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LUIS ENRIQUE, DEJA QUE TE EXPLIQUE

¡A "remar" asperezas! Hoy, todo Cristo español sufre en sus carnes lo que se siente al ser del Atleti. ¿Por qué? Porque -como decía Di Stéfano- podemos jugar como nunca y perder como siempre. En otras palabras lo que le pasó a Portugal el otro día... aunque no jugara como nunca. Pero el tener a un grande delante, aunque juegue peor... impone tanto que muy pocos pueden superar esa barrera. Faltaría mucha "dosis Nadal" para darle para el pelo a Italia.


Y ya puestos a sufrir... ¿Os acordáis del ya clásico “¡Joputa! ¡Joputa!” que le dedicó Luis Enrique a Tassoti en aquel mundial…? Como para no acordarse. Aquél robo. Ahora es el momento de resarcirse. Es nuestro momento… No, no es un anuncio de Vodafone, es la vena patriofutbolera que uno no puede evitar sufrir en estos días de pelotas, goles y gambetas eurocopistas. Aquí tenéis una versión diferente de lo sucedido. Claro, que siempre podéis recordar los hecho reales.

También podéis deleitaros, con este vídeo que recoge los mejores momentos de Maradona y Pelé. Y en este blog (Sentimiento Atlético) tenéis además, de una buen arsenal de información rojiblanca, muchos vídeos para recordar… como el España – Malta, la realidad del gol de Marcelino y mucho más.

Y después de esta minidosis… a ver qué pasa esta noche con el “tratado de Italia”.

P.D: Luis Enrique, Los Nikis.

Y... Gooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooool!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
muchas gracias por citar mi blog. Un honor. Me acaban de decir que mi blog ha salido en el programa "Camára Abierta 2.0" en el cual trabajas. Muchísimas gracias.

un fuerte abrazo.

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El Cerrojo

Abrí para pedir un café, pero una mirada (que vale 1.000 vocablos) me cerró la puerta. Esperé a que pestañeara, pero solo un párpado estaba por la labor de ceder. El otro protegía -con todo- el ojo avizor. Saqué una llave en son de paz. Dio un golpe en la mesa como respuesta. Intenté darle mi brazo al torcer. Sacó un as. Yo pinté bastos. “El cerrojo, aunque no lo creas lo llevas tú”, me dijo en tono conclusivo. Cuando miré mis manos para intentar descifrar sus palabras la camarera me sirvió un café. No entendí mucho lo sucedido, y menos cuando me giré hacia la puerta nadie miraba. Solo quedaba la mirilla, hidroalcohol y una propina. 

Idas y venidas por una mala salida

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La crónica borradora

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