Ir al contenido principal

ARRIBA, ABAJO, ADENTRO, palCENTRO

El otro día un amigo me contó un sueño... Me dio permiso para postear con él. Resulta que era invisible y le hacían una entrevista en la Noria (Tele5). El público, animado por un regidor, no para de aplaudir sin que diga nada –nada interesante ni no interesante, simplemente nada-. De pronto pierde la voz y Jordi González -que no era Jordi González sino Gustavo Adolfo Bécquer- le dice: No te preocupes que ya interpreto yo tus gestos. Una de las invitadas, Terelu Campos -que sí era Terelu Campus- se mofa y le suelta: Qué transparente eres, Paco. De pronto, Paco por fin recupera la voz y grita: Soltadme monos de mierda. En ese momento deja de ser invisible y se mimetiza con Charlton Heston, lleva el atuendo de El planeta de los Simios.

Jordi Bécquer se ríe y se sorprende; recibe una instrucción que le llega al pinganillo (ese utensilio que los presentadores se colocan en la oreja para comunicarse con el director del programa)… silencio sepulcral. Gustavo Adolfo González mira a Paco Heston. Bien, dice, paramos unos segundos, tenemos que ir a publi. Paco se levanta, le desaparece medio cuerpo y amenaza con irse si meten anuncios...
...Se vuelve a hacer el silencio. Jordi –que sigue sin ser Jordi- recibe nuevas instrucciones. Muy rápido invita a Paco a sentarse. Seguimos, luego retomaremos los consejos publicitarios. Dinos, Paco ¿Cómo te sientes? Apunta Terelu: Como un gilipollas. Responde Paco: bueno, no exactamente, me siento como un mono de feria en cuerpo ajeno.

Cambia de escenario. Ahora Paco es Chanquete y se sienta en otro plató… el de Ana Rosa Quintana. Pero no vemos a la presentadora, sino a Imperio Argentina que le despide -como si llevara una hora de entrevista-: Te deseamos toda la suerte en Génova. Gracias, dice PacoChanquete, pero lo único que quiero es conservar la Dorada… Imperio no le escucha y pide al público un fuerte aplauso para él...

...Se hace el silencio, la imagen se congela y vemos a un Risto Mejide en 3D que surge de entre los aplausos. Se levanta y le dice a Paco: eres una decepción, un desgraciado, un tolai, mira cómo ha acabado Pancho (con una foto de éste en la mano, pero el rostro es el de Ángel Acebes) por tu culpa. PachoChanquete se lamenta, se levanta ante Risto, que ahora tiene el aspecto de Aznar y replica: ¡Mi nombre es Mariano Rajoy, tú mataste a mi padre, prepárate a morir! Y lo repite una y otra vez, hasta que al final Aznar -y sus once dedos- tropieza, cae al suelo y se fulmina como los vampiros cuando les da el sol.

Después de este último plano, mi amigo que no se llama Paco sino Ernesto, se despertó y se fue corriendo al banco a pagar la Renta. Creo que le sale a devolver. Si esto es un sueño real, que venga Freud y se lo haga mirar... Y después, que me lo cuente por favor.

Comentarios

Entradas populares de este blog

El Cerrojo

Abrí para pedir un café, pero una mirada (que vale 1.000 vocablos) me cerró la puerta. Esperé a que pestañeara, pero solo un párpado estaba por la labor de ceder. El otro protegía -con todo- el ojo avizor. Saqué una llave en son de paz. Dio un golpe en la mesa como respuesta. Intenté darle mi brazo al torcer. Sacó un as. Yo pinté bastos. “El cerrojo, aunque no lo creas lo llevas tú”, me dijo en tono conclusivo. Cuando miré mis manos para intentar descifrar sus palabras la camarera me sirvió un café. No entendí mucho lo sucedido, y menos cuando me giré hacia la puerta nadie miraba. Solo quedaba la mirilla, hidroalcohol y una propina. 

La crónica borradora

Borró tres archivos por la mañana, el eje de la crónica que tenía que entregar al día siguiente. Cada uno correspondía a un asunto pendiente. El cúmulo le pesó más que el deseo o la necesidad de resolverlos. Salió a la calle en busca de respuestas aleatorias. La calle -cansada de su rol de eterna transición- contestó con más preguntas. Ella en parte se enteraba de lo que ocurría y en parte lo evitaba. Lo mismo había sucedido con aquellos archivos. Uno fue borrado a conciencia, dos sin querer. O al revés. Nunca lo sabrá con toda certeza. El día anterior se había registrado un breve temblor de tierra. Pocos grados, pero los suficientes para sentir lo fino que es el asfalto y el vértigo de la fragilidad. El movimiento brusco le dejó algo mareada. ¿Qué relación existía entre el miedo a caer al abismo y el borrado -accidental o no- de archivos propios? ¿Había alguna relación? Mientras paseaba sin destino marcado -sintiendo y recuperando la firmeza del suelo con sus nuevas sandalias- e

Idas y venidas por una mala salida

 Viéndolas venir me dieron en toda la cara. Una a una, las idas y venidas de años anteriores (y una del que entra) fueron golpeándome repetidamente hasta que pronuncié la palabra requerida: "Perdón". Las idas reclamaban un sitio concreto al que llegar; las venidas, más dimensiones. La correspondiente a 2021 era ida y estaba algo más perdida. Lo más difícil para mí fue darme cuenta de que tenía la responsabilidad de ubicarlas. Lo supe por una mala salida de otra persona hacia mí. Ésta, la mala salida, me advirtió -poco antes de abofetearme por izquierda y derecha con la mano abierta- de que debía organizarlas. ¿Cómo? pregunté. Viéndolas venir, exclamó. Así que tras pedir disculpas y tomar la firme decisión de implicarme en la búsqueda de lugares y dimensiones, todo empieza. A ver...