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MALDITA LA HORA

No es que me pusieran una multa... No, ya las pagué todas. Entre ellas, la más 'compartida': Prado, 28. Es que sentí pisar una mierda, pero cuando miré al suelo vi otra cosa. Las horas sobre un papel caducado. Símbolo inequívoco de que los minutos, por mucho que pases por encima de ellos, siguen a lo suyo. Sumando enteros.

Me acordé de aquel ¡Pisarlo, pisarlo, pisarlo! ¡Al contrario, pisarlo! De Bilardo. Pero por mucho que me empeñe, él, el tiempo no es ni enemigo, ni colega, ni amante, ni lo contrario. Es inalcanzable, imparable ¡Intocable! Y lo único que puedo hacer es una foto. Así, aunque sea tirando de imaginación... imagino que lo paro con el pie...

Y además con este invento del Instagram (perfecto para yonquis del iPhone y las fotos ocasionales), compartimos lo que capturamos durante esas horas ajenas a nosotros. Lo comentamos, nos reímos a través de comentarios y hacemos más fotos, incluso a otras fotos hechas por la propia ciudad. Algo parecido (eso sí, como aficionado) a lo que 'fotografía' Antonio López con sus manos. ¡Pisarlo, Pisarlo!

Comentarios

Miguel Ángel Pegarz ha dicho que…
Me encantó el concepto. ¡Ojala pudieramos pararlo!, porque yo soy de esos que va a toda prisa detrás de él.

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El Cerrojo

Abrí para pedir un café, pero una mirada (que vale 1.000 vocablos) me cerró la puerta. Esperé a que pestañeara, pero solo un párpado estaba por la labor de ceder. El otro protegía -con todo- el ojo avizor. Saqué una llave en son de paz. Dio un golpe en la mesa como respuesta. Intenté darle mi brazo al torcer. Sacó un as. Yo pinté bastos. “El cerrojo, aunque no lo creas lo llevas tú”, me dijo en tono conclusivo. Cuando miré mis manos para intentar descifrar sus palabras la camarera me sirvió un café. No entendí mucho lo sucedido, y menos cuando me giré hacia la puerta nadie miraba. Solo quedaba la mirilla, hidroalcohol y una propina. 

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