Ir al contenido principal

Quintero deja TVE ¡Qué decepción!

Por Daniel Seseña
Con la colaboración de All Brunis

Resulta decepcionante que alguien como Jesús Quintero desaparezca de la parrilla de TVE. Y resulta decepcionante porque su espacio de entrevistas es como una isla en mitad de tanta marea de audiencias. Siempre es interesante lo que ocurre cuando el periodista pregunta y el entrevistado responde. Voy más lejos, me importa poco (tómese esto en sentido figurado) a quién entreviste. Me da igual que sea Ynestrillas, Losantos o Farruquito, “FF” o la Obregón, Banderas o García... Me da lo mismo, porque es el único periodista que siendo el protagonista de su propia entrevista, usa esta verdad para sacar lo mejor y más interesante aspecto de la vida del que tiene delante. Con silencios, sonrisas, ironías, sorbos a la bebida que siempre le acompaña, reflexiones en alto (también soterradas), Quintero convierte su encuentro en un espacio genuino de diálogo y comunicación. Y señores, estos dos conceptos empiezan a convertirse en la tv en una especie en extinción.

Quintero es monstruo, es un alivio; escuchando sus reflexiones y sus cuestiones, da la sensación –trascendiendo la isla que mencionaba líneas más arriba- de que una tele diferente es posible. Durante su programa yo personalmente encuentro sosiego, relajación y una apuesta por la persona. Todos podríamos ser entrevistados por Quintero, porque todos tenemos algo que caracteriza al Homo sapiens: razón y capacidad de entendimiento entre nosotros por medio del diálogo. Todos sabemos errar, arrepentirnos, incluso volver a errar, caer en un pozo y salir de él, reflexionar y rectificar errores, cambiar la conducta a favor del buen ambiente, perdonar, odiar, amar, llorar, cagarnos en los demás y en nosotros mismos, detectar la mala leche (propia y ajena), rectificar... Y lo más importante: escuchar al de delante y a uno mismo.

No sé si son argumentos suficientes. Un asiduo a este blog, llamado “All Brunis”, escribe (gracias por tus palabras) para dirigir su mensaje a Quintero: “Según leo hay tres razones para tu (repito) huida; una dice que se produce por un bajón en las audiencias. La otra que es por la no emisión de la entrevista de García. La tercera que te vas por problemas de salud. Si te vas por la primera (bajada de las audiencias) mi decepción es inmensa pues significa que les haces el juego a los tontos del “share” y caes en la trampa de la telebasura actual tanto cómo la has criticado. Tú que siempre has sido abanderado de la televisión independiente ahora resulta que si bajas un millón en las audiencias ya no vale… ¿Y qué es de los que te seguimos viendo y esperando tu programa semana tras semana? ¿Ya no merecemos la pena? Si te vas por lo de García me parece una niñería y además creo que les haces el juego a la gente del PP que acusan al actual presidente TVE de partidario. Como ya apunté en este foro creo que la decisión de TVE fue la más correcta de todas las posibles. La tercera de tus excusas simplemente no me la creo y por tanto no la comento. Es más, te diré que me ofende más que las otras dos”.

Así las cosas, me imagino que no sólo somos dos los que pensamos lo mismo en torno a una gran pérdida que es más que televisiva; es decepcionante. Espero que haya un segundo capítulo y no se vaya Quintero. Porque si se va... la tele habrá perdido un poco más de interés para los pocos o muchos, gentes de bien (mal o regular) y demás ilusos que buscamos sencillamente calidad.
Gracias All Brunis.

Comentarios

Entradas populares de este blog

El Cerrojo

Abrí para pedir un café, pero una mirada (que vale 1.000 vocablos) me cerró la puerta. Esperé a que pestañeara, pero solo un párpado estaba por la labor de ceder. El otro protegía -con todo- el ojo avizor. Saqué una llave en son de paz. Dio un golpe en la mesa como respuesta. Intenté darle mi brazo al torcer. Sacó un as. Yo pinté bastos. “El cerrojo, aunque no lo creas lo llevas tú”, me dijo en tono conclusivo. Cuando miré mis manos para intentar descifrar sus palabras la camarera me sirvió un café. No entendí mucho lo sucedido, y menos cuando me giré hacia la puerta nadie miraba. Solo quedaba la mirilla, hidroalcohol y una propina. 

Idas y venidas por una mala salida

 Viéndolas venir me dieron en toda la cara. Una a una, las idas y venidas de años anteriores (y una del que entra) fueron golpeándome repetidamente hasta que pronuncié la palabra requerida: "Perdón". Las idas reclamaban un sitio concreto al que llegar; las venidas, más dimensiones. La correspondiente a 2021 era ida y estaba algo más perdida. Lo más difícil para mí fue darme cuenta de que tenía la responsabilidad de ubicarlas. Lo supe por una mala salida de otra persona hacia mí. Ésta, la mala salida, me advirtió -poco antes de abofetearme por izquierda y derecha con la mano abierta- de que debía organizarlas. ¿Cómo? pregunté. Viéndolas venir, exclamó. Así que tras pedir disculpas y tomar la firme decisión de implicarme en la búsqueda de lugares y dimensiones, todo empieza. A ver...

La crónica borradora

Borró tres archivos por la mañana, el eje de la crónica que tenía que entregar al día siguiente. Cada uno correspondía a un asunto pendiente. El cúmulo le pesó más que el deseo o la necesidad de resolverlos. Salió a la calle en busca de respuestas aleatorias. La calle -cansada de su rol de eterna transición- contestó con más preguntas. Ella en parte se enteraba de lo que ocurría y en parte lo evitaba. Lo mismo había sucedido con aquellos archivos. Uno fue borrado a conciencia, dos sin querer. O al revés. Nunca lo sabrá con toda certeza. El día anterior se había registrado un breve temblor de tierra. Pocos grados, pero los suficientes para sentir lo fino que es el asfalto y el vértigo de la fragilidad. El movimiento brusco le dejó algo mareada. ¿Qué relación existía entre el miedo a caer al abismo y el borrado -accidental o no- de archivos propios? ¿Había alguna relación? Mientras paseaba sin destino marcado -sintiendo y recuperando la firmeza del suelo con sus nuevas sandalias- e