta. Pero toma postura y digiere la curva peligrosa.