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NEGOCIOS COOL A TIRO DE BALLESTA

Contra la prostitución, la miseria y el punto lumpen de la Zona Ballesta (Madrid): ¡¡¡Mundo cool!!! Es, dicho de un modo algo cínico, la idea que va a llevar adelante el proyecto Triball Madrid. Si entras en la web te lo cuentan con detalle y los redactores de Soitu.es se han pasado por ahí para rodar este vídeo (pincha aquí).

No es que me dé pereza escribir, sino que no tengo mucho tiempo y aún no estoy puesto en el tema como me gustaría. Por eso creo que es mejor que entréis en el portal y os hagáis un recorrido… Merece la pena. Tienen “canal” propio de TV y claman por la LIBERTAD CREATIVA.

Y es que bajo ese nombre, la Asociación de Comerciantes triBall y “la incubadora de talentos La Maison” reúnen a más de 45 creadores de diferentes disciplinas en torno a las calles más castizas del centro de Madrid para el proyecto. Quieren que sirva de “escaparate y plataforma a las últimas tendencias en moda, complementos, fotografía, instalaciones, juguetes o ilustración de la capital”.

Habrá que seguir el proceso de transformación… De todos modos, yo me pregunto (perdonadme porque es pura especulación): ¿No canta un poco? ¿Qué va a pasar con los comerciantes de siempre? ¿No suena a reparto de tarta entre Ayuntamiento, Amancios Ortegas y/u otras grandes firmas? ¿No son demasiados conceptos jugoso-artístico-modernos revistiendo un movimiento empresarial? ¿No suena demasiado a negociete adordadete? ¿Me faltan preguntas? ¿Seguimos con las privatizaciones?
En fin… Acepto críticas, sugerencias, pistas

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El Cerrojo

Abrí para pedir un café, pero una mirada (que vale 1.000 vocablos) me cerró la puerta. Esperé a que pestañeara, pero solo un párpado estaba por la labor de ceder. El otro protegía -con todo- el ojo avizor. Saqué una llave en son de paz. Dio un golpe en la mesa como respuesta. Intenté darle mi brazo al torcer. Sacó un as. Yo pinté bastos. “El cerrojo, aunque no lo creas lo llevas tú”, me dijo en tono conclusivo. Cuando miré mis manos para intentar descifrar sus palabras la camarera me sirvió un café. No entendí mucho lo sucedido, y menos cuando me giré hacia la puerta nadie miraba. Solo quedaba la mirilla, hidroalcohol y una propina. 

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La crónica borradora

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