Ir al contenido principal

Septiembre en la Plaza de la Pubertad

En la Plaza de la Pubertad Sara y Rosalía discuten sobre "lo mal que está la cosa". Rosalía, más optimista, tiene esperanza en que "la cosa vaya a mejor"; por el contrario Sara se teme que España no tiene salvación. En el extremo un grupo de candidatos a la adolescencia hablan e intercambian mensajes cortos; Lorena le manda uno privado a Fernan y al mismo tiempo comparten las experiencias de verano y ponen a caldo a los "chungos de sus padres".

Manolo Queipo sacude una alfonbrilla de bienvenida cerca de la esquina con la calle Tempestad, mira la tienda de Don Jorge, de chatarra (llena de antigüedades al peso), y se siente impotente al comprobar cómo su ex mujer se ha deshecho de los marcos barrocos que durante una vida envolvieron sus motivos de caza. A pocos metros Martín Pescador acude a la farmacia para intentarlo de nuevo; esta vez probará con el pitillo electrónico en detrimento del mentolado.

Nerea y Agustín guardan cola para intentar hacerse con el nuevo móvil; es la excusa consensuada para hacer un plan más allá de las tardes y seminoches "sin chicha" rodeadas de malas lenguas; como pueden se meten mano para sacar sus mejores deseos.

Y por lo demás... Choni abre su franquicia de perlas de plástico, David se sienta en el Banco 54 a leer poesía gótica a cambio de unos euros, Raimundo sigue intentando afinar su guitarra desatinada, Matías compra el periódico en busca de un coleccionable incoleccionable y Doña Paula, a sus 98 se decide a retomar, y se mete en el metro.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Septiembre y sus comienzos y sus propósitos y sus renuevos. Doña Paula, realista se baja al metro, sabrá ya que los cambios, si los hay, no le alcanzan.

Entradas populares de este blog

El Cerrojo

Abrí para pedir un café, pero una mirada (que vale 1.000 vocablos) me cerró la puerta. Esperé a que pestañeara, pero solo un párpado estaba por la labor de ceder. El otro protegía -con todo- el ojo avizor. Saqué una llave en son de paz. Dio un golpe en la mesa como respuesta. Intenté darle mi brazo al torcer. Sacó un as. Yo pinté bastos. “El cerrojo, aunque no lo creas lo llevas tú”, me dijo en tono conclusivo. Cuando miré mis manos para intentar descifrar sus palabras la camarera me sirvió un café. No entendí mucho lo sucedido, y menos cuando me giré hacia la puerta nadie miraba. Solo quedaba la mirilla, hidroalcohol y una propina. 

Idas y venidas por una mala salida

 Viéndolas venir me dieron en toda la cara. Una a una, las idas y venidas de años anteriores (y una del que entra) fueron golpeándome repetidamente hasta que pronuncié la palabra requerida: "Perdón". Las idas reclamaban un sitio concreto al que llegar; las venidas, más dimensiones. La correspondiente a 2021 era ida y estaba algo más perdida. Lo más difícil para mí fue darme cuenta de que tenía la responsabilidad de ubicarlas. Lo supe por una mala salida de otra persona hacia mí. Ésta, la mala salida, me advirtió -poco antes de abofetearme por izquierda y derecha con la mano abierta- de que debía organizarlas. ¿Cómo? pregunté. Viéndolas venir, exclamó. Así que tras pedir disculpas y tomar la firme decisión de implicarme en la búsqueda de lugares y dimensiones, todo empieza. A ver...

La crónica borradora

Borró tres archivos por la mañana, el eje de la crónica que tenía que entregar al día siguiente. Cada uno correspondía a un asunto pendiente. El cúmulo le pesó más que el deseo o la necesidad de resolverlos. Salió a la calle en busca de respuestas aleatorias. La calle -cansada de su rol de eterna transición- contestó con más preguntas. Ella en parte se enteraba de lo que ocurría y en parte lo evitaba. Lo mismo había sucedido con aquellos archivos. Uno fue borrado a conciencia, dos sin querer. O al revés. Nunca lo sabrá con toda certeza. El día anterior se había registrado un breve temblor de tierra. Pocos grados, pero los suficientes para sentir lo fino que es el asfalto y el vértigo de la fragilidad. El movimiento brusco le dejó algo mareada. ¿Qué relación existía entre el miedo a caer al abismo y el borrado -accidental o no- de archivos propios? ¿Había alguna relación? Mientras paseaba sin destino marcado -sintiendo y recuperando la firmeza del suelo con sus nuevas sandalias- e