Ir al contenido principal

SALVEMOS EL TORNILLO

Esta mañana me he encontrado una tuerca en el suelo. No es una tuerca cualquiera. Más grande de lo habitual, con un lado más de lo convencional, un nombre propio tallado en la base de la rosca (Filemón Materio) y cálida en toda su dimensión, marca la diferencia. No conozco a ningún Filemón Materio, no me suena del barrio. Por otra parte no sé qué hacer, no me gusta que alguien vaya por ahí sin su tuerca de serie.

Anoche el Madrid ganó la Copa del Rey y ésta cayó al suelo. Me pregunto si mi hallazgo estará relacionado. No lo creo, según veo en el vídeo, el SAMUR con mucho mimo recogió todas las piezas. Un sintecho -que de momento no ha sido retirado del barrio- observó toda la celebración y me comenta emocionado el gesto de Protección Civil de Madrid de auxiliar la preciada Copa. Se le caen las lágrimas mientras narra su crónica. Todo su equipaje está calado (ha llovido a mares), veo los dedos de sus pies a través de las zapatillas rotas, pero su camiseta del Madrid conserva su blanco nuclear, como los dientes de los famosos... Se despide de mí con un orgulloso ¡Hala Madrid!

Él no es Filemón. Aprieto la mano y me aferro al tornillo hallado. Si tres miembros de Protección Civil luchan por salvar la vida a una copa de metal, ¿por qué no me voy a quedar yo con mi trozo de cordura de hierro?

Comentarios

Dani Seseña ha dicho que…
Conste que iba con el Madrid. Sí, como suena. Jugadores como Casillas, Xabi Alonso, DiMaría, Marcelo, Adebayor, Özil lo han hecho posible.
Anónimo ha dicho que…
Se confirma que me producen tanta ternura los zapatos viejos como los zapatos viejos y sin puntera, que pronto sólo serán visibles en mendigódromos soñados por algunos.

Yo no soltaría ese trocito de cordura metálica, no!.

Entradas populares de este blog

El Cerrojo

Abrí para pedir un café, pero una mirada (que vale 1.000 vocablos) me cerró la puerta. Esperé a que pestañeara, pero solo un párpado estaba por la labor de ceder. El otro protegía -con todo- el ojo avizor. Saqué una llave en son de paz. Dio un golpe en la mesa como respuesta. Intenté darle mi brazo al torcer. Sacó un as. Yo pinté bastos. “El cerrojo, aunque no lo creas lo llevas tú”, me dijo en tono conclusivo. Cuando miré mis manos para intentar descifrar sus palabras la camarera me sirvió un café. No entendí mucho lo sucedido, y menos cuando me giré hacia la puerta nadie miraba. Solo quedaba la mirilla, hidroalcohol y una propina. 

La crónica borradora

Borró tres archivos por la mañana, el eje de la crónica que tenía que entregar al día siguiente. Cada uno correspondía a un asunto pendiente. El cúmulo le pesó más que el deseo o la necesidad de resolverlos. Salió a la calle en busca de respuestas aleatorias. La calle -cansada de su rol de eterna transición- contestó con más preguntas. Ella en parte se enteraba de lo que ocurría y en parte lo evitaba. Lo mismo había sucedido con aquellos archivos. Uno fue borrado a conciencia, dos sin querer. O al revés. Nunca lo sabrá con toda certeza. El día anterior se había registrado un breve temblor de tierra. Pocos grados, pero los suficientes para sentir lo fino que es el asfalto y el vértigo de la fragilidad. El movimiento brusco le dejó algo mareada. ¿Qué relación existía entre el miedo a caer al abismo y el borrado -accidental o no- de archivos propios? ¿Había alguna relación? Mientras paseaba sin destino marcado -sintiendo y recuperando la firmeza del suelo con sus nuevas sandalias- e

Idas y venidas por una mala salida

 Viéndolas venir me dieron en toda la cara. Una a una, las idas y venidas de años anteriores (y una del que entra) fueron golpeándome repetidamente hasta que pronuncié la palabra requerida: "Perdón". Las idas reclamaban un sitio concreto al que llegar; las venidas, más dimensiones. La correspondiente a 2021 era ida y estaba algo más perdida. Lo más difícil para mí fue darme cuenta de que tenía la responsabilidad de ubicarlas. Lo supe por una mala salida de otra persona hacia mí. Ésta, la mala salida, me advirtió -poco antes de abofetearme por izquierda y derecha con la mano abierta- de que debía organizarlas. ¿Cómo? pregunté. Viéndolas venir, exclamó. Así que tras pedir disculpas y tomar la firme decisión de implicarme en la búsqueda de lugares y dimensiones, todo empieza. A ver...