Ir al contenido principal

EL REGISTRO RASPUTÍN

Lo que viene a continuación es una etiqueta perdida, que adjunta Héctor Trasiego a su mesa desplegada con las intenciones compradas... Intención "R" de 6 de febrero de 2001. Julio Flamenco:

No me ha quedado más remedio que inscribirme en el Registro Rasputín.... Desde ahora tendré más cuidado con las cosas que no digo. Duermo mirando al Norte para no perderme en sueños, que me provoca mucha acidez por la mañana.

En el Registro Rasputín todo pasa, previo pago. Purgas, sales para adentro para subir hacia abajo y decir lo que quedó en el medio. Es caro, pero el atajo que se te abre ahorra palabras, aunque tengas que buscar las olvidadas. Factura ideas preconcebidas y otorga recibos firmados por tu puño y letra pequeña. Aquí no vale callar.

Otra opción es convertir en gas todo aquello que no llega a verbo; lo que pasa es que a medio plazo sufres unos tirones y retortijones de escándalo. No merece la pena. Tampoco es conveniente girar la cabeza para el lado opuesto al 'otro lado', haciendo que miras para el lado bueno... Porque al ser mentira, te lo comes y acabas dilatando juanetes en el cerebro, y eso sí que jode. Por lo tanto, firmo y me registro.

Comentarios

Juana ha dicho que…
No se con exactitud porque, pero he recordado eso de "¿acaso calla el rio cuando baja por el cauce?" hay veces que no vale callar, hay que mirar dode nunca miras, para ve lo que nunca ves, sin girar la cabeza .... firmado y registrado queda .... o no, depende ....
isa ha dicho que…
Cuando lo he leído tenía prisa y me he ido sin comentar, aún no sé si con más risa o más grima por la ocurrencia de los juanetes cerebrales.

Y me gusta muchísimo eso de 'tener cuidado con las cosas que no se dicen'.

Interesante Trasiego la verdad.

Entradas populares de este blog

El Cerrojo

Abrí para pedir un café, pero una mirada (que vale 1.000 vocablos) me cerró la puerta. Esperé a que pestañeara, pero solo un párpado estaba por la labor de ceder. El otro protegía -con todo- el ojo avizor. Saqué una llave en son de paz. Dio un golpe en la mesa como respuesta. Intenté darle mi brazo al torcer. Sacó un as. Yo pinté bastos. “El cerrojo, aunque no lo creas lo llevas tú”, me dijo en tono conclusivo. Cuando miré mis manos para intentar descifrar sus palabras la camarera me sirvió un café. No entendí mucho lo sucedido, y menos cuando me giré hacia la puerta nadie miraba. Solo quedaba la mirilla, hidroalcohol y una propina. 

Idas y venidas por una mala salida

 Viéndolas venir me dieron en toda la cara. Una a una, las idas y venidas de años anteriores (y una del que entra) fueron golpeándome repetidamente hasta que pronuncié la palabra requerida: "Perdón". Las idas reclamaban un sitio concreto al que llegar; las venidas, más dimensiones. La correspondiente a 2021 era ida y estaba algo más perdida. Lo más difícil para mí fue darme cuenta de que tenía la responsabilidad de ubicarlas. Lo supe por una mala salida de otra persona hacia mí. Ésta, la mala salida, me advirtió -poco antes de abofetearme por izquierda y derecha con la mano abierta- de que debía organizarlas. ¿Cómo? pregunté. Viéndolas venir, exclamó. Así que tras pedir disculpas y tomar la firme decisión de implicarme en la búsqueda de lugares y dimensiones, todo empieza. A ver...

La crónica borradora

Borró tres archivos por la mañana, el eje de la crónica que tenía que entregar al día siguiente. Cada uno correspondía a un asunto pendiente. El cúmulo le pesó más que el deseo o la necesidad de resolverlos. Salió a la calle en busca de respuestas aleatorias. La calle -cansada de su rol de eterna transición- contestó con más preguntas. Ella en parte se enteraba de lo que ocurría y en parte lo evitaba. Lo mismo había sucedido con aquellos archivos. Uno fue borrado a conciencia, dos sin querer. O al revés. Nunca lo sabrá con toda certeza. El día anterior se había registrado un breve temblor de tierra. Pocos grados, pero los suficientes para sentir lo fino que es el asfalto y el vértigo de la fragilidad. El movimiento brusco le dejó algo mareada. ¿Qué relación existía entre el miedo a caer al abismo y el borrado -accidental o no- de archivos propios? ¿Había alguna relación? Mientras paseaba sin destino marcado -sintiendo y recuperando la firmeza del suelo con sus nuevas sandalias- e