Ir al contenido principal

DÉJALO YA

Se le salió la zapatilla minutos antes de que expulsara la dentadura. De ese modo Natalia Parqués supo que tenía que dejar de dejarse. Rezó lo justo, mordió su zanahoria de las 12, tiró de la manta y salió despedida junto con sus maxilares de pega y pon, y su zapatilla. Había comenzado el trazado hacia su activación.

Fea como pocos y pocas, portadora de malas maneras y con una prometedora sonrisa oculta, Parqués se levantó en pie de guerra entonando el son de paz. Se calzó su dentadura especial, se pasó el hilo dental por los dedos de los pies y lavó sus gestos con esmero. Después se desnudó y se miró en uno de los 1.000 espejos que alberga en su castillo. Sintió una ligera náusea, pero se sobrepuso y al segundo vistazo se vio mejor.

Pasada la prueba del espejo solo faltaba la última: Comerse una mazorca en sentido contrario a las agujas del reloj. No la superó, porque vomitó lo que había retenido frente al espejo. Aún así continuó en su empeño de no abandonarse; finalmente se soportó. Ahora sólo le queda la mitad de su vida por delante; con todas las tentaciones de afearse amenazando cada día. Un reto que no es moco de pavo.

*Ilustración: Mademoiselle Tamara dans son fauteuil, Antonio Saura, 1967.
----------

Comentarios

Juana ha dicho que…
Si se activa, vamos bien .... el reto sigue, que no se abandone.
Unknown ha dicho que…
Qué grande Saura.
Y vos también, y vos también...
Miguel Ángel Pegarz ha dicho que…
Mira que cuesta aceptarse a uno mismo como es eh!. Hay que hacer cosas increíbles a veces para conseguirlo. Y eso cuando se consigue.

Entradas populares de este blog

Murió en lugar de la palabra

El cadáver aún tenía mucho que decir, pero no había nadie al alcance a través del cual poder expresar... Se mordía la lengua con los últimos suspiros. Las ideas que nunca sublimaron se desvanecían. La sonrisa se iba transformando en relieve, el rock en adagio y el mito en una frase por decir. Los músculos ocultaban poemas escondidos entre líneas. La rabia y el sosiego tonteaban. Quería expresar, usar su codo izquierdo para hablar lo que no estaba dicho.
...El telón caía y el público tenía un pie en la cena. Y él, como cadáver, perdía su peso como actor. Se acababa el tiempo entre vivos por mucha palabra que tuviera pendiente. Su identidad era ya lo de menos; de la pausa pasaba al corredor del olvido. Nadie estaba pendiente de él. Lo que no expusiera en ese momento se desintegraría con él para siempre. Hasta pronto, hasta nunca. El tiempo seguía su curso y no parecía hallarse ningún traductor de cadáveres por su causa en la escena.
Estaba muerto y además, muerto de miedo. Acojonado po…

Las palabras se las lleva Twitter

Apenas estaba digiriendo una información -con alta carga de valor- cuando un tuit la bajó de golpe muro abajo. Intenté seguirla, pero no paraba de caer al foso; y durante el imparable descenso iba olvidando el cuerpo de la noticia que me había llamado la atención. Finalmente renuncié y volví a lo más alto del muro de nuevo, con la esperanza de leer algo interesante, entonces un hilo que sostenía al texto en extinción entró en escena. Intenté seguirlo pero poco duró su vigencia. Una vez más la gravedad de las redes sociales impuso su fuerza. 
El volumen de la ansiedad de la masa social por publicar, por ser viral, por conseguir apoyo de followers, ¡por ser!, por estar, por pintar, pesa y ocupa tanto que la palabra apenas puede sostenerse. De hecho acabo de perder el hilo que me trajo hasta este texto. ¿Habré incorporado la misma gravedad y procesado de ideas? Es posible, porque ya se me está haciendo largo y empiezo a sentir ansiedad por publicarlo y que funcione por sí solo. Pesa. ¿Qu…

Entrada nueva

Pulsó en "Entrada nueva" para escribir su próximo post, se abrió una puerta y subió a una sala donde le esperaba parte de sí mismo. Allí, para el bien y el sentido común, había montada una mesa llena de aperitivos soñados, vino en prosa y recortes de historias que nunca han sido contadas. Se sentía relajado, cómplice de la ironía que le hacía cosquillas entre una oreja y la palabra; como aquella vez que olvidó su contraseña y tuvo que aceptarse fuera de su perfil. Era una especie de resignación y victoria a la vez. Una batalla ganada a la necesidad de "tener que". Una sonrisa no forzosa acompañaba mejor al vino que corría por su garganta. Era la alegría de saber y de saberse. Y todo esto ocurría gracias a la decisión de salir de aquella entrada que nunca llevaba a nada y que aparentaba dar acceso a todo. 
En aquella sala también había un árbol y un mapa. Eran una misma cosa. Unidos por un link de invierno que llevó su sentido al verano. Él dialogó con muchos de lo…