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Él, ella y la mesilla sin noche

Aquella noche acudió con tantos reproches en los bolsillos que se sentía invulnerable. Llevaba semanas recopilando hechos con sus contextos correspondientes; y cómo no, con decenas de asociaciones de apoyo bajo el brazo. Lo tenía todo para ganar a los puntos el último conflicto con su novia. Acudía al restaurante con la cabeza tan alta que casi podía soplar las nubes de septiembre. Se veía en la piel de un abogado de película que a punto está de ganar el juicio previo al The End.

Ella le esperaba con el rostro relajado y con los párpados dispuestos al diálogo. Él sonreía, ella también. Y cómo son las cosas... Cuando él empezó con su exposición se dio cuenta de que la mirada de ella no era la pared a la que se había enfrentado mientras recopilaba hechos. Y a medida que hablaba, cada vez con menos convicción, se iba dando cuenta de que había olvidado algo importante en ese proceso de búsqueda de reproches. Se había dejado el contraplano en la mesilla sin noche.

Y los hechos, las asociaciones, los reproches y el deseo de 'ganar el caso' quedaron en nada cuando entendió que había borrado las huellas de su responsabilidad. Se había desmarcado del asunto. Pero ella, que no perdió la cara al conflicto, lo comprendió y entendió que él mismo se estaba dando cuenta. Finalmente, el caso quedó sobreseído y firmaron un nuevo tratado a base de tiramisú y buenas intenciones.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Los tristes reproches de la noche, de día, se ven con otra alegría. Nuestra naturaleza periódica, tiene sus lunas y sus soles, sus días y sus noches, su luz y sus tinieblas.
Vicente Pamplinas.

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