Ir al contenido principal

EL MORBO DE LAS MALAS ARTES

Ha terminado de empezar cuando todo ha acabado. Pero Gus Muchacho disfruta con el desfase. Lo que no sé muy bien es qué es lo que ha comenzado, pero sí sé lo que ha terminado... ha terminado de encajar el peor golpe que se puede recibir en la vida. Un choque orquestado por Beca Zurda, su joven vecina lejana y algo prima también.

El desfase de desincronizarse sin supervitaminalizarse ni propagarse
... El que le lleva a seguir por donde no hay inicio y pausar el desasosiego de un camino sin asfalto ni nada debajo que lo cimente. Muchacho empezó un día, pero al acabar tan pronto se decepcionó con los procesos. Otro día, tratando de dar una oportunidad a la inercia escrita, terminó por donde había empezado y qué pasó; lo peor que podía ocurrir: NADA.

Afortunadamente ha encajado el golpe de Beca, que fue un zurdazo (malmetiendo contra él) en la portería de su edificio. Le costó mucho empezar a terminar de limpiar su nombre, los vecinos temerosos del tiranismo y malas artes de Zurda, decidieron individualmente dar por malo al inocente Gus. Entonces, un día, él pensó que tirando del nudo y pasando de inicios y desenlaces llegaría a destapar la trama envenenada.

Y hablando uno a uno con los vecionos consiguió convencerles de que Beca no existe. Entonces el milagro ocurrió, los vecinos desaparecieron y él se lió con Zurda. Hoy traman y tejen principios y fines sin pensar en los enredados e incómodos nudos.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Después de todo....no queda nada, que al parecer es lo mismo que un zurdazo bien encajado.
Y a los vecinos: las Becas existen, se lo digo yo.
Juana ha dicho que…
A veces los Milagros ocurren, tiras por la "cuerda floja" y resulta ser el camino más seguro y amable.
Las cosas no siempres on lo que parecen ....

Entradas populares de este blog

El Cerrojo

Abrí para pedir un café, pero una mirada (que vale 1.000 vocablos) me cerró la puerta. Esperé a que pestañeara, pero solo un párpado estaba por la labor de ceder. El otro protegía -con todo- el ojo avizor. Saqué una llave en son de paz. Dio un golpe en la mesa como respuesta. Intenté darle mi brazo al torcer. Sacó un as. Yo pinté bastos. “El cerrojo, aunque no lo creas lo llevas tú”, me dijo en tono conclusivo. Cuando miré mis manos para intentar descifrar sus palabras la camarera me sirvió un café. No entendí mucho lo sucedido, y menos cuando me giré hacia la puerta nadie miraba. Solo quedaba la mirilla, hidroalcohol y una propina. 

La crónica borradora

Borró tres archivos por la mañana, el eje de la crónica que tenía que entregar al día siguiente. Cada uno correspondía a un asunto pendiente. El cúmulo le pesó más que el deseo o la necesidad de resolverlos. Salió a la calle en busca de respuestas aleatorias. La calle -cansada de su rol de eterna transición- contestó con más preguntas. Ella en parte se enteraba de lo que ocurría y en parte lo evitaba. Lo mismo había sucedido con aquellos archivos. Uno fue borrado a conciencia, dos sin querer. O al revés. Nunca lo sabrá con toda certeza. El día anterior se había registrado un breve temblor de tierra. Pocos grados, pero los suficientes para sentir lo fino que es el asfalto y el vértigo de la fragilidad. El movimiento brusco le dejó algo mareada. ¿Qué relación existía entre el miedo a caer al abismo y el borrado -accidental o no- de archivos propios? ¿Había alguna relación? Mientras paseaba sin destino marcado -sintiendo y recuperando la firmeza del suelo con sus nuevas sandalias- e

Idas y venidas por una mala salida

 Viéndolas venir me dieron en toda la cara. Una a una, las idas y venidas de años anteriores (y una del que entra) fueron golpeándome repetidamente hasta que pronuncié la palabra requerida: "Perdón". Las idas reclamaban un sitio concreto al que llegar; las venidas, más dimensiones. La correspondiente a 2021 era ida y estaba algo más perdida. Lo más difícil para mí fue darme cuenta de que tenía la responsabilidad de ubicarlas. Lo supe por una mala salida de otra persona hacia mí. Ésta, la mala salida, me advirtió -poco antes de abofetearme por izquierda y derecha con la mano abierta- de que debía organizarlas. ¿Cómo? pregunté. Viéndolas venir, exclamó. Así que tras pedir disculpas y tomar la firme decisión de implicarme en la búsqueda de lugares y dimensiones, todo empieza. A ver...