Ir al contenido principal

EL NOMBRE DEL OTRO

Convencido de haber perdido la cartera en la calle entró en la taberna Engaños en la menor y preguntó por ella. Se tomó una cerveza, una aceituna y siguió buscando, porque allí todos miraban para otro lado... Aunque no precisamente al contrario.

Después se conectó, porque había decidido desconectarse desde anoche, y entró en su red social habitual. Allí la encontró, alguien con el 'nombre' de otro había recogido su cartera. La encontró entre dos frases ingeniosas, una chorrada y tres gilipolleces típicas de sus 'followers'.

Estaba intacta, sólo tenía un papel en blanco de más en su interior y un consejo: ¡No te confíes! Le dio las gracias al del nombre de otro, se volvió a desconectar y fue a leer un rato a Engaños en la menor. Puedo verle en estos momentos, está relajado y mirando con lupa el interlineado adjunto al de 'al lado'.

PD.: Se lo dijo un pajarito que no hablaba, por eso dejó de escuchar y empezó a buscar.

Comentarios

Juana ha dicho que…
Engaños en "la" menor .... suena a música .... no es mala idea, te desconectas, te vas a leer y escuchas música .... es entonces cuando dejas de buscar y, encuentras.
dsesena ha dicho que…
No hace falta que entrecomilles el sentido musical. Está acompasado ya ... Ahí está LA cuestión :) Gracias por buscar y encontrarlo, Juana.
Anónimo ha dicho que…
yo, de inclinación natural por los interlineados, me he quedado pensando en eso que no se ve del de 'al lado'. Es que por la taberna ya me pasé el otro día. Y me encantó.

Y pese a la ternura del post de ayer, comento (tarde) que también me entro muuucha risa con esa muerte por caída que no por enfermedad.
dsesena ha dicho que…
Nunca es tarde, lo importante es caer en la menor.

Entradas populares de este blog

Murió en lugar de la palabra

El cadáver aún tenía mucho que decir, pero no había nadie al alcance a través del cual poder expresar... Se mordía la lengua con los últimos suspiros. Las ideas que nunca sublimaron se desvanecían. La sonrisa se iba transformando en relieve, el rock en adagio y el mito en una frase por decir. Los músculos ocultaban poemas escondidos entre líneas. La rabia y el sosiego tonteaban. Quería expresar, usar su codo izquierdo para hablar lo que no estaba dicho.
...El telón caía y el público tenía un pie en la cena. Y él, como cadáver, perdía su peso como actor. Se acababa el tiempo entre vivos por mucha palabra que tuviera pendiente. Su identidad era ya lo de menos; de la pausa pasaba al corredor del olvido. Nadie estaba pendiente de él. Lo que no expusiera en ese momento se desintegraría con él para siempre. Hasta pronto, hasta nunca. El tiempo seguía su curso y no parecía hallarse ningún traductor de cadáveres por su causa en la escena.
Estaba muerto y además, muerto de miedo. Acojonado po…

Salidas emergentes, manos que pintaron

Madrid, agosto, primero. Metro poco vacío. Algunos/as quedamos entre líneas, ‘peatoneando’ entre contenidos y olas de calor. Y en medio, esa crónica que asoma cuando otras son arrancadas de su espacio. Los pasillos narran de cuajo. Palabras, avisos y sentidos se unen en direcciones contrapuestas para mostrarse a un público que mira de reojo...
...O en contraplanos que son poco dados a la exhibición explícita, porque prefieren las historias bajo relieve visto. Unas manos que escenifican un gesto, una actitud de relajación tensa. Es lo único que queda de un contexto que pasó a mejor brida; atado a la superposición de tramas, ideas y decisiones.  Una sonrisa de salida que no permite encontrar la entrada.

Y quienes miramos sentimos un calor frío que recorre el objetivo de la cámara antes disparar. Luego llega la captura, la descarga de resultados y emociones en bandeja de salida. Y al final del recorrido, intentamos reconciliarnos con la lógica caótica de fotografiar con un teléfono que…

Entrada nueva

Pulsó en "Entrada nueva" para escribir su próximo post, se abrió una puerta y subió a una sala donde le esperaba parte de sí mismo. Allí, para el bien y el sentido común, había montada una mesa llena de aperitivos soñados, vino en prosa y recortes de historias que nunca han sido contadas. Se sentía relajado, cómplice de la ironía que le hacía cosquillas entre una oreja y la palabra; como aquella vez que olvidó su contraseña y tuvo que aceptarse fuera de su perfil. Era una especie de resignación y victoria a la vez. Una batalla ganada a la necesidad de "tener que". Una sonrisa no forzosa acompañaba mejor al vino que corría por su garganta. Era la alegría de saber y de saberse. Y todo esto ocurría gracias a la decisión de salir de aquella entrada que nunca llevaba a nada y que aparentaba dar acceso a todo. 
En aquella sala también había un árbol y un mapa. Eran una misma cosa. Unidos por un link de invierno que llevó su sentido al verano. Él dialogó con muchos de lo…