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UN CÁNTICO AL NO, ESTE AÑO SÍ

Unos los llaman jugones, otros peleones, yo prefiero llamarlos: corretones. Como aquel postre que se zampaban los pajarracos malos de Cristal Oscuro (Jim Henson, Frank Oz - 1982). Los corretones son dementes, colchoneros (o no), perdedores en potencia –que no fracasados; estos son los que no se mueven y no lo intentan-, contestones, sabedores de nunca ser los primeros, amantes del segundo plano, agitadores de la retaguardia, conformistas o inconformistas en función de las circunstancias, nihilistas, relativistas, tocapelotas, incansables...

...Neuróticos –que no sicóticos-, obsesivos, amantes del vino, de la lucha, a veces un poco broncas, provocadores, pesados, expertos en escapar cuando hay que escapar y prisioneros del compromiso, responsables, originales a veces otras veces previsibles, ingenuos dosificadamente, rápidos si merece la pena, contrarios a las conversaciones vacías pero potenciadores de las mismas cuando no queda más remedio...

El Estu se ha salvado y el Atleti vuelve a la Champions tras 11 años de sequía europea. Enhorabuena y una palmadita a todos los que seguimos cantando al NO que "Este año, SÍ".

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Murió en lugar de la palabra

El cadáver aún tenía mucho que decir, pero no había nadie al alcance a través del cual poder expresar... Se mordía la lengua con los últimos suspiros. Las ideas que nunca sublimaron se desvanecían. La sonrisa se iba transformando en relieve, el rock en adagio y el mito en una frase por decir. Los músculos ocultaban poemas escondidos entre líneas. La rabia y el sosiego tonteaban. Quería expresar, usar su codo izquierdo para hablar lo que no estaba dicho.
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Salidas emergentes, manos que pintaron

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Entrada nueva

Pulsó en "Entrada nueva" para escribir su próximo post, se abrió una puerta y subió a una sala donde le esperaba parte de sí mismo. Allí, para el bien y el sentido común, había montada una mesa llena de aperitivos soñados, vino en prosa y recortes de historias que nunca han sido contadas. Se sentía relajado, cómplice de la ironía que le hacía cosquillas entre una oreja y la palabra; como aquella vez que olvidó su contraseña y tuvo que aceptarse fuera de su perfil. Era una especie de resignación y victoria a la vez. Una batalla ganada a la necesidad de "tener que". Una sonrisa no forzosa acompañaba mejor al vino que corría por su garganta. Era la alegría de saber y de saberse. Y todo esto ocurría gracias a la decisión de salir de aquella entrada que nunca llevaba a nada y que aparentaba dar acceso a todo. 
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