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REFLEXIONANDO

De dónde vienes, papá. Vengo de la plaza. Pero es que llevas todo el día ahí. Lo sé hijo, lo extraño es que tú ni te hayas pasado. Es que estoy muy liado. Te entiendo. No lo dices muy convencido. No, no te voy a engañar. Suéltalo, papá. No, hijo, tú mismo... ¿A dónde vas ahora? A la plaza. ¿Y esas barras de pan? Es para todos. ¿Qué pasa, que ahora te crees Jesucristo? Con esa barbita y esos panes, sólo te faltan los peces y un milagro para ir servido. Te perdono...

Padre e hijo rompen a reír. El hijo se ducha, se viste y se van juntos. Una escena similar, se ha producido en el portal de al lado. En plena reflexión, muchos han decidido reflexionar. Otros no. Y otros intentan entender algunos pros y tantos contras de hacerlo. Y muchos más no pueden ni siquiera, porque sólo piensan en sellar un papel que les permita cobrar un dinerillo para seguir intentándolo (dicho en su sentido general, que es muy particular en el fondo).

Cerca, un camarero indignado cuelga este cartel (foto del muro de Pedro Luis Encabo), donde demuestra el mangoneo del cambio a Euro. Un poco más lejos, un conservador se hace progre mientras discute con un progre que se ha hecho rico. A unos pasos un periodista con los pies en el cielo busca consuelo en el regazo de los comentarios de sus fans. En la vuelta de la esquina, una joven estudiante de derecho esquiva las balas de sus dudas. En el metro, un tipo comenta que paradójicamente la plaza está más limpia que de costumbre. Y en Sevilla, se adapta la penita pena a los tiempos que corren...

Y al final del barrio, junto al banco 54, alguien cansado de que le tomen el pelo, dice que se va a... tomar un poco el Sol.

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Apenas estaba digiriendo una información -con alta carga de valor- cuando un tuit la bajó de golpe muro abajo. Intenté seguirla, pero no paraba de caer al foso; y durante el imparable descenso iba olvidando el cuerpo de la noticia que me había llamado la atención. Finalmente renuncié y volví a lo más alto del muro de nuevo, con la esperanza de leer algo interesante, entonces un hilo que sostenía al texto en extinción entró en escena. Intenté seguirlo pero poco duró su vigencia. Una vez más la gravedad de las redes sociales impuso su fuerza.  El volumen de la ansiedad de la masa social por publicar, por ser viral, por conseguir apoyo de followers, ¡por ser!, por estar, por pintar, pesa y ocupa tanto que la palabra apenas puede sostenerse. De hecho acabo de perder el hilo que me trajo hasta este texto. ¿Habré incorporado la misma gravedad y procesado de ideas? Es posible, porque ya se me está haciendo largo y empiezo a sentir ansiedad por publicarlo y que funcione por sí solo. Pesa

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