Ir al contenido principal

INSTANTES ANTES... ANÓNIMOS

Empezó a tirar del hilo dental y acabó llegando al conjunto del ovillo, a la trama. Ya no le quedaban dientes ni espacio entre ellos para guardar secretos, sin embargo encontró un resquicio por el que tejer algún motivo de más, qué menos. Lo masticó y al degustarlo se dio de bruces con el suceso que le llevó hasta aquí, el baño del doctor Milton. Suponiéndolo.

Mientras piensa 'sobre' la taza oye su canción favorita: Corta y cambia de los extintos Rh+. Es ahí cuando logra retroceder sobre los pasos no dados y entender por qué necesita tirar de un hilo dental que ha dejado de subyacer. Cuando tira de la cadena, literal, decide dejar de abusar de los dientes y sonreír sin forzar... Consigue superfluar.

Estos textos son la breve descripción de una foto de la muestra Tirados hasta soslayar lo irrefutable. Instantáneas anónimas encontradas en el cuarto oscuro de un famoso dentista e historiador.

Salud!

PD.: La foto no está hecha de imagen, sino de lo contrario; que de momento no sé qué es.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Lo contrario de imagen sería el aura, y de momento, como bien dices, no sale en las fotos.
Fdo.: colaborador
Unknown ha dicho que…
Tienes que dejar el Beronia, Dani.
Abrazo grande.
Silvia MV. ha dicho que…
Lo que no cabe en duda es, que la imagen ha captado el deseo que sentía cuando tiraba del hilo. :)

Entradas populares de este blog

El Cerrojo

Abrí para pedir un café, pero una mirada (que vale 1.000 vocablos) me cerró la puerta. Esperé a que pestañeara, pero solo un párpado estaba por la labor de ceder. El otro protegía -con todo- el ojo avizor. Saqué una llave en son de paz. Dio un golpe en la mesa como respuesta. Intenté darle mi brazo al torcer. Sacó un as. Yo pinté bastos. “El cerrojo, aunque no lo creas lo llevas tú”, me dijo en tono conclusivo. Cuando miré mis manos para intentar descifrar sus palabras la camarera me sirvió un café. No entendí mucho lo sucedido, y menos cuando me giré hacia la puerta nadie miraba. Solo quedaba la mirilla, hidroalcohol y una propina. 

Idas y venidas por una mala salida

 Viéndolas venir me dieron en toda la cara. Una a una, las idas y venidas de años anteriores (y una del que entra) fueron golpeándome repetidamente hasta que pronuncié la palabra requerida: "Perdón". Las idas reclamaban un sitio concreto al que llegar; las venidas, más dimensiones. La correspondiente a 2021 era ida y estaba algo más perdida. Lo más difícil para mí fue darme cuenta de que tenía la responsabilidad de ubicarlas. Lo supe por una mala salida de otra persona hacia mí. Ésta, la mala salida, me advirtió -poco antes de abofetearme por izquierda y derecha con la mano abierta- de que debía organizarlas. ¿Cómo? pregunté. Viéndolas venir, exclamó. Así que tras pedir disculpas y tomar la firme decisión de implicarme en la búsqueda de lugares y dimensiones, todo empieza. A ver...

La crónica borradora

Borró tres archivos por la mañana, el eje de la crónica que tenía que entregar al día siguiente. Cada uno correspondía a un asunto pendiente. El cúmulo le pesó más que el deseo o la necesidad de resolverlos. Salió a la calle en busca de respuestas aleatorias. La calle -cansada de su rol de eterna transición- contestó con más preguntas. Ella en parte se enteraba de lo que ocurría y en parte lo evitaba. Lo mismo había sucedido con aquellos archivos. Uno fue borrado a conciencia, dos sin querer. O al revés. Nunca lo sabrá con toda certeza. El día anterior se había registrado un breve temblor de tierra. Pocos grados, pero los suficientes para sentir lo fino que es el asfalto y el vértigo de la fragilidad. El movimiento brusco le dejó algo mareada. ¿Qué relación existía entre el miedo a caer al abismo y el borrado -accidental o no- de archivos propios? ¿Había alguna relación? Mientras paseaba sin destino marcado -sintiendo y recuperando la firmeza del suelo con sus nuevas sandalias- e