Ir al contenido principal

EJERCICIOS DE AUTONOMÍA

Cuando te comes el coco, te dicen que piensas demasiado. Y de pequeño te acojonan con aquello de que viene el coco y te comerá. De adolescente el coco eres tú, y además estás lleno de granos y traumas a punto de caramelo. Cuando llegas a los treinta, sueñas con Supercoco en un intento de reconciliarte con las cosas de niño. Y cerca de los cuarenta intentas hacerte un hueco en lo alto del cocotero para buscar lo local (tu local sin arrendar) en lo global.

El vértigo atenaza, pero he aprendido, gracias a mi 'fisio', que estirando y 'local'izando el origen del agarrotamiento, puedo estirar mucho el músculo. Mucho más de lo que pensabas de adolescente y mucho menos de lo que soñabas de pequeño. Me dice: Sí, te duele la mano, pero el foco está en el hombro... Y seguramente se haya producido por algunos errores al andar. Pero con ejercicios que te mando para que hagas por tu cuenta, ya verás como todo pasa.

Bueno, pues en esas estamos. También me dijo: El dolor no me preocupa, lo que me preocuparía es que no pudieras mover el brazo. El dolor pasa. Y aquí es cuando me tranquilizo en un primer término y me relajo del todo, cuando siendo autónomo con mis ejercicios, redescubro/adapto la sana y controlada tarea de comerme la cabeza sin que el coco me coma, siendo yo o el hombre del saco. ¡A correr!

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Me gusta mucho esta 'Breve historia del coco', en especial el tierno intento de recuperar a supercoco a los 30.

Eso sí, como dijo aquella...una vez subido al cocotero, se recomienda no andarse por las ramas :)
Dani Seseña ha dicho que…
No sé, porque Keith Richards no se... paseó por las ramas y cayó del cocotero http://www.elmundo.es/elmundo/2006/05/08/cultura/1147081572.html Será porque en su edad no hay una definición.
Anónimo ha dicho que…
jaja, se me había olvidado esa historia, directo al suelo de cabeza!.

Podrías hacer un diccionario PF de frases hechas y dobles sentidos. O no, claro, pero yo personalmente lo disfrutaría muchísmo.
Dani Seseña ha dicho que…
Eso sí sería una buena ficción ;)
Candela Guevara ha dicho que…
Es cierto: el dolor pasa; 'no hay mal que cien años dure'... lo importante es no paralizarse por ello, hay que seguir haciendo camino y 'dolor' al andar.
Dani Seseña ha dicho que…
Y las contracturas "del berberecho", también tienen salida. Sobre todo cuando el dolor es compartido.

Entradas populares de este blog

El Cerrojo

Abrí para pedir un café, pero una mirada (que vale 1.000 vocablos) me cerró la puerta. Esperé a que pestañeara, pero solo un párpado estaba por la labor de ceder. El otro protegía -con todo- el ojo avizor. Saqué una llave en son de paz. Dio un golpe en la mesa como respuesta. Intenté darle mi brazo al torcer. Sacó un as. Yo pinté bastos. “El cerrojo, aunque no lo creas lo llevas tú”, me dijo en tono conclusivo. Cuando miré mis manos para intentar descifrar sus palabras la camarera me sirvió un café. No entendí mucho lo sucedido, y menos cuando me giré hacia la puerta nadie miraba. Solo quedaba la mirilla, hidroalcohol y una propina. 

El verbo y el tren coloquial

Estación de Atocha, Madrid. Enero 2016 Esperaba subirse a un verbo que le llevara lejos. Lejos del último adjetivo que le arrastró hasta el reverso del suelo que pisaba. La mente en blanco y un mapa por recomponer, una geografía por reubicar. La frase de su amiga fue letal. Cada letra iba cargada con verdades que ni él mismo había valorado. Las comas, las pausas, los silencios y lo malditos puntos suspensivos quemaban. Así esperaba ese vehículo redentor. Inquieto, teneroso, tembloroso, entusiasta del desaliento, sabedor de sus miserias, conocedor accidental de las verdades que le dan cuerpo a la mente... ...Y en su maleta tan sólo llevaba un verso contagioso que no escribió. Un texto que recibió por azar de un sueño a través de un diálogo que no sabe cómo empezó pero sí adónde le llevaba.  El murmullo del vagón susurraba desde el fondo del plano. Podía oler el reflejo de su escapada. Imaginaba una huída para empezar, no de cero, pero sí desde un quiebro de sí mismo. Enrai

Idas y venidas por una mala salida

 Viéndolas venir me dieron en toda la cara. Una a una, las idas y venidas de años anteriores (y una del que entra) fueron golpeándome repetidamente hasta que pronuncié la palabra requerida: "Perdón". Las idas reclamaban un sitio concreto al que llegar; las venidas, más dimensiones. La correspondiente a 2021 era ida y estaba algo más perdida. Lo más difícil para mí fue darme cuenta de que tenía la responsabilidad de ubicarlas. Lo supe por una mala salida de otra persona hacia mí. Ésta, la mala salida, me advirtió -poco antes de abofetearme por izquierda y derecha con la mano abierta- de que debía organizarlas. ¿Cómo? pregunté. Viéndolas venir, exclamó. Así que tras pedir disculpas y tomar la firme decisión de implicarme en la búsqueda de lugares y dimensiones, todo empieza. A ver...