Ir al contenido principal

EL VENDEDOR DE SINOPSIS

Me recordó a aquella escena de El Marido de la peluquera (Patrice Leconte, 1990) en el que el padre le pregunta al hijo qué quiere ser de mayor, a lo que contesta "Marido de una peluquera" y el padre, sin mediar palabra, le suelta una de esas bofetadas que llegan hasta la fila de los mancos. En este caso, en mitad de un paso de peatones, un amigo venido a más le pregunta a otro (con rostro sereno) ¿Qué vas a hacer? Ya lo hago, soy vendedor de sinopsis.

¿Os imagináis escuchar eso en mitad de un cruce? Yo iba a lo mío, pero no pude meterme en lo suyo. ¡Un vendedor de sinopsis! Si hubiera sido un mecenas, un inversor de esos que tiene recursos hasta debajo de las uñas o entre los adoquines del patio interior de su casa, le habría contratado en el momento como personaje para Periodismo Ficción. Hubiera sido un contrato fijo, por supuesto. Nada de obras ni WCs.

Pero ni soy empresario, ni ese cruce duraría eternamente como para seguir escuchando el resto del diálogo. Así que me quedo con la esencia de una profesión que al menos oficialmente no existe; a no ser que sea un eufemismo irónico (y no menos cínico) del clásico negro que vende barata su obra a base de escribir para los otros.

Comentarios

Miguel Ángel Pegarz ha dicho que…
Poder puedes contratarlo, pero sería en plan autónomo que necesita ayuda, que no creo que sea el caso :-).
Además, primero tiene que pasar el periodo de pruebas, a ver si luego va a ser como los guionistas de culebrones, que parecen sacado por un programa, todos son iguales.
Juana ha dicho que…
Pues no es mal oficio ese, lo mismo es uno que se gana la vida en Twitter, tuiteando "todo" en 140 carácteres ....
isa ha dicho que…
Cuando un amigo venido a más te pregunta que qué vas a hacer, qué menos que contestarle que ya lo has hecho.

Me gusta su estilo, aunque lo exploten otros.

Entradas populares de este blog

Salidas emergentes, manos que pintaron

Madrid, agosto, primero. Metro poco vacío. Algunos/as quedamos entre líneas, ‘peatoneando’ entre contenidos y olas de calor. Y en medio, esa crónica que asoma cuando otras son arrancadas de su espacio. Los pasillos narran de cuajo. Palabras, avisos y sentidos se unen en direcciones contrapuestas para mostrarse a un público que mira de reojo...
...O en contraplanos que son poco dados a la exhibición explícita, porque prefieren las historias bajo relieve visto. Unas manos que escenifican un gesto, una actitud de relajación tensa. Es lo único que queda de un contexto que pasó a mejor brida; atado a la superposición de tramas, ideas y decisiones.  Una sonrisa de salida que no permite encontrar la entrada.

Y quienes miramos sentimos un calor frío que recorre el objetivo de la cámara antes disparar. Luego llega la captura, la descarga de resultados y emociones en bandeja de salida. Y al final del recorrido, intentamos reconciliarnos con la lógica caótica de fotografiar con un teléfono que…

Murió en lugar de la palabra

El cadáver aún tenía mucho que decir, pero no había nadie al alcance a través del cual poder expresar... Se mordía la lengua con los últimos suspiros. Las ideas que nunca sublimaron se desvanecían. La sonrisa se iba transformando en relieve, el rock en adagio y el mito en una frase por decir. Los músculos ocultaban poemas escondidos entre líneas. La rabia y el sosiego tonteaban. Quería expresar, usar su codo izquierdo para hablar lo que no estaba dicho.
...El telón caía y el público tenía un pie en la cena. Y él, como cadáver, perdía su peso como actor. Se acababa el tiempo entre vivos por mucha palabra que tuviera pendiente. Su identidad era ya lo de menos; de la pausa pasaba al corredor del olvido. Nadie estaba pendiente de él. Lo que no expusiera en ese momento se desintegraría con él para siempre. Hasta pronto, hasta nunca. El tiempo seguía su curso y no parecía hallarse ningún traductor de cadáveres por su causa en la escena.
Estaba muerto y además, muerto de miedo. Acojonado po…

La crónica borradora

Borró tres archivos por la mañana, el eje de la crónica que tenía que entregar al día siguiente. Cada uno correspondía a un asunto pendiente. El cúmulo le pesó más que el deseo o la necesidad de resolverlos. Salió a la calle en busca de respuestas aleatorias. La calle -cansada de su rol de eterna transición- contestó con más preguntas. Ella en parte se enteraba de lo que ocurría y en parte lo evitaba. Lo mismo había sucedido con aquellos archivos. Uno fue borrado a conciencia, dos sin querer. O al revés. Nunca lo sabrá con toda certeza.

El día anterior se había registrado un breve temblor de tierra. Pocos grados, pero los suficientes para sentir lo fino que es el asfalto y el vértigo de la fragilidad. El movimiento brusco le dejó algo mareada. ¿Qué relación existía entre el miedo a caer al abismo y el borrado -accidental o no- de archivos propios? ¿Había alguna relación? Mientras paseaba sin destino marcado -sintiendo y recuperando la firmeza del suelo con sus nuevas sandalias- el co…