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A BLOGUEROS Y AMIGOS, PARTE II

Ya queda menos… así que ir preparando el chiringuito. El 15 de julio cumplimos 100 programas emitidos. Aún estamos dándole vueltas, entre minuto y minuto “libre” (que escasean tanto como parece que empieza a hacerlo el petróleo en el mundo), a completar el especial. Esperamos no defraudar.

La cosa es sencilla, os pedimos que llegado ese día, todos nos prestéis atención. Está claro que la respuesta inmediata fue... intensa. Ahora que nos acercamos os pedimos que si bien no podéis haceros con un audímetro, cameléis a ese amigo-pariente-profesor-alumno-antiguo amigo-exnovio/a-suegro/suegra-colega- que todos tenemos a nuestro lado con audímetro. Sí, hombre, si no es tan difícil. Y es que no habíamos caído en que el 15 de julio COINCIDIMOS CON ¡¡¡la final de OT!!!. Vaya día para hacer un centenar de capítulos… Qué le vamos a hacer. Es lo que hay.

Lo dicho, nos ponemos en vuestras manos y nos encomendamos a las ganas de seguir sintonizando este bendito y público programa, también conocido como Cámara Abierta 2.0. ¡Que Dios reparta audímetros y caigan en manos blogosféricas! Amén... ¡Salud!

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
¡Pues que Dios reparta audímetros que el Espiritusanto no tiene! pero lo verá :-) abrazos

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El Cerrojo

Abrí para pedir un café, pero una mirada (que vale 1.000 vocablos) me cerró la puerta. Esperé a que pestañeara, pero solo un párpado estaba por la labor de ceder. El otro protegía -con todo- el ojo avizor. Saqué una llave en son de paz. Dio un golpe en la mesa como respuesta. Intenté darle mi brazo al torcer. Sacó un as. Yo pinté bastos. “El cerrojo, aunque no lo creas lo llevas tú”, me dijo en tono conclusivo. Cuando miré mis manos para intentar descifrar sus palabras la camarera me sirvió un café. No entendí mucho lo sucedido, y menos cuando me giré hacia la puerta nadie miraba. Solo quedaba la mirilla, hidroalcohol y una propina. 

Idas y venidas por una mala salida

 Viéndolas venir me dieron en toda la cara. Una a una, las idas y venidas de años anteriores (y una del que entra) fueron golpeándome repetidamente hasta que pronuncié la palabra requerida: "Perdón". Las idas reclamaban un sitio concreto al que llegar; las venidas, más dimensiones. La correspondiente a 2021 era ida y estaba algo más perdida. Lo más difícil para mí fue darme cuenta de que tenía la responsabilidad de ubicarlas. Lo supe por una mala salida de otra persona hacia mí. Ésta, la mala salida, me advirtió -poco antes de abofetearme por izquierda y derecha con la mano abierta- de que debía organizarlas. ¿Cómo? pregunté. Viéndolas venir, exclamó. Así que tras pedir disculpas y tomar la firme decisión de implicarme en la búsqueda de lugares y dimensiones, todo empieza. A ver...

La crónica borradora

Borró tres archivos por la mañana, el eje de la crónica que tenía que entregar al día siguiente. Cada uno correspondía a un asunto pendiente. El cúmulo le pesó más que el deseo o la necesidad de resolverlos. Salió a la calle en busca de respuestas aleatorias. La calle -cansada de su rol de eterna transición- contestó con más preguntas. Ella en parte se enteraba de lo que ocurría y en parte lo evitaba. Lo mismo había sucedido con aquellos archivos. Uno fue borrado a conciencia, dos sin querer. O al revés. Nunca lo sabrá con toda certeza. El día anterior se había registrado un breve temblor de tierra. Pocos grados, pero los suficientes para sentir lo fino que es el asfalto y el vértigo de la fragilidad. El movimiento brusco le dejó algo mareada. ¿Qué relación existía entre el miedo a caer al abismo y el borrado -accidental o no- de archivos propios? ¿Había alguna relación? Mientras paseaba sin destino marcado -sintiendo y recuperando la firmeza del suelo con sus nuevas sandalias- e