Ir al contenido principal

EL HUECO

En eso estoy desde que lo vi ayer... En el hueco. Hasta entonces yo pensaba que sólo un terapueta tenía la capacidad de ahondar en los vacíos y resquicios ajenos. Pero he entendido que no. Que subimos y bajamos en un ascensor cada día; donde nos cruzamos con gente (compañeros, conocidos, listos en la sombra de los listillos, caraduras, gente maja, personas...). En mitad, a un lado o al otro estamos cada uno con nuestros huecos.

Y en un lugar por ahí, hay otros -que podríamos ser cualquiera- trabajando en esos vacíos, sólo detectados cuando se hacen explícitos, por ejemplo con una controversia propia; porque los huecos no tienen por qué estar vacíos, pueden contener restos... Una avería que avisa de que no queda más narices que colgar el cartel de no hay más remedio que reparar...

Está claro que revisar y reparar son dos verbos estrechamente ligados, pero ¿no convendría abrir un hueco entre ambos para alargar la distancia?

Comentarios

LuisGV ha dicho que…
Esto me recuerda a una historia de Neil Gaiman que transcurre en el Londres moderno y en la cual el peor monstruo, al que todos temen es "el hueco entre coche y anden"... mind the gap!
dsesena ha dicho que…
Es que los huecos acojonan... Pero lo acojonante es que si sabes que tienes muchas posibilidades se 'sufrir' un hueco bajo tus pies, construyas encima un error explosivo.
BMW ha dicho que…
Yo soy bastante de huecos y no tanto de agujeros, que por estos se caen las cosas.

Hay que tener hueco para no ser demasiado compactos y evitar así el exceso de dolor tras un choque. Tener hueco para que las cosas fluyan y se muevan. Además de que el contorno de un hueco dice mucho de lo que hubo, hay y habrá.

Y cómo no, hay que dejar hueco para que quepa la duda.
Anónimo ha dicho que…
La verdad es que hay huecos y huecos. Unos feos y tenebrosos, pero otros..., bellamente adornados y decorados alrededor. A mi estos son los que más me gustan. Quizás porque soy hombre y naci de uno de ellos.
Pero si de ascensores se trata os contaré una historia que me contaron en una ocasión: los ascensores que suben y bajan vacíos, y abren sus puertas sin nadie dentro, los estan utilizando almas que suben y bajan del purgatorio. Si veis alguno que se abre, apartaros y ser amables porque nunca se sabe que alma puede cruzarse en tu camino.
Santiago Bonet ha dicho que…
Pues hablando de otro tipo de huecos, además de los del espacio físico (lugares) los hay en el espacio tiempo (momentos), vamos, ¡cuando tengas un hueco, hablamos".
dsesena ha dicho que…
La duda, lo tenebroso, lo pendiente... El contorno. Está claro que el hueco del hueco campa a sus anchas, sin temor a las estrecheces.

Sigo trabajando en el hueco.
Candela Guevara ha dicho que…
Cuadadito con los 'huecos' que hay algunos que de grandes e insaciables se convierten en 'agujeros negros'
dsesena ha dicho que…
Y ahí están, absorbiendo todo lo que pasa por sus alrededores. Pero bueno, en el caso de caer en ellos... siempre se puede pasar a un estado de mayor consciencia. Y eso es algo que no caerá en saco toro. Ya me entiendes. O no...

Entradas populares de este blog

Murió en lugar de la palabra

El cadáver aún tenía mucho que decir, pero no había nadie al alcance a través del cual poder expresar... Se mordía la lengua con los últimos suspiros. Las ideas que nunca sublimaron se desvanecían. La sonrisa se iba transformando en relieve, el rock en adagio y el mito en una frase por decir. Los músculos ocultaban poemas escondidos entre líneas. La rabia y el sosiego tonteaban. Quería expresar, usar su codo izquierdo para hablar lo que no estaba dicho.
...El telón caía y el público tenía un pie en la cena. Y él, como cadáver, perdía su peso como actor. Se acababa el tiempo entre vivos por mucha palabra que tuviera pendiente. Su identidad era ya lo de menos; de la pausa pasaba al corredor del olvido. Nadie estaba pendiente de él. Lo que no expusiera en ese momento se desintegraría con él para siempre. Hasta pronto, hasta nunca. El tiempo seguía su curso y no parecía hallarse ningún traductor de cadáveres por su causa en la escena.
Estaba muerto y además, muerto de miedo. Acojonado po…

Las palabras se las lleva Twitter

Apenas estaba digiriendo una información -con alta carga de valor- cuando un tuit la bajó de golpe muro abajo. Intenté seguirla, pero no paraba de caer al foso; y durante el imparable descenso iba olvidando el cuerpo de la noticia que me había llamado la atención. Finalmente renuncié y volví a lo más alto del muro de nuevo, con la esperanza de leer algo interesante, entonces un hilo que sostenía al texto en extinción entró en escena. Intenté seguirlo pero poco duró su vigencia. Una vez más la gravedad de las redes sociales impuso su fuerza. 
El volumen de la ansiedad de la masa social por publicar, por ser viral, por conseguir apoyo de followers, ¡por ser!, por estar, por pintar, pesa y ocupa tanto que la palabra apenas puede sostenerse. De hecho acabo de perder el hilo que me trajo hasta este texto. ¿Habré incorporado la misma gravedad y procesado de ideas? Es posible, porque ya se me está haciendo largo y empiezo a sentir ansiedad por publicarlo y que funcione por sí solo. Pesa. ¿Qu…

Entrada nueva

Pulsó en "Entrada nueva" para escribir su próximo post, se abrió una puerta y subió a una sala donde le esperaba parte de sí mismo. Allí, para el bien y el sentido común, había montada una mesa llena de aperitivos soñados, vino en prosa y recortes de historias que nunca han sido contadas. Se sentía relajado, cómplice de la ironía que le hacía cosquillas entre una oreja y la palabra; como aquella vez que olvidó su contraseña y tuvo que aceptarse fuera de su perfil. Era una especie de resignación y victoria a la vez. Una batalla ganada a la necesidad de "tener que". Una sonrisa no forzosa acompañaba mejor al vino que corría por su garganta. Era la alegría de saber y de saberse. Y todo esto ocurría gracias a la decisión de salir de aquella entrada que nunca llevaba a nada y que aparentaba dar acceso a todo. 
En aquella sala también había un árbol y un mapa. Eran una misma cosa. Unidos por un link de invierno que llevó su sentido al verano. Él dialogó con muchos de lo…