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¡HASTA SIEMPRE MAESTRO ZAMORA!

No es noticia, tampoco lo era cuando vivía... Siempre a la sombra, en segundo plano. Pero la clase de sus notas de bajo llenaban el sonido de Los Rodríguez. Hablo de Daniel Zamora, PATO para los amigos. Después de su muerte (29 de noviembre, 2007), Andrés Calamaro y más compañeros le han dedicado un rincón en la Red para que nadie se olvide del genial Zamora.

He tardado meses en escribir este post porque, la verdad, no sabía cómo cogerlo. Hasta que esta mañana he descubierto la web de amigos de PATO.

Yo fui uno de esos que no se perdían un concierto de Los Rodríguez. Me hacía mis propias camisetas. No me gustaban las que vendían en los puestos a las puertas de cada recital. Y mi ídolo era Daniel Zamora. Por qué, porque yo también fui bajista en su día. Malo, pero lo intentaba. Mi infancia estuvo marcada por Tequila y claro, aquellos Rodríguez rescataron un sonido que parecía desaparecido.

Tuve la oportunidad de conocer a PATO cuando estuve de redactor jefe en el extinto diario digital alternativo La Corriente Alterna. Me llamó al teléfono de la reacción para ofrecerse como colaborador. Quedamos en el bar de abajo (El Entxebre). Antes de verle la cara no podía imaginar que era él, el mismo al que idolatraba años atrás y al mismo al que trataba de dar la mano al finalizar cada concierto.

Cuando nos saludamos en persona le confesé que fui fan suyo. Se rió, y pronto cambió de tema. Parecía que no quería hablar mucho de aquella etapa. "Vivo prácticamente en la indigencia", me dijo. "Qué le vamos hacer, trato de hacerme camino como... poeta gráfico", reveló. Me enseñó sus viñetas una a una. Eran chistes corrosivos, irónicos y muy inteligentes sobre la actualidad de entonces. A saber: la guerra de Irak, Telefónica, el Prestige...

Estuvimos un buen rato hablando. Al final, retomamos el tema Rodríguez. Seguramente vio en mis ojos a un adolescente entre el público saltando para alcanzar un premio: su saludo personalizado. Me cayó de puta madre. Era rápido, culto, creativo, delirante, desternillante... Muy ingenioso.

Cuando nos despedimos, me subí con los dibujos a la redacción a enseñárselos inmediatamente a mi jefe. También le llamaron la atención, pero las circunstancias económicas de La Corriente Alterna no eran las más favorables para contar con un colaborador más. De hecho cerraríamos meses más tarde. Llamé a Daniel días después para decirle que lo sentía, pero que no podríamos incluir sus viñetas en el diario, pero que siguiéramos en contacto. No volví a saber nada de él.

Pero siempre me acordaré de su poesía incomprendida. ¡Salud!
Hasta siempre, maestro.

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