Ir al contenido principal

POR SU GLANDE HAN PASADO PRIMER MINISTRO Y LÍDER DE LA OPOSICIÓN

Ante noticias como ésta, lo juro, no sé cómo reaccionar... Se llama Tim Patch, también conocido como PRICASSO y pinta con el pene. Tal cual, como suena. En un principio exhibía sus obras en ferias del sexo, pero con dos cojones (perdón por el chiste fácil), ahora ha dado el salto y se presenta al Archibald de Australia, el premio de retratos más importante del país. La popularidad, de todos modos, le ha llegado por retratar con su... pincel al primer ministro australiano John Howard, y al líder de la oposición Kim Beazley.
Extrapolemos ahora: ¿Se imaginan un glande perfilando el rostro de Rajoy? ¿O el de Zapatero?...
Volvamos al tema del arte. Me indigna, me entra la risa, me enternece, me cabrea, me da rabia... Bueno, sin ánimo de ofender: ¿Pero el arte no consiste en eso? Es decir en provocar... ¿Estimular reflexiones? Me lo pregunto a mí mismo y comparto el interrogante con quien lo desee. Francamente, no soy un entendido de arte, me gusta y voy a exposiciones cada vez que puedo, poco más; y el sentimiento que más se manifiesta es que este tío es un gañán y encima se ‘sobrellama’ Pricasso. Me mosquea. El caso es, al fin y al cabo, que pintar con la el prepucio tiene dificultad, no sé, nunca lo he intentado, pero no debe de ser sencillo... Y más aún dar sentido y profundidad al dibujo que te sale de la polla (perdón de nuevo).

Su web, www.penileart.com/ no tiene desperdicio. Ya me diréis... O no.

Comentarios

Entradas populares de este blog

El Cerrojo

Abrí para pedir un café, pero una mirada (que vale 1.000 vocablos) me cerró la puerta. Esperé a que pestañeara, pero solo un párpado estaba por la labor de ceder. El otro protegía -con todo- el ojo avizor. Saqué una llave en son de paz. Dio un golpe en la mesa como respuesta. Intenté darle mi brazo al torcer. Sacó un as. Yo pinté bastos. “El cerrojo, aunque no lo creas lo llevas tú”, me dijo en tono conclusivo. Cuando miré mis manos para intentar descifrar sus palabras la camarera me sirvió un café. No entendí mucho lo sucedido, y menos cuando me giré hacia la puerta nadie miraba. Solo quedaba la mirilla, hidroalcohol y una propina. 

El verbo y el tren coloquial

Estación de Atocha, Madrid. Enero 2016 Esperaba subirse a un verbo que le llevara lejos. Lejos del último adjetivo que le arrastró hasta el reverso del suelo que pisaba. La mente en blanco y un mapa por recomponer, una geografía por reubicar. La frase de su amiga fue letal. Cada letra iba cargada con verdades que ni él mismo había valorado. Las comas, las pausas, los silencios y lo malditos puntos suspensivos quemaban. Así esperaba ese vehículo redentor. Inquieto, teneroso, tembloroso, entusiasta del desaliento, sabedor de sus miserias, conocedor accidental de las verdades que le dan cuerpo a la mente... ...Y en su maleta tan sólo llevaba un verso contagioso que no escribió. Un texto que recibió por azar de un sueño a través de un diálogo que no sabe cómo empezó pero sí adónde le llevaba.  El murmullo del vagón susurraba desde el fondo del plano. Podía oler el reflejo de su escapada. Imaginaba una huída para empezar, no de cero, pero sí desde un quiebro de sí mismo. Enrai

Idas y venidas por una mala salida

 Viéndolas venir me dieron en toda la cara. Una a una, las idas y venidas de años anteriores (y una del que entra) fueron golpeándome repetidamente hasta que pronuncié la palabra requerida: "Perdón". Las idas reclamaban un sitio concreto al que llegar; las venidas, más dimensiones. La correspondiente a 2021 era ida y estaba algo más perdida. Lo más difícil para mí fue darme cuenta de que tenía la responsabilidad de ubicarlas. Lo supe por una mala salida de otra persona hacia mí. Ésta, la mala salida, me advirtió -poco antes de abofetearme por izquierda y derecha con la mano abierta- de que debía organizarlas. ¿Cómo? pregunté. Viéndolas venir, exclamó. Así que tras pedir disculpas y tomar la firme decisión de implicarme en la búsqueda de lugares y dimensiones, todo empieza. A ver...