Ir al contenido principal

Benet el mafioso y la entrevista ficción 1001

Hoy he hecho mi entrevista número 1001 como periodista ficción. Se la he realizado a Mario Benet, un mafiosillo de barrio que ha decidido cantar. Su época de esplendor tuvo lugar entre finales de los 70 y mediados de los 90. Dio conmigo a través de una voz perdida que procedía de un teléfono ajeno en "el 52" (autobús regular de la EMT). Aquella voz hablaba de mi supuesta hablilidad para cominicarme con personajes borrados o directamente inexistentes. "No, no está loco, ni es un medium; sencillamente se interesa por ellos y después ellos le hablan, le putean o le presentan a terceros", decía aquel... tercero. Aquello conectó a Benet con la conversación. Después, a pesar de su tercera edad, Benet recordó su agilidad en el arte de la sustracción y se apropió de aquel 'móvil' para llamarme.

Acostumbrado a dicha costumbre no me sorprendió su llamada. Desde el principio me interesó su historia. Hablaba de decadencia; de buenos momentos; de reflexiones mafiosas mezcladas con dinero circulante e indiferente; de traiciones y pasiones; de letras ensangrentadas. Pero sobre todo, tenía una historia (a medias) que contar, una trama que si fuera una película planteraría un principio claro, un nudo grueso y lleno de rugosidades oscuras, pero sin noticias del FIN. Y para eso Benet había acudido a mí, para conocer el final (si es que lo había) y para saber si él estaba entre los directamente inexistentes o entraba en la categoría de borrados.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Enhorabuena por esas 1001 entrevistas que tanto me han hecho disfrutar (alguna seguro que me queda por ahí…pero pocas) y que han abierto una brecha por la que mirar ese maravilloso mundoficción cebollil.

Que continúe, que continúe…

Un abrazo, grp

Entradas populares de este blog

El Cerrojo

Abrí para pedir un café, pero una mirada (que vale 1.000 vocablos) me cerró la puerta. Esperé a que pestañeara, pero solo un párpado estaba por la labor de ceder. El otro protegía -con todo- el ojo avizor. Saqué una llave en son de paz. Dio un golpe en la mesa como respuesta. Intenté darle mi brazo al torcer. Sacó un as. Yo pinté bastos. “El cerrojo, aunque no lo creas lo llevas tú”, me dijo en tono conclusivo. Cuando miré mis manos para intentar descifrar sus palabras la camarera me sirvió un café. No entendí mucho lo sucedido, y menos cuando me giré hacia la puerta nadie miraba. Solo quedaba la mirilla, hidroalcohol y una propina. 

Idas y venidas por una mala salida

 Viéndolas venir me dieron en toda la cara. Una a una, las idas y venidas de años anteriores (y una del que entra) fueron golpeándome repetidamente hasta que pronuncié la palabra requerida: "Perdón". Las idas reclamaban un sitio concreto al que llegar; las venidas, más dimensiones. La correspondiente a 2021 era ida y estaba algo más perdida. Lo más difícil para mí fue darme cuenta de que tenía la responsabilidad de ubicarlas. Lo supe por una mala salida de otra persona hacia mí. Ésta, la mala salida, me advirtió -poco antes de abofetearme por izquierda y derecha con la mano abierta- de que debía organizarlas. ¿Cómo? pregunté. Viéndolas venir, exclamó. Así que tras pedir disculpas y tomar la firme decisión de implicarme en la búsqueda de lugares y dimensiones, todo empieza. A ver...

Las palabras se las lleva Twitter

Apenas estaba digiriendo una información -con alta carga de valor- cuando un tuit la bajó de golpe muro abajo. Intenté seguirla, pero no paraba de caer al foso; y durante el imparable descenso iba olvidando el cuerpo de la noticia que me había llamado la atención. Finalmente renuncié y volví a lo más alto del muro de nuevo, con la esperanza de leer algo interesante, entonces un hilo que sostenía al texto en extinción entró en escena. Intenté seguirlo pero poco duró su vigencia. Una vez más la gravedad de las redes sociales impuso su fuerza.  El volumen de la ansiedad de la masa social por publicar, por ser viral, por conseguir apoyo de followers, ¡por ser!, por estar, por pintar, pesa y ocupa tanto que la palabra apenas puede sostenerse. De hecho acabo de perder el hilo que me trajo hasta este texto. ¿Habré incorporado la misma gravedad y procesado de ideas? Es posible, porque ya se me está haciendo largo y empiezo a sentir ansiedad por publicarlo y que funcione por sí solo. Pesa