Ir al contenido principal

EXTERIORIZADA AUTORIDAD INTERNA

"Desde que me metí en mi mismo, no he parado de rechazar una salida digna". Pero finalmente, Romano Sindía, salió de cuentas y parió un trozo personal con el que se sentía a gusto. Lo suficiente como para empezar a escuchar. Una porción con sabor a resquemor individual por aquello de sentir que la reprimenda no venía de una autoridad externa, sino de la suya propia.

Habían pasado 4 días y una hora desde que entró en coma interior. Cuatro días y una hora paseando por algo parecido a la cueva por la que el maestro Yoda obliga a pasar a Luke Skywalker en su transición hacia el olimpo de los Jedi. Pero en este caso no se encontró ante la peor versión de sí mismo con cara de Darth Vader, no. Lo que vio fue la única versión. Un espejo sin escapatoria y con las funciones de un viejo VHS le resumió en 4 días y una hora, y en imágenes sin sonido ni músicas, el sinsentido de su vida.

Y como Álex, tras pasar por semejante experimento, Romano volvió al exterior con nauseas, pero agarrado con todas sus fuerzas a esa porción (que no de pizza) de sí mismo. Seguramente, la única que podía llevarle a vivir su vida, con algo parecido al sentido común. Sin embargo, sus vecinos, amigos, desconocidos, cura, charcutera y parientes secundarios no dan un euro por él. Ellos son los que me cuentan la versión de los hechos. Todos habitan en el bloque 6º de la calle Cueva. Y concluyen en su email (firmado por la Comunidad/Autoridad externa): "Aquí, quien entra en sí mismo, no sale del bloque".

Comentarios

Entradas populares de este blog

El Cerrojo

Abrí para pedir un café, pero una mirada (que vale 1.000 vocablos) me cerró la puerta. Esperé a que pestañeara, pero solo un párpado estaba por la labor de ceder. El otro protegía -con todo- el ojo avizor. Saqué una llave en son de paz. Dio un golpe en la mesa como respuesta. Intenté darle mi brazo al torcer. Sacó un as. Yo pinté bastos. “El cerrojo, aunque no lo creas lo llevas tú”, me dijo en tono conclusivo. Cuando miré mis manos para intentar descifrar sus palabras la camarera me sirvió un café. No entendí mucho lo sucedido, y menos cuando me giré hacia la puerta nadie miraba. Solo quedaba la mirilla, hidroalcohol y una propina. 

Idas y venidas por una mala salida

 Viéndolas venir me dieron en toda la cara. Una a una, las idas y venidas de años anteriores (y una del que entra) fueron golpeándome repetidamente hasta que pronuncié la palabra requerida: "Perdón". Las idas reclamaban un sitio concreto al que llegar; las venidas, más dimensiones. La correspondiente a 2021 era ida y estaba algo más perdida. Lo más difícil para mí fue darme cuenta de que tenía la responsabilidad de ubicarlas. Lo supe por una mala salida de otra persona hacia mí. Ésta, la mala salida, me advirtió -poco antes de abofetearme por izquierda y derecha con la mano abierta- de que debía organizarlas. ¿Cómo? pregunté. Viéndolas venir, exclamó. Así que tras pedir disculpas y tomar la firme decisión de implicarme en la búsqueda de lugares y dimensiones, todo empieza. A ver...

Las palabras se las lleva Twitter

Apenas estaba digiriendo una información -con alta carga de valor- cuando un tuit la bajó de golpe muro abajo. Intenté seguirla, pero no paraba de caer al foso; y durante el imparable descenso iba olvidando el cuerpo de la noticia que me había llamado la atención. Finalmente renuncié y volví a lo más alto del muro de nuevo, con la esperanza de leer algo interesante, entonces un hilo que sostenía al texto en extinción entró en escena. Intenté seguirlo pero poco duró su vigencia. Una vez más la gravedad de las redes sociales impuso su fuerza.  El volumen de la ansiedad de la masa social por publicar, por ser viral, por conseguir apoyo de followers, ¡por ser!, por estar, por pintar, pesa y ocupa tanto que la palabra apenas puede sostenerse. De hecho acabo de perder el hilo que me trajo hasta este texto. ¿Habré incorporado la misma gravedad y procesado de ideas? Es posible, porque ya se me está haciendo largo y empiezo a sentir ansiedad por publicarlo y que funcione por sí solo. Pesa