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BORGES EN CASA

El sábado 16 de abril de 1977, mientras preparaban el prólogo a una edición de Thomas de Quincey, Borges y Bioy Casares redactaron las siguientes frases sobre el escritor inglés: «Fue amigo personal de Wordsworth, de Coleridge, de Charles Lamb y de Southey [...]. Al describirlos, no vaciló en registrar sus pequeñas vanidades, sus flaquezas y aun el rasgo íntimo que puede parecer indiscreto o irrespetuoso, pero que nos permite conocerlos con vividez. Las reminiscencias de De Quincey son parte integral de la imagen que tenemos de ellos ahora». Bioy llevaba entonces casi treinta años escribiendo un diario en el que registraba sus encuentros habituales con Borges y, desde luego, no se le escaparon las similitudes entre su situación y la de De Quincey. Lo anterior, anota sugerentemente, «debería preceder, si me resignara alguna vez a presentarme como monstruo de inmodestia, mis reminiscencias de Borges». (SIGUE)

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...El telón caía y el público tenía un pie en la cena. Y él, como cadáver, perdía su peso como actor. Se acababa el tiempo entre vivos por mucha palabra que tuviera pendiente. Su identidad era ya lo de menos; de la pausa pasaba al corredor del olvido. Nadie estaba pendiente de él. Lo que no expusiera en ese momento se desintegraría con él para siempre. Hasta pronto, hasta nunca. El tiempo seguía su curso y no parecía hallarse ningún traductor de cadáveres por su causa en la escena.
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