Ir al contenido principal

UN SÁBADO DE GOYA, GRAN INFORME

El fin de semana es corto, muy corto. Muchas cosas que hacer, acumuladas durante la semana, llega el sábado-domingo y apenas saboreas sus segundos (sus frames, como dirían los operadores de tv). Muchas exposiciones que ver, muchos libros que leer, más películas almacenadas en el disco duro del DVD y otras tantas en la cartelera; amigos con los que quedar, excursiones por hacer, azulejos que elegir… Bueno, esto para los que nos metemos en reformas al no poder vender y asumir un cambio de casa.

No sé cómo lo conseguimos, pero al final cuando llega el lunes y el martes, algunos logramos arrancar con la sensación de haber aprovechado al máximo el corte de semana. Y así es… Pero no quiero hablar de todo lo que puede llegar a cundir un sábado, sino de esos pequeños momentos que, a priori, apuntan a “tiempos muertos”. Por ejemplo, la noche del sábado. Tras un día intenso de actividad (lectura matutina de periódicos, museos, pavimentos, gimnasios…), llegas por la noche a casa y al finalizar una gustosa (‘desconectante’) cena, tienes muchas opciones para apretar en el mando a distancia… Y lo disfrutas sólo por el hecho de poder saborear ese instante en connivencia con tu sofá y/o sillón.

Sabes de antemano que no vas a encontrar nada en la tele que te guste. En la tele generalista me refiero. Y como lo sabes, lo asumes y como lo asumes, sabes cómo prepararte y disfrutar de lo que hay… Bien con una peli o bien con alguna serie del canal satélite. También puedes coger un libro o bucear por la red, pero en mi caso reconozco que –por el momento- a esas horas suelo decantarme por los contenidos televisivos.

Este sábado, el 12 de abril, me llevé una de esas gratas sorpresas sólo equiparables –se me ocurre ahora mismo- a un Viña Ardanza (uno de mis vinos favoritos). Era pronto y tuve la suerte de dar con Informe Semanal. Beatriz Ariño (periodista y presentadora) daba entrada a su reportaje sobre GOYA, EN TIEMPOS DE GUERRA. Y es que coincidiendo con el bicentenario de la Guerra de la Independencia, el Museo del Prado inaugura hoy 15 de abril una gran exposición sobre Goya en torno a sus dos grandes lienzos sobre 1808, recién restaurados, “La carga de los mamelucos” y “Los fusilamientos del 3 de mayo”.

Si queréis deleitaros con un reportaje de esos en los que se respira cultura, periodismo, sensibilidad, entretenimiento y amor al arte, no os lo perdáis. Y una entrevista como hilo conductor, interesantísima. Manuela Mena (Jefa conservación de la pintura de Goya) nos habla del pintor desde un punto de vista muy ‘fresco’.
Según me ha dicho de pasada la directora del programa Alicia Gómez Montano, dedicaron a la pieza dos semanas de rodaje. Un valor añadido, sobre todo, cuando sabes que lo que se va a emitir no va a superar los 8 minutos… Ya no os cuento lo que vale para los que hacemos Cámara Abierta 2.0, que apenas podemos pasar del minuto y medio para contar algo. Lo que veréis es exclusivo pues (como dice el off nada más empezar) “pocas veces dejan grabar un momento como éste”… Se refiere al traslado de los cuadros de Goya. No digo más... ¡Que lo disfrutéis!

VÍDEO: GOYA, EN TIEMPOS DE GUERRA

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Gracias Daniel por traer a la página de hoy el informe sobre Goya, es totalmente insólito ver ese traslado. Cuando algo interesante se nos escapa resulta estupendo que te lo cuenten pero verlo es mucho mejor. Gracias de nuevo.
Fan nº 1(ó 2)
Anónimo ha dicho que…
Bueno pues ya somos dos los agradecidos a Daniel Seseña por el simpático artículo y el enlace a Informe Semanal.
Y el agradecimiento a Goya, ese genio conmovedor, testigo del final de una era y víctima de las contradicciones de una época que todavía nos marcan.
Por cierto, ¿cuándo van a quitar al crucificado de la mesa, en la que sólo debía estar el libro de la Constitución, en la ceremonia, solemne ceremonia, en la que los miembros de nuestros gobiernos prometen, se comprometen, a cumplir las leyes y guardar secreto de sus deliberaciones?
Esto ni es un pais laico, ni cristo que lo fundó.

Entradas populares de este blog

El Cerrojo

Abrí para pedir un café, pero una mirada (que vale 1.000 vocablos) me cerró la puerta. Esperé a que pestañeara, pero solo un párpado estaba por la labor de ceder. El otro protegía -con todo- el ojo avizor. Saqué una llave en son de paz. Dio un golpe en la mesa como respuesta. Intenté darle mi brazo al torcer. Sacó un as. Yo pinté bastos. “El cerrojo, aunque no lo creas lo llevas tú”, me dijo en tono conclusivo. Cuando miré mis manos para intentar descifrar sus palabras la camarera me sirvió un café. No entendí mucho lo sucedido, y menos cuando me giré hacia la puerta nadie miraba. Solo quedaba la mirilla, hidroalcohol y una propina. 

La crónica borradora

Borró tres archivos por la mañana, el eje de la crónica que tenía que entregar al día siguiente. Cada uno correspondía a un asunto pendiente. El cúmulo le pesó más que el deseo o la necesidad de resolverlos. Salió a la calle en busca de respuestas aleatorias. La calle -cansada de su rol de eterna transición- contestó con más preguntas. Ella en parte se enteraba de lo que ocurría y en parte lo evitaba. Lo mismo había sucedido con aquellos archivos. Uno fue borrado a conciencia, dos sin querer. O al revés. Nunca lo sabrá con toda certeza. El día anterior se había registrado un breve temblor de tierra. Pocos grados, pero los suficientes para sentir lo fino que es el asfalto y el vértigo de la fragilidad. El movimiento brusco le dejó algo mareada. ¿Qué relación existía entre el miedo a caer al abismo y el borrado -accidental o no- de archivos propios? ¿Había alguna relación? Mientras paseaba sin destino marcado -sintiendo y recuperando la firmeza del suelo con sus nuevas sandalias- e

Idas y venidas por una mala salida

 Viéndolas venir me dieron en toda la cara. Una a una, las idas y venidas de años anteriores (y una del que entra) fueron golpeándome repetidamente hasta que pronuncié la palabra requerida: "Perdón". Las idas reclamaban un sitio concreto al que llegar; las venidas, más dimensiones. La correspondiente a 2021 era ida y estaba algo más perdida. Lo más difícil para mí fue darme cuenta de que tenía la responsabilidad de ubicarlas. Lo supe por una mala salida de otra persona hacia mí. Ésta, la mala salida, me advirtió -poco antes de abofetearme por izquierda y derecha con la mano abierta- de que debía organizarlas. ¿Cómo? pregunté. Viéndolas venir, exclamó. Así que tras pedir disculpas y tomar la firme decisión de implicarme en la búsqueda de lugares y dimensiones, todo empieza. A ver...