Ir al contenido principal

LA CAPTURADORA Y EL CARACOL

Érase una vez un programa, dentro de una colosal corporación, cuya materia prima consistía en imágenes de internet. Para conseguirlas, el espacio usaba una máquina llamada "capturadora", cuyo mecanismo era muy básico; parecido al ampli de la cadena de música de toda la vida, para entendernos. Sólo había una para toda la casa, antes Ente. No parecía existir problema de uso… hasta que hace muy poco las imágenes de la red comenzaron a ser reclamadas por más programas. ¡Qué extraño! Diréis (o no), dado estos tiempos en los que apenas se usa Youtube y otras webs como fuente de información y contenidos varios (Sí, es ironía). Y claro, un solo aparato para un empresa de miles de trabajadores… Echad cuentas, subrayad la palabra 'cola' de espera y comentadla con vuestro compañero.

Un día, al principio de la existencia del programa, previendo lo que podría pasar, la directora habló con todo aquel susceptible de proporcionar otra máquina capturadora. Removió Roma con Santiago. La respuesta fue clara: "Por supuesto, estamos en ello". Esta frase sigue hoy saliendo por boca de los responsables del invento. El caso es que ningún aparato llega al rincón del friki (apelativo que da nombre a la redacción de Cámara Abierta 2.0).

Pero el momento más genial de la existencia del programa –o uno de los más grandes- llegó el otro día. El productor se acercó al 'rincón'… Entre otros temas trató el asunto de la capturadora. Y exclamó orgulloso: "Pero si vais a tener una exclusivamente para vosotros. Ya está pedida". La directora, que ya andaba calentita con este episodio -y por haber escuchado semejante aseveración millón y medio de veces- hizo una pausa, cogió aire, contó hasta tres; después contestó: "¿Y qué viene, encima de un caracol?". La carcajada fue unánime. Cinismo, sonrisas y lágrimas, desesperación (sin máquina no hay programa) y buen rollo yacían tras la risotada colectiva... Y colorín, colorado, este cuento no se ha acabado…
"Mañana más... cuentos. ¿Quién sabe si alguno con final feliz?".
*"El proceso capturador" (o digitalizador): Consiste en transportar las imágenes que vemos en Internet a un reproductor de vídeo (foto 3) o a un disco duro (preparado para emitir directamente en tv). El aparato que hace posible este trasvase es la famosa -y ya familiar- Capturadora (imagen 1 y 2).

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
No te preocupes, la "capturadora" llegará cuando haya terminado el programa y la archivarán en objetos perdidos. :)
MIS COSAS ha dicho que…
Agradezco tus palabras, la mayor parte de las entradas son lo que me ocupa y preocupa.
Al repasar la prensa diaria, siempre encuentras noticias que te llaman la atención y el tener tiempo, me permite dedicarme a mi blog y es como si hiciera una colección de cromos o lápices.
Doy una vuelta por el tuyo.
Saludos
Carlos
Anónimo ha dicho que…
Hola Daniel, no tiene que ver con el tema de esta entrada pero como no sé dónde escribirlo, dejo aquí unas líneas para..... Felicitarte, felicitaros a todo el equipo. Me acabo de enterar de que Cámara Abierta ha sido galardonado con el premio TECNET 2008 por ser el espacio televisivo que más se ha comprometido con la divulgación científica y tecnológica y, quería daros la enhorabuena por ese merecido premio. Y lo hago vía blog, como debe ser ;)

Y a seguir así! La 2 Noticias y vuestro programa lo mejor de la tele.

Saludos,

Labana

Entradas populares de este blog

El Cerrojo

Abrí para pedir un café, pero una mirada (que vale 1.000 vocablos) me cerró la puerta. Esperé a que pestañeara, pero solo un párpado estaba por la labor de ceder. El otro protegía -con todo- el ojo avizor. Saqué una llave en son de paz. Dio un golpe en la mesa como respuesta. Intenté darle mi brazo al torcer. Sacó un as. Yo pinté bastos. “El cerrojo, aunque no lo creas lo llevas tú”, me dijo en tono conclusivo. Cuando miré mis manos para intentar descifrar sus palabras la camarera me sirvió un café. No entendí mucho lo sucedido, y menos cuando me giré hacia la puerta nadie miraba. Solo quedaba la mirilla, hidroalcohol y una propina. 

La crónica borradora

Borró tres archivos por la mañana, el eje de la crónica que tenía que entregar al día siguiente. Cada uno correspondía a un asunto pendiente. El cúmulo le pesó más que el deseo o la necesidad de resolverlos. Salió a la calle en busca de respuestas aleatorias. La calle -cansada de su rol de eterna transición- contestó con más preguntas. Ella en parte se enteraba de lo que ocurría y en parte lo evitaba. Lo mismo había sucedido con aquellos archivos. Uno fue borrado a conciencia, dos sin querer. O al revés. Nunca lo sabrá con toda certeza. El día anterior se había registrado un breve temblor de tierra. Pocos grados, pero los suficientes para sentir lo fino que es el asfalto y el vértigo de la fragilidad. El movimiento brusco le dejó algo mareada. ¿Qué relación existía entre el miedo a caer al abismo y el borrado -accidental o no- de archivos propios? ¿Había alguna relación? Mientras paseaba sin destino marcado -sintiendo y recuperando la firmeza del suelo con sus nuevas sandalias- e

Idas y venidas por una mala salida

 Viéndolas venir me dieron en toda la cara. Una a una, las idas y venidas de años anteriores (y una del que entra) fueron golpeándome repetidamente hasta que pronuncié la palabra requerida: "Perdón". Las idas reclamaban un sitio concreto al que llegar; las venidas, más dimensiones. La correspondiente a 2021 era ida y estaba algo más perdida. Lo más difícil para mí fue darme cuenta de que tenía la responsabilidad de ubicarlas. Lo supe por una mala salida de otra persona hacia mí. Ésta, la mala salida, me advirtió -poco antes de abofetearme por izquierda y derecha con la mano abierta- de que debía organizarlas. ¿Cómo? pregunté. Viéndolas venir, exclamó. Así que tras pedir disculpas y tomar la firme decisión de implicarme en la búsqueda de lugares y dimensiones, todo empieza. A ver...