Ir al contenido principal

ESPAÑA SE ROMPE EN EL AUTOBÚS

Me cuenta una amiga que el otro día iba con su suegra y su hija en el autobús al Corte Inglés de Goya (Madrid). Muy cerca de ella, una pasajera habla sola y en alto sobre... política y tiempos preconstitucionales. Protesta por lo sinvergüenza que es Zapatero, por lo asquerosa que es la inmigración, por que España se rompe… Reivindica la figura de Franco, de Primo, de Millán Astray, Serrano Súñer y Cía. Un circo, vamos.
En un momento dado, pisa sin querer a un joven pasajero que estaba sentado. Amablemente éste no duda en advertir amablemente a la señora de que le está haciendo daño en su pie derecho. Ofendida sigue a lo suyo y enfoca su discurso hacia el chico. “Qué mal está el país”, “Todo es culpa de esta porquería de gobierno”, “ZP nos va a hundir”. El joven pasajero le dice que él sólo le pedía que no le pisara más.
De pronto otra viajera se levanta y ruega sin amabilidad a la señora que se calle de una vez. Antes de que termine la petición, un señor surge del fondo del autobús, se acerca al enclave del conflicto y grita: “Yo soy el marido”... Todo apuntaba a que allí se iba a organizar una buena tangana.
Nada más lejos de la realidad. El mismo marido, en idéntico tono que su mujer, se dirige al público para enunciar lo siguiente: ¡Ustedes la están aguantando un ratito, yo la tengo que aguantar todos los días! Mi amiga y sus acompañantes se miraron aliviadas. La señora, ofendida, asegura que se va a hablar con la conductora convencida de que escucharía su discurso. Pero a medida que ve venir a "nuestra protagonista" por el retrovisor interior, frena el autobús y a ella se dirige enfervorecida: ¡Mire señora o se baja o se calla!; por este orden. Usted verá. Espontáneamente, el respetable comenzó a aplaudir.

Esta historia está basada en un hecho real... muy reciente.
*La fotografía nada tiene que ver con la historia, la encontré buscando en Google bajo el motor de búsqueda: "señora grita". Lo prometo.

Comentarios

Dani Seseña ha dicho que…
Lo es, lo es. Gracias por leer el post y comentar. Haré lo propio con tu blog, que por cierto es muy interesante.
@miloscastro ha dicho que…
Te diré.. en el trabajo, en la calle. Se hace difícil completar un bonito día. Y encima las posturas instransigentes y radicales suelen alcanzar su objetivo hastiando a los demás.
SALU2
Anónimo ha dicho que…
Joder, cómo me hubiese gustado presenciar semejante circo. Me encantan estas cosas, es lo que veo de bueno de vivir en Madrid. La gente pensará que estoy loco, pero me hubiese dejado cortar un dedo por estar, grabarlo y publicarlo.

Saludos Dani y enhorabuena por el trabajo que haces en Cámara Abierta.

Un saludo.
Dani Seseña ha dicho que…
Muchas gracias, Pau. A mí también me hubiera encantado presenciar en vivo esta película.
Un saludo

Entradas populares de este blog

El Cerrojo

Abrí para pedir un café, pero una mirada (que vale 1.000 vocablos) me cerró la puerta. Esperé a que pestañeara, pero solo un párpado estaba por la labor de ceder. El otro protegía -con todo- el ojo avizor. Saqué una llave en son de paz. Dio un golpe en la mesa como respuesta. Intenté darle mi brazo al torcer. Sacó un as. Yo pinté bastos. “El cerrojo, aunque no lo creas lo llevas tú”, me dijo en tono conclusivo. Cuando miré mis manos para intentar descifrar sus palabras la camarera me sirvió un café. No entendí mucho lo sucedido, y menos cuando me giré hacia la puerta nadie miraba. Solo quedaba la mirilla, hidroalcohol y una propina. 

Idas y venidas por una mala salida

 Viéndolas venir me dieron en toda la cara. Una a una, las idas y venidas de años anteriores (y una del que entra) fueron golpeándome repetidamente hasta que pronuncié la palabra requerida: "Perdón". Las idas reclamaban un sitio concreto al que llegar; las venidas, más dimensiones. La correspondiente a 2021 era ida y estaba algo más perdida. Lo más difícil para mí fue darme cuenta de que tenía la responsabilidad de ubicarlas. Lo supe por una mala salida de otra persona hacia mí. Ésta, la mala salida, me advirtió -poco antes de abofetearme por izquierda y derecha con la mano abierta- de que debía organizarlas. ¿Cómo? pregunté. Viéndolas venir, exclamó. Así que tras pedir disculpas y tomar la firme decisión de implicarme en la búsqueda de lugares y dimensiones, todo empieza. A ver...

Las palabras se las lleva Twitter

Apenas estaba digiriendo una información -con alta carga de valor- cuando un tuit la bajó de golpe muro abajo. Intenté seguirla, pero no paraba de caer al foso; y durante el imparable descenso iba olvidando el cuerpo de la noticia que me había llamado la atención. Finalmente renuncié y volví a lo más alto del muro de nuevo, con la esperanza de leer algo interesante, entonces un hilo que sostenía al texto en extinción entró en escena. Intenté seguirlo pero poco duró su vigencia. Una vez más la gravedad de las redes sociales impuso su fuerza.  El volumen de la ansiedad de la masa social por publicar, por ser viral, por conseguir apoyo de followers, ¡por ser!, por estar, por pintar, pesa y ocupa tanto que la palabra apenas puede sostenerse. De hecho acabo de perder el hilo que me trajo hasta este texto. ¿Habré incorporado la misma gravedad y procesado de ideas? Es posible, porque ya se me está haciendo largo y empiezo a sentir ansiedad por publicarlo y que funcione por sí solo. Pesa