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DALE A REC, TÚ RUEDAS

¿Cuántas historias se pueden contar en un minuto, dos, tres o cinco? Muchísimas. Sólo hay que coger el metro, el autobús, un taxi o poner la oreja en la cola de la charcutería para darte cuenta de la cantidad de ‘cuentos’ cotidianos que nos rodean... Y por supuesto, si agudizamos el oído y lo enfocamos a nuestro fuero interno, seguro que nos encontramos con más películas.

Segunda cuestión
: ¿Quién no tiene una miniDV o una cámara digital que grabe vídeo con una resolución más que digna? Casi nadie, y a quien no tenga, se la dejamos.

Siguiente asunto: ¿Te atreves a grabar tu historia, la de tu vecino o la de un amigo indignado por alguna injusticia... y/o feliz por alguna circunstancia?

Desenlace: dale a rec y otorga sentido a una historia en formato ‘periodismo ciudadano’, en Cámara Abierta 2.0 lo estrenamos. Es cierto, no se trata de sacar lo que sea, como puede ocurrir en Youtube donde te encuentras vídeos geniales y otros completamente nefastos; pedimos algo un poco más elaborado, no tanto en forma como en contenido.

Envíanoslo a www.rtve.es/camaraabierta, o escríbenos a camara.abierta@rtve.es si tienes algún problema para subirlo a la web.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Hola:

Es muy interesante que a una televisión le interesen nuestro contenidos. Tengo un corto documental y te lo quiero mandar. Porque no sólo va a ser coñas en el Youtube, hay tantas cosas que guardamos en el cajón y nos pueden servir. ¿Me puedes dar la dirección postal del programa?
Anónimo ha dicho que…
Hola, somos Cámara Abierta 2.0. Podéis enviar tus videos, cortos documentales y documentales a :

Nuria Verde
Cámara Abierta 2.0.
Torrespaña
c/Alcalde Sainz de Baranda 92
Madrid 28007
Fran Invernoz ha dicho que…
Una propuesta interesante, aunque todavía no tengo nada inteligente para mostrar.

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El Cerrojo

Abrí para pedir un café, pero una mirada (que vale 1.000 vocablos) me cerró la puerta. Esperé a que pestañeara, pero solo un párpado estaba por la labor de ceder. El otro protegía -con todo- el ojo avizor. Saqué una llave en son de paz. Dio un golpe en la mesa como respuesta. Intenté darle mi brazo al torcer. Sacó un as. Yo pinté bastos. “El cerrojo, aunque no lo creas lo llevas tú”, me dijo en tono conclusivo. Cuando miré mis manos para intentar descifrar sus palabras la camarera me sirvió un café. No entendí mucho lo sucedido, y menos cuando me giré hacia la puerta nadie miraba. Solo quedaba la mirilla, hidroalcohol y una propina. 

Idas y venidas por una mala salida

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