Ir al contenido principal

LETRA DE PHILIP, ACORDE DE AVISHAI

Estoy completamente metido en la lectura de Zuckerman encadenado, vengo de El Mal de Portnoy; ambos escritos por Philip Roth. Cuando un autor te engancha, es muy difícil soltarlo, así que seguiré sus letras hasta donde me lleve. Y como gran protagonista de sus libros es el cerrado mundo judío; y sus páginas bien podrían sonar a jazz… me viene a la mente un virtuoso, nacido en Israel, que toca el contrabajo con verdadera maestría: Avishai Cohen.

Es un mito vivo -con sus 36 años- entre las minorías jazzeras, conocido entre otras cosas por haber formado banda con Chick Corea; habitual de la Clamores y un heredero de los sonidos de otros dos genios de las “cuatro cuerdas”: Jaco Pastorius y Stanley Clarke.

Con los enlaces que os paso podéis daros un buen homenaje. Si aún no habéis pinchado en ninguno, os recomiendo que empecéis por éste para abrir boca. Se trata de un recital del 14 de junio del año pasado, en el Jazz Café de Costa Rica (país, no la calle tantas veces he mencionado y que nos encontramos por los madriles). Toca Avishai Cohen, Shai Maestro y Mark Guiliana. No perdáis detalle de la mano derecha. Además en su web tienes links interesantes (uno directo a su MySpace) y archivos de sonido para probar antes de ir a la tienda de discos y llevarse alguno de sus álbumes… Aunque también puedes comprarlos a través de su página.

Comentarios

Impresionantes los dos, el contrabajista y el escritor. De Roth a mí me ha impresionado su trilogía la mancha humana, me casé con un comunista y pastoral americana.
Y de contrabajistas, Migus, por supuestoy tambi´´en el bueno de Paul Chambers. Paso a disfrutar de los videos de Avishai, me encanta
Saludos
Anónimo ha dicho que…
Se extiende la mancha roth. Bien!
Anónimo ha dicho que…
Y...a ver si por mi cumple me prestaran pastoral americana. Estaría bien

Entradas populares de este blog

Las palabras se las lleva Twitter

Apenas estaba digiriendo una información -con alta carga de valor- cuando un tuit la bajó de golpe muro abajo. Intenté seguirla, pero no paraba de caer al foso; y durante el imparable descenso iba olvidando el cuerpo de la noticia que me había llamado la atención. Finalmente renuncié y volví a lo más alto del muro de nuevo, con la esperanza de leer algo interesante, entonces un hilo que sostenía al texto en extinción entró en escena. Intenté seguirlo pero poco duró su vigencia. Una vez más la gravedad de las redes sociales impuso su fuerza. 
El volumen de la ansiedad de la masa social por publicar, por ser viral, por conseguir apoyo de followers, ¡por ser!, por estar, por pintar, pesa y ocupa tanto que la palabra apenas puede sostenerse. De hecho acabo de perder el hilo que me trajo hasta este texto. ¿Habré incorporado la misma gravedad y procesado de ideas? Es posible, porque ya se me está haciendo largo y empiezo a sentir ansiedad por publicarlo y que funcione por sí solo. Pesa. ¿Qu…

Murió en lugar de la palabra

El cadáver aún tenía mucho que decir, pero no había nadie al alcance a través del cual poder expresar... Se mordía la lengua con los últimos suspiros. Las ideas que nunca sublimaron se desvanecían. La sonrisa se iba transformando en relieve, el rock en adagio y el mito en una frase por decir. Los músculos ocultaban poemas escondidos entre líneas. La rabia y el sosiego tonteaban. Quería expresar, usar su codo izquierdo para hablar lo que no estaba dicho.
...El telón caía y el público tenía un pie en la cena. Y él, como cadáver, perdía su peso como actor. Se acababa el tiempo entre vivos por mucha palabra que tuviera pendiente. Su identidad era ya lo de menos; de la pausa pasaba al corredor del olvido. Nadie estaba pendiente de él. Lo que no expusiera en ese momento se desintegraría con él para siempre. Hasta pronto, hasta nunca. El tiempo seguía su curso y no parecía hallarse ningún traductor de cadáveres por su causa en la escena.
Estaba muerto y además, muerto de miedo. Acojonado po…

Entrada nueva

Pulsó en "Entrada nueva" para escribir su próximo post, se abrió una puerta y subió a una sala donde le esperaba parte de sí mismo. Allí, para el bien y el sentido común, había montada una mesa llena de aperitivos soñados, vino en prosa y recortes de historias que nunca han sido contadas. Se sentía relajado, cómplice de la ironía que le hacía cosquillas entre una oreja y la palabra; como aquella vez que olvidó su contraseña y tuvo que aceptarse fuera de su perfil. Era una especie de resignación y victoria a la vez. Una batalla ganada a la necesidad de "tener que". Una sonrisa no forzosa acompañaba mejor al vino que corría por su garganta. Era la alegría de saber y de saberse. Y todo esto ocurría gracias a la decisión de salir de aquella entrada que nunca llevaba a nada y que aparentaba dar acceso a todo. 
En aquella sala también había un árbol y un mapa. Eran una misma cosa. Unidos por un link de invierno que llevó su sentido al verano. Él dialogó con muchos de lo…