Ir al contenido principal

LA CHATA CONTESTA

Después de escuchar unas 102 veces la canción 20 de abril de Celtas Cortos, sin querer y por cortesía de las radiofórmulas que pasan una y otra vez los mismos temas musicales, se me ha ocurrido algo. Veinte años después, "la chata" contesta, desesperada y saturada, a la carta del músico que no quiere cambiar y sí desordenar su conciencia.

20 de abril del 90
hola chata, ¿cómo estás?
Bien, hasta arriba de curro

¿Te sorprende que te escriba?
Tanto tiempo es normal
La verdad, no. ¿Cuántas cartitas llevas ya?

Pues es que estaba aquí solo
me había puesto a recordar
me entro la melancolía
y te tenia que hablar
Como siempre...

¿Recuerdas aquella noche
en la cabaña del Turmo?
Las risas que nos hacíamos antes todos juntos
Te reías tú solo, chato. Estabas tan fumao que no te dabas cuenta

Hoy no queda casi nadie de los de antes
y los que hay han cambiado,
han cambiado, ¡Sí!
Pues lo normal. Nos vamos a pasar 20 años en la cabaña escuchando tus canciones, ¡no te digo! ¡Y encima sin cambiar! ¿Y tú eras el progre?

Pero bueno, ¿tú que tal? di
lo mismo hasta tienes críos
¿Qué tal te va con el tío ese?
espero sea divertido
¿Te interesa mi vida, de verdad? El tío ese es mi marido y tenemos una hija preciosa. Ya ves, somos gente convencional

Yo la verdad, como siempre
Ya me extrañaba. Qué rápido se acaban las preguntas. Tú lo has dicho, "Como siempre". Eres muy cansino.

Sigo currando en lo mismo
A ver* estudiado... Tantas citas de autores, tantas palabras y al final...

la música no me cansa
pero me encuentro vacío
Deberías hacértelo mirar.

Bueno pues ya me despido
Menos mal

Si te mola me contestas,
espero que mis palabras,
desordenen tu conciencia.
Lo llevas claro...

Pues nada chica, lo dicho
hasta pronto si nos vemos
yo sigo con mis canciones
Eso, eso...

Y tú sigue con tus sueños.
Ahí vamos. Hala, a cascarla

Y para finalizar, dejar claro que no hay animadversión ninguna por mi parte. Al contrario. Guardo un gran respeto a la banda. Y esta canción, en concreto, me gustaba mucho... Como a tantos. Pero cambié y me emancipé de mi vida en tiempos del Turmo. Y para colmo... llegó Kiss FM. Salud!



*Aunque de un modo bastante soterrado, ella, 'La Chata', quiere jugar con el verbo Ver (por todo lo visionario que creía ser su amigo el de las cartas) para darle una tregua a todo el Haber que pesa sobre él; y que es, precisamente, a lo que ella se refiere cuando le recomienda que se lo mire. ¡Gracias Rosa!

Comentarios

isa ha dicho que…
JAJAJAJAJAJA, buenísimo!!. Gracias por este regalo de canción.

Me quedo con ese "nos vamos a pasar 20 años en la cabaña escuchando tus canciones, ¡no te digo! ¡Y encima sin cambiar!, jajaja.

Si tuviera FB y demás lanzaba por ahí este post.
Dani Seseña ha dicho que…
Gracias Isa. Es que cuando uno oye tantas veces una canción pinchada por otro, sufre algo parecido al tratamiento de Álex (para se 'curado') en La Naranja mecánica, que termimas sufriendo náuseas...

Y lo siento de veras, porque insisto en que era una canción que me encantaba.

Imagínate, 20 años después el tio sigue con el mismo tema, y dale con que la burra es parda.... Y los demás ya con sus vidas (no faltas de dificultades propias del mundo adulto) aguantándole.

Ojalá se lo mire. Eso, o que cambien el CD de Kiss FM. Algunos dirán: Pues no pongas esa emisora. Y yo contestaré, es que por defecto está puesta en bares, salas de espera, taxis... y uno, pues no puede ir por ahí diciendo: Por favor, le importaría cambiar de emisora. Así que, de momento, prefiero que la chata conteste a gusto.
Miguel Ángel Pegarz ha dicho que…
El tema que nos ocupa, Man On The Moon y Loosing My Religion de REM, y la mitad de los temazos del momento. Acabo por detestarlos por aburrimiento.
La Zapateta ha dicho que…
Has hecho un gran favor a la humanidad con este post. NO volveremos a escuchar la canción igual. Es más, no la escucharé jamás. Queda contestada.

Entradas populares de este blog

El Cerrojo

Abrí para pedir un café, pero una mirada (que vale 1.000 vocablos) me cerró la puerta. Esperé a que pestañeara, pero solo un párpado estaba por la labor de ceder. El otro protegía -con todo- el ojo avizor. Saqué una llave en son de paz. Dio un golpe en la mesa como respuesta. Intenté darle mi brazo al torcer. Sacó un as. Yo pinté bastos. “El cerrojo, aunque no lo creas lo llevas tú”, me dijo en tono conclusivo. Cuando miré mis manos para intentar descifrar sus palabras la camarera me sirvió un café. No entendí mucho lo sucedido, y menos cuando me giré hacia la puerta nadie miraba. Solo quedaba la mirilla, hidroalcohol y una propina. 

Idas y venidas por una mala salida

 Viéndolas venir me dieron en toda la cara. Una a una, las idas y venidas de años anteriores (y una del que entra) fueron golpeándome repetidamente hasta que pronuncié la palabra requerida: "Perdón". Las idas reclamaban un sitio concreto al que llegar; las venidas, más dimensiones. La correspondiente a 2021 era ida y estaba algo más perdida. Lo más difícil para mí fue darme cuenta de que tenía la responsabilidad de ubicarlas. Lo supe por una mala salida de otra persona hacia mí. Ésta, la mala salida, me advirtió -poco antes de abofetearme por izquierda y derecha con la mano abierta- de que debía organizarlas. ¿Cómo? pregunté. Viéndolas venir, exclamó. Así que tras pedir disculpas y tomar la firme decisión de implicarme en la búsqueda de lugares y dimensiones, todo empieza. A ver...

La crónica borradora

Borró tres archivos por la mañana, el eje de la crónica que tenía que entregar al día siguiente. Cada uno correspondía a un asunto pendiente. El cúmulo le pesó más que el deseo o la necesidad de resolverlos. Salió a la calle en busca de respuestas aleatorias. La calle -cansada de su rol de eterna transición- contestó con más preguntas. Ella en parte se enteraba de lo que ocurría y en parte lo evitaba. Lo mismo había sucedido con aquellos archivos. Uno fue borrado a conciencia, dos sin querer. O al revés. Nunca lo sabrá con toda certeza. El día anterior se había registrado un breve temblor de tierra. Pocos grados, pero los suficientes para sentir lo fino que es el asfalto y el vértigo de la fragilidad. El movimiento brusco le dejó algo mareada. ¿Qué relación existía entre el miedo a caer al abismo y el borrado -accidental o no- de archivos propios? ¿Había alguna relación? Mientras paseaba sin destino marcado -sintiendo y recuperando la firmeza del suelo con sus nuevas sandalias- e