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EL REY DEL REGGAE NOS VISITA

Se llama Jimmy Cliff, tiene 60 años recién cumplidos y esta noche toca en La Riviera. Un lujo. Fue un peleón en los 60, llevó el espíritu rasta (el auténtico) hasta los rincones más marginetas y perdidos de Jamaica. Se fue a vivir a Londres, pero eso no le impidió seguir escribiendo y componiendo con ironía sobre los temas que más le preocupaban. Su éxito era inapelable… el propio Dylan aseguró que “Vietnam” es “la mejor canción protesta que nunca había oído”.

Yo era bastante pequeño cuando le escuché por primera vez. Lo recuerdo perfectamente: Reggae Night. Años después, me compré en DVD su primera película The Harder They Come. Un filme imprescindible para comprender los orígenes del reggae y las dificultadas que implicaba abrirse un hueco en el mundo de la música.

Y ahora, nos visita. Gracias Mr. Cliff.

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El Cerrojo

Abrí para pedir un café, pero una mirada (que vale 1.000 vocablos) me cerró la puerta. Esperé a que pestañeara, pero solo un párpado estaba por la labor de ceder. El otro protegía -con todo- el ojo avizor. Saqué una llave en son de paz. Dio un golpe en la mesa como respuesta. Intenté darle mi brazo al torcer. Sacó un as. Yo pinté bastos. “El cerrojo, aunque no lo creas lo llevas tú”, me dijo en tono conclusivo. Cuando miré mis manos para intentar descifrar sus palabras la camarera me sirvió un café. No entendí mucho lo sucedido, y menos cuando me giré hacia la puerta nadie miraba. Solo quedaba la mirilla, hidroalcohol y una propina. 

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 Viéndolas venir me dieron en toda la cara. Una a una, las idas y venidas de años anteriores (y una del que entra) fueron golpeándome repetidamente hasta que pronuncié la palabra requerida: "Perdón". Las idas reclamaban un sitio concreto al que llegar; las venidas, más dimensiones. La correspondiente a 2021 era ida y estaba algo más perdida. Lo más difícil para mí fue darme cuenta de que tenía la responsabilidad de ubicarlas. Lo supe por una mala salida de otra persona hacia mí. Ésta, la mala salida, me advirtió -poco antes de abofetearme por izquierda y derecha con la mano abierta- de que debía organizarlas. ¿Cómo? pregunté. Viéndolas venir, exclamó. Así que tras pedir disculpas y tomar la firme decisión de implicarme en la búsqueda de lugares y dimensiones, todo empieza. A ver...

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