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ME SIGUE Y NO ES UN FOLLOWER

Por Santi Anónimo
Aún no lo tengo claro, pero creo que alguien me sigue. Soy un anónimo sin ánimo de lucro, sin ambiciones ni amigos en Twitter ni fuera de la red. Por no tener no me tengo ni a mí de mi lado, ni en pie tan siquiera. Pero alguien me sigue, y no sé qué quiere. Es una sombra, parece de mujer, pero sólo eso... parece. En algún momento me he girado para sorprenderla; mi gozo en pozo sin fondo. Nadie a mi espalda.

Si eres tú y lees estas líneas, te ruego que te definas, que me llames para que me gire y te presentes ante mí. Sé que puedo relacionarme aunque no lo creas. Sé que puedo estar de acuerdo conmigo mismo si es preciso. No tengo claro dónde puedo acabar después, pero sé que si hablamos saldría de mi anonimato. Rompería los muros de mi prisión. Sólo te pido que me hables. Oigo tus pasos. Es más, ya no siento los míos y mi sombra me ha dejado. Sólo me queda la tuya.

Espero que Periodismo Ficción me abra la pasarela a una realidad en la que necesito entrar. No puedo más. Estoy harto de este anonimato que no me deja respirar ni lucrarme. He visitado la consulta del antenista, he hablado con Casimiro, con Martínez y hasta con su asesino. Me he pegado con Duldián y me he compadecido de Rodolfo, el barrendero pistacho... Ahora sólo me queda esperar a rehabilitarme con tus pasos. Soy un anónimo sin ánimo de lucro.

Comentarios

Juana ha dicho que…
Te presto mi sombra, la parte que quieras, te dejo escoger, o si quieres la podemos compartir o, repartir o, seguir .... hablé con Casimiro en mis sueños sin dueño, pero no conseguí entenderlo del todo, tal vez debamos hacernos todos sinónimos ....

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El Cerrojo

Abrí para pedir un café, pero una mirada (que vale 1.000 vocablos) me cerró la puerta. Esperé a que pestañeara, pero solo un párpado estaba por la labor de ceder. El otro protegía -con todo- el ojo avizor. Saqué una llave en son de paz. Dio un golpe en la mesa como respuesta. Intenté darle mi brazo al torcer. Sacó un as. Yo pinté bastos. “El cerrojo, aunque no lo creas lo llevas tú”, me dijo en tono conclusivo. Cuando miré mis manos para intentar descifrar sus palabras la camarera me sirvió un café. No entendí mucho lo sucedido, y menos cuando me giré hacia la puerta nadie miraba. Solo quedaba la mirilla, hidroalcohol y una propina. 

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