Ir al contenido principal

...Y EN CONSECUENCIA TOCAMOS

(Viene de Amigo, música y consecuencia)

Tengo que decir, y digo, que el concierto fue muy interesante. Yo no lo sabía; hasta anoche... Actuar en Consecuencia te da un plus (algunos lo llaman 'bonus') de alivio (físico y mental) sólo equiparable a la liberación de ansiedad. Mauro Y., sobre el escenario y yo, en el patio de butacas, repasamos temas y entonamos nuevos. Y poco a poco fuimos haciendo las paces. Nunca hubo guerra, pero sí diferencias.

Uno quería crecer por un lado y el otro prolongar los 30 hasta el límite (el suyo). Pero al final, nos hemos encontrado. Yo quise volver a rebuscar donde nací y él también. Y ese es un punto de encuentro infalible. Porque todos volvemos. Eso sí, unos se quedan y otros encuentran lo que les faltaba y siguen su curso.

Lo que ocurrió anoche es lo que, en Consecuencia, tenía que suceder. Que yo encontré lo que buscaba y él también. Pero él se queda; tiene la música para permanecer donde quería sin que suene incoherente (lo sea o no), a él le vale. Y yo, pues me voy para no volver. Ya tengo la letra de la canción que había perdido con tanto cambio de formato.

¡Bis!

Comentarios

Juana ha dicho que…
Pues al final todos contentos .... ¿contentos? .... mejor si puedes cantarla o relatarla, como prefieras.
copifate ha dicho que…
La secuencia con la que cuentas tu cuento suscita en tus lectores la certeza vaga de la poesía.
(Leer artículo de Juan Gelman en el Babelia del último sábado: un placer.)

Entradas populares de este blog

El Cerrojo

Abrí para pedir un café, pero una mirada (que vale 1.000 vocablos) me cerró la puerta. Esperé a que pestañeara, pero solo un párpado estaba por la labor de ceder. El otro protegía -con todo- el ojo avizor. Saqué una llave en son de paz. Dio un golpe en la mesa como respuesta. Intenté darle mi brazo al torcer. Sacó un as. Yo pinté bastos. “El cerrojo, aunque no lo creas lo llevas tú”, me dijo en tono conclusivo. Cuando miré mis manos para intentar descifrar sus palabras la camarera me sirvió un café. No entendí mucho lo sucedido, y menos cuando me giré hacia la puerta nadie miraba. Solo quedaba la mirilla, hidroalcohol y una propina. 

Idas y venidas por una mala salida

 Viéndolas venir me dieron en toda la cara. Una a una, las idas y venidas de años anteriores (y una del que entra) fueron golpeándome repetidamente hasta que pronuncié la palabra requerida: "Perdón". Las idas reclamaban un sitio concreto al que llegar; las venidas, más dimensiones. La correspondiente a 2021 era ida y estaba algo más perdida. Lo más difícil para mí fue darme cuenta de que tenía la responsabilidad de ubicarlas. Lo supe por una mala salida de otra persona hacia mí. Ésta, la mala salida, me advirtió -poco antes de abofetearme por izquierda y derecha con la mano abierta- de que debía organizarlas. ¿Cómo? pregunté. Viéndolas venir, exclamó. Así que tras pedir disculpas y tomar la firme decisión de implicarme en la búsqueda de lugares y dimensiones, todo empieza. A ver...

Las palabras se las lleva Twitter

Apenas estaba digiriendo una información -con alta carga de valor- cuando un tuit la bajó de golpe muro abajo. Intenté seguirla, pero no paraba de caer al foso; y durante el imparable descenso iba olvidando el cuerpo de la noticia que me había llamado la atención. Finalmente renuncié y volví a lo más alto del muro de nuevo, con la esperanza de leer algo interesante, entonces un hilo que sostenía al texto en extinción entró en escena. Intenté seguirlo pero poco duró su vigencia. Una vez más la gravedad de las redes sociales impuso su fuerza.  El volumen de la ansiedad de la masa social por publicar, por ser viral, por conseguir apoyo de followers, ¡por ser!, por estar, por pintar, pesa y ocupa tanto que la palabra apenas puede sostenerse. De hecho acabo de perder el hilo que me trajo hasta este texto. ¿Habré incorporado la misma gravedad y procesado de ideas? Es posible, porque ya se me está haciendo largo y empiezo a sentir ansiedad por publicarlo y que funcione por sí solo. Pesa