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Procesando

Este post es una respuesta. Ante la pregunta de el/la fiel lector/a apodado grp, sobre si estoy recortando... Contesto en modo entrada: Es posible que los efectos austeros contagien a las ocurrencias. Si bien es cierto que no cesan, porque siguen circulando entre ideas no expresadas, células, bacterias, nervios y pensamientos tan puros como impíos, igual de cierto es que encuentro más obstáculos (tangibles e inexistentes) a la hora de llevarlos al 'papel'. 

Tengo una legión de personajes atrapados peleándose por ser entrevistados. Hay de todo: dos hermanas que juegan a ser gemelas cuando sólo son monjas; un ingeniero del sueño, que no pega ojo; un niño con muy mala hostia que no hace más que buscar las cosquillas a todo el mundo, pero que él no responde a dicho estímulo; un vendedor de excusas; una aventurera muda que habla por los codos gracias a una aplicación; un inventor deprimido; una deprimida que comercia con activos de optimismo tóxico... En fin. Un mundo.

Prometo dar salida a esta panda de creadores y creadoras, pero necesito pasar por la necesaria transición de acoplamiento (que nada tiene que ver con la copla) a la era táctil, que me tiene confundido y algo alejado de la tecla; aunque no puedo prescindir de ella. 

PD.: Gracias por interesarte, grp.     

Comentarios

grp ha dicho que…
jajaja, ya estoy viendo mi próxima pancarta...'No a los recortes en PF'.

Tu respuesta deja claro que la cosa no va de escasez de ocurrencias y yo vuelvo a oir susurros en la cocina, todo en orden.

Muchas gracias por esta estupenda entrada-respuesta, no parece que de momento La Tecla te guarde ningún rencor.

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El Cerrojo

Abrí para pedir un café, pero una mirada (que vale 1.000 vocablos) me cerró la puerta. Esperé a que pestañeara, pero solo un párpado estaba por la labor de ceder. El otro protegía -con todo- el ojo avizor. Saqué una llave en son de paz. Dio un golpe en la mesa como respuesta. Intenté darle mi brazo al torcer. Sacó un as. Yo pinté bastos. “El cerrojo, aunque no lo creas lo llevas tú”, me dijo en tono conclusivo. Cuando miré mis manos para intentar descifrar sus palabras la camarera me sirvió un café. No entendí mucho lo sucedido, y menos cuando me giré hacia la puerta nadie miraba. Solo quedaba la mirilla, hidroalcohol y una propina. 

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