Ir al contenido principal

PAPÁ, MAMÁ ¿POR QUÉ SOY DEL ESTU?

“El Estu” anda de capa caída esta temporada. Y como ocurre con el Atleti (aunque la Demencia siga cantando aquello de ni ultras, ni frentes, sólo dementes. Por lo del binomio Atleti – Estu, lo digo)… Uno termina por hacerse mil preguntas que trascienden lo meramente deportivo. Mi padre es del Madrid, mi madre del Barça... Y yo… En fin. ¡Que cómodo hubiera sido hacerme madridista o culé!. Porque parece que los grandes, aunque pierdan, siempre tienen el respaldo-consuelo de la Historia… del ir de sobrados, vamos.

Sabemos de sobra que es en esa maldita, inevitable y necesaria Era de la adolescencia, cuando uno empieza a derribar estructuras familiares, formales e impuestas. Cuando uno revienta la razón, tenga la forma que tenga, para encontrar la fuerza, la caña, el lado poderoso de la vida. Entonces, me pregunto yo: ¿Qué coño me pasó a mí para no dejarme arrastrar por el lado merengue o blaugrana de la vida?

Ahí están y estaban los Ultras Sur o los Boixos Noix sembrando el pánico en cada cancha que pisaban… ¡Hala, y voy yo y me hago de la Demencia con 15 años…! Recuerdo que los Ultras se reían de nosotros, nos pegaban (al menos yo me llevé una buena paliza cerca del Palacio de los Deportes). Nos llamaban rojos, parias… Perdedores. Me cuestiono hoy mirando al pasado: ¡Qué se me había perdido a mí entre seguidores de un equipo condenado a segundas filas con Papá Pitufo como mascota! ¡Qué se me había perdido en una hinchada, que no hacía más que crear cánticos con letras ingeniosas en vez de dar palizas y acojonar a los rivales! ¡Qué se me había perdido a mí en aquel hueco del Magariños con un líder llamado “El Gavioto”!

Es posible que si mi madre no me hubiera castigado sin ir a esquiar por suspender Biología (suponía estreno en el mundo del esquí), o mi padre me hubiera ingresado en el mundo vikingo hoy sería un auténtico gilipollas. No digo que no lo sea, seguro que más de uno piensa que lo soy. Pero sería un gilipollas subidito y comodón que aprovecha lo que se han currado otros para enriquecer mi patrimonio emocional. Conclusión: prefiero ser un gilipollas currito que duerme tranquilo. Ya está, ya me he contestado. Gracias por escuchar. O no.
MI PRIMO, EL ATLETI Y EL SACRIFICIO DE MI HERMANO

Esta entrada se la dedico a mi primo Igancio. Recientemente me ha dicho que se ha hecho socio del Alteti. No pude sentir otra cosa que una mezcla de satisfacción y rabia. Satisfacción, porque el niñato egoista que vive en mí no lo puede evitar; rabia, porque el adulto que soy se da cuenta de lo inconsciente e irresponsable que fui al no medir el poder de la influencia de una figura determinada sobre un niño. Desde que nació -por entonces yo tenía unos 16, mi campaña sobre él fue feroz.
En una ocasión, cuando el Atleti estaba en el infierno, lié a mi hermano Marcos (al que convencí de que pasara del barça para hacerse socio conmigo en el 'Caldereta') en una trama absurda. Era verano, mes de julio, el calor de Madrid inaguantable. Yo estaba currando y mi hermano de vacaciones. Le pedí por favor que fuera él a las oficinas del Atleti a hacer socio a mi primo. Fue, pensando que era un trámite... Pero al contrario, aquel era el último día para solicitar el carnet. Una cola daba la vuelta al Calderón. Decidió esperar un rato. Pero la cosa no avanzaba. Me iba llamando para contarme como iba la cosa. Yo insistía en que aguantara... Mi hermano, que asumió el asunto como propio y que además me quiere muchísmo (es mutuo) se quedó 11 horas ahí. Cuando por fin entró en el campo, apareció un encargado y avisó de que tendrían que esperar a que finalizara el entrenamiento del segundo equipo para entrar en las oficinas. En un principio Marcos se quedó. A los pocos segundos reflexionó, miró el reloj y se marchó.

Con tres años le regalé a mi primo primer "disfraz" colchonero y le cantaba, en lugar de nanas, las soflamas antimadridistas. Paralelamente a su crecimiento, también le hablaba del Ché, de Durruti... Creo que siempre, con humor y fuera de extremismos. Afortunadamente, él que es muy listo, ha ido rompiendo y elaborando su propio mapa emocional. Y aunque es atlético hasta la médula y creo que bastante rojete, sabe romper clichés y dejar de lado los prejuicios para seguir creciendo. Estudia Psicología y es un crack. De hecho, uno de sus mejores amigos es un "activista" ex ultra sur, convertido al lado racional de la vida.

*La foto de la Demencia pertenece a http://vedia.blogsome.com

Comentarios

Entradas populares de este blog

El Cerrojo

Abrí para pedir un café, pero una mirada (que vale 1.000 vocablos) me cerró la puerta. Esperé a que pestañeara, pero solo un párpado estaba por la labor de ceder. El otro protegía -con todo- el ojo avizor. Saqué una llave en son de paz. Dio un golpe en la mesa como respuesta. Intenté darle mi brazo al torcer. Sacó un as. Yo pinté bastos. “El cerrojo, aunque no lo creas lo llevas tú”, me dijo en tono conclusivo. Cuando miré mis manos para intentar descifrar sus palabras la camarera me sirvió un café. No entendí mucho lo sucedido, y menos cuando me giré hacia la puerta nadie miraba. Solo quedaba la mirilla, hidroalcohol y una propina. 

Idas y venidas por una mala salida

 Viéndolas venir me dieron en toda la cara. Una a una, las idas y venidas de años anteriores (y una del que entra) fueron golpeándome repetidamente hasta que pronuncié la palabra requerida: "Perdón". Las idas reclamaban un sitio concreto al que llegar; las venidas, más dimensiones. La correspondiente a 2021 era ida y estaba algo más perdida. Lo más difícil para mí fue darme cuenta de que tenía la responsabilidad de ubicarlas. Lo supe por una mala salida de otra persona hacia mí. Ésta, la mala salida, me advirtió -poco antes de abofetearme por izquierda y derecha con la mano abierta- de que debía organizarlas. ¿Cómo? pregunté. Viéndolas venir, exclamó. Así que tras pedir disculpas y tomar la firme decisión de implicarme en la búsqueda de lugares y dimensiones, todo empieza. A ver...

Las palabras se las lleva Twitter

Apenas estaba digiriendo una información -con alta carga de valor- cuando un tuit la bajó de golpe muro abajo. Intenté seguirla, pero no paraba de caer al foso; y durante el imparable descenso iba olvidando el cuerpo de la noticia que me había llamado la atención. Finalmente renuncié y volví a lo más alto del muro de nuevo, con la esperanza de leer algo interesante, entonces un hilo que sostenía al texto en extinción entró en escena. Intenté seguirlo pero poco duró su vigencia. Una vez más la gravedad de las redes sociales impuso su fuerza.  El volumen de la ansiedad de la masa social por publicar, por ser viral, por conseguir apoyo de followers, ¡por ser!, por estar, por pintar, pesa y ocupa tanto que la palabra apenas puede sostenerse. De hecho acabo de perder el hilo que me trajo hasta este texto. ¿Habré incorporado la misma gravedad y procesado de ideas? Es posible, porque ya se me está haciendo largo y empiezo a sentir ansiedad por publicarlo y que funcione por sí solo. Pesa