Ir al contenido principal

Soul

Levantarse, autoconvencerse, reanimarse, no lamentarse, mirarse, palmearse, sentarse, dirigirse a, puntuarse, afinar, dejar de prepararse, reaccionar... Son reglas que Ella gestiona cada mañana. O en mitad de la noche. Da igual 'la trama' horaria. Lo importante es construir cada día ese fuerte que sostenga su estructura, porque la coyuntura se hace. Se lo repite una y otra vez, siempre añadiendo un elemento nuevo, una nota más. Ella es así, muy de incorporar y reciclar, nunca de aniquilar.

Todo este ritual empezó cuando perdió a su hermana pequeña en un accidente de tráfico. Viajaban juntas, pero sólo llegó ella. Lo superó con cada centímetro que compone el tiempo. Pero todavía le cuesta entender que su gran amiga y hermana no va a ser su cómplice nunca más en tiempo real. Gracias a los infinitivos y las subordinadas que nunca pronuncia puede con ello, que no con todo. 

Aquel viaje que nunca empezó iba a ser el despegue para ambas. Un trayecto por convicción a la tierra prometida del soul. Lo habían preparado durante todo el año. Durante toda la vida. Les esperaba el escenario más anhelado. Ahora está sola ante un público ansioso por escuchar sus conclusiones, envuelta en la penumbra de la luz azul, entre viento y percusión, rodeada de letras que se abstraen por su cuenta. Ajenas al suelo.

Esta noche es el concierto. Está lista. Con ella comparte escena su banda, su fuerte, su parte por el todo reconstruido, una batería de recuerdos vivos y un alma dispuesta a ser reeditada por la nueva ola de sí misma. Ante el espejo funde su cara junto a lo verbalizado en el reflejo. Se aferra a su saxo barítono y llora por dentro, emocionada, porque sabe que ya no puede retroceder, sólo... ¡Tocar!

Comentarios

Entradas populares de este blog

Las palabras se las lleva Twitter

Apenas estaba digiriendo una información -con alta carga de valor- cuando un tuit la bajó de golpe muro abajo. Intenté seguirla, pero no paraba de caer al foso; y durante el imparable descenso iba olvidando el cuerpo de la noticia que me había llamado la atención. Finalmente renuncié y volví a lo más alto del muro de nuevo, con la esperanza de leer algo interesante, entonces un hilo que sostenía al texto en extinción entró en escena. Intenté seguirlo pero poco duró su vigencia. Una vez más la gravedad de las redes sociales impuso su fuerza.  El volumen de la ansiedad de la masa social por publicar, por ser viral, por conseguir apoyo de followers, ¡por ser!, por estar, por pintar, pesa y ocupa tanto que la palabra apenas puede sostenerse. De hecho acabo de perder el hilo que me trajo hasta este texto. ¿Habré incorporado la misma gravedad y procesado de ideas? Es posible, porque ya se me está haciendo largo y empiezo a sentir ansiedad por publicarlo y que funcione por sí solo. Pesa

Murió en lugar de la palabra

El cadáver aún tenía mucho que decir, pero no había nadie al alcance a través del cual poder expresar... Se mordía la lengua con los últimos suspiros. Las ideas que nunca sublimaron se desvanecían. La sonrisa se iba transformando en relieve, el rock en adagio y el mito en una frase por decir. Los músculos ocultaban poemas escondidos entre líneas. La rabia y el sosiego tonteaban. Quería expresar, usar su codo izquierdo para hablar lo que no estaba dicho. ...El telón caía y el público tenía un pie en la cena. Y él, como cadáver, perdía su peso como actor. Se acababa el tiempo entre vivos por mucha palabra que tuviera pendiente. Su identidad era ya lo de menos; de la pausa pasaba al corredor del olvido. Nadie estaba pendiente de él. Lo que no expusiera en ese momento se desintegraría con él para siempre. Hasta pronto, hasta nunca. El tiempo seguía su curso y no parecía hallarse ningún traductor de cadáveres por su causa en la escena. Estaba muerto y además, muerto de miedo. Acoj

Entrada nueva

Pulsó en "Entrada nueva" para escribir su próximo post, se abrió una puerta y subió a una sala donde le esperaba parte de sí mismo. Allí, para el bien y el sentido común, había montada una mesa llena de aperitivos soñados, vino en prosa y recortes de historias que nunca han sido contadas. Se sentía relajado, cómplice de la ironía que le hacía cosquillas entre una oreja y la palabra; como aquella vez que olvidó su contraseña y tuvo que aceptarse fuera de su perfil. Era una especie de resignación y victoria a la vez. Una batalla ganada a la necesidad de "tener que". Una sonrisa no forzosa acompañaba mejor al vino que corría por su garganta. Era la alegría de saber y de saberse. Y todo esto ocurría gracias a la decisión de salir de aquella entrada que nunca llevaba a nada y que aparentaba dar acceso a todo.  En aquella sala también había un árbol y un mapa. Eran una misma cosa. Unidos por un link de invierno que llevó su sentido al verano. Él dialogó con muchos