Ir al contenido principal

EXCUSA TÁCTIL, VENA Y MECHAS

Estaba tecleándose las mechas cuando entró su compañera de piso por las venas; nunca lo hacía por la puerta por ser, dice, una entrada para obvios y pusilánimes. A María le repatea que Lucía actúe así, pero es incapaz de hacérselo entender. Lucía se mueve muy bien como pez en el agua a través de la sangre. Lucía Gore, la llama María Dorada. Sólo te pido que respetes este momento, mis mechas son, no sólo un camino adornado de rubio al interior o a mi exterior; son una manera de elegir.

Cuando da con la tecla adecuada se peina en la buena dirección de las raíces. Pero si una vena de paso se convierte en el paso de su amiga y rival, las raíces incluso, parecen resquebrajarse. Ambas viven juntas porque quieren aunque no quieran. Ambas conviven en el mismo espacio porque no saben vivir de otra forma; y seguramente no quieren ver que hay otra forma. El porqué lo desconozco.

Ese es el juego de la vida. Me muevo por tus venas y tú alteras mi sistema nervioso, María. Yo sé que no me lo dices, pero me llega a través de tus descargas invisibles. María no contesta porque está pendiente de su teclado, conectado inexorablemente a las mechas. Lucía sale para quitarse de en medio. Busca una excusa táctil por la que apartarse de la angustia que le produce la indiferencia de María. Entonces se conecta a su tableta y desaparece por la aplicación que no había venido. Una vena por la que escapar y nadar hasta salir a flote.

Comentarios

grp ha dicho que…
Me he enredado un poco con las mechas, he de reconocer.

Pero tras una descarga invisible creo que he dado con la salida de esta entrada. La obvia, no te creas.

Vamos, que voy por la puerta :)
dsesena ha dicho que…
Yo aún no entiendo la contradicción de estas dos enredadas... Pero es 'obvio' que tienen tantas razones como venas por el cuerpo. Investigaremos.

Entradas populares de este blog

Murió en lugar de la palabra

El cadáver aún tenía mucho que decir, pero no había nadie al alcance a través del cual poder expresar... Se mordía la lengua con los últimos suspiros. Las ideas que nunca sublimaron se desvanecían. La sonrisa se iba transformando en relieve, el rock en adagio y el mito en una frase por decir. Los músculos ocultaban poemas escondidos entre líneas. La rabia y el sosiego tonteaban. Quería expresar, usar su codo izquierdo para hablar lo que no estaba dicho.
...El telón caía y el público tenía un pie en la cena. Y él, como cadáver, perdía su peso como actor. Se acababa el tiempo entre vivos por mucha palabra que tuviera pendiente. Su identidad era ya lo de menos; de la pausa pasaba al corredor del olvido. Nadie estaba pendiente de él. Lo que no expusiera en ese momento se desintegraría con él para siempre. Hasta pronto, hasta nunca. El tiempo seguía su curso y no parecía hallarse ningún traductor de cadáveres por su causa en la escena.
Estaba muerto y además, muerto de miedo. Acojonado po…

Las palabras se las lleva Twitter

Apenas estaba digiriendo una información -con alta carga de valor- cuando un tuit la bajó de golpe muro abajo. Intenté seguirla, pero no paraba de caer al foso; y durante el imparable descenso iba olvidando el cuerpo de la noticia que me había llamado la atención. Finalmente renuncié y volví a lo más alto del muro de nuevo, con la esperanza de leer algo interesante, entonces un hilo que sostenía al texto en extinción entró en escena. Intenté seguirlo pero poco duró su vigencia. Una vez más la gravedad de las redes sociales impuso su fuerza. 
El volumen de la ansiedad de la masa social por publicar, por ser viral, por conseguir apoyo de followers, ¡por ser!, por estar, por pintar, pesa y ocupa tanto que la palabra apenas puede sostenerse. De hecho acabo de perder el hilo que me trajo hasta este texto. ¿Habré incorporado la misma gravedad y procesado de ideas? Es posible, porque ya se me está haciendo largo y empiezo a sentir ansiedad por publicarlo y que funcione por sí solo. Pesa. ¿Qu…

Entrada nueva

Pulsó en "Entrada nueva" para escribir su próximo post, se abrió una puerta y subió a una sala donde le esperaba parte de sí mismo. Allí, para el bien y el sentido común, había montada una mesa llena de aperitivos soñados, vino en prosa y recortes de historias que nunca han sido contadas. Se sentía relajado, cómplice de la ironía que le hacía cosquillas entre una oreja y la palabra; como aquella vez que olvidó su contraseña y tuvo que aceptarse fuera de su perfil. Era una especie de resignación y victoria a la vez. Una batalla ganada a la necesidad de "tener que". Una sonrisa no forzosa acompañaba mejor al vino que corría por su garganta. Era la alegría de saber y de saberse. Y todo esto ocurría gracias a la decisión de salir de aquella entrada que nunca llevaba a nada y que aparentaba dar acceso a todo. 
En aquella sala también había un árbol y un mapa. Eran una misma cosa. Unidos por un link de invierno que llevó su sentido al verano. Él dialogó con muchos de lo…