Ir al contenido principal

UN DISGUSTO EN MI CONTENEDOR

M@Luisa Tupida Deaquella y Francis Colera Manera nunca soñaron con un final así. Abandonados entre escombros. Han gozado de una vida plena, siempre vijando sin viajar, pero unidos en cada aventura que no fue, unidísimos. Ahora su 600 descapotable ya sin fuelle ni trócola se ha estrellado contra la catarsis mobiliaria de sus dueños. Un contenedor que apenas retiene, sostiene los últimos suspiros de M@Luisa y Francis.

Lo sé, puede que sea un poco cruel hacer le foto y no echarles un cable e/o indultarles, pero en mi casa habrían terminado por autolesionarse. Para vivir con la intensidad con la que lo han hecho hay que darles un sitio no forzado. Yo no puedo. Sin embargo, sé que no han sufrido. Hace unos minutos, en esta "madrugá" de pasiones el camión 'que echa los restos' ha sido certero. Ahora bien, me llevé un disgusto del contenedor, ese objeto inmaterial con brotes de soja y L CaseInmundicias que siempre ocupa un hueco no forzado en nuestras estanterías.

Salud!

Comentarios

copifate ha dicho que…
Se ve que el equipo de comentaristas está viendo procesiones.
Por mi parte y con todo respeto creo que va siendo hora de poner coto al "poder sotánico" (copyright MSB) que invade nuestras calles con sus torturados, sus vírgenes (????) , sus Kukluxclanes, su música militar, todo ello acompañado con militares profesionales y políticos electos que traicionan la aconfesionalidad de las instituciones a las que pertenecen. Y las televisiones diciendo las mismas memeces todos los años. Qué tropa!!!!!
Yo se lo que echaría al contenedor.

Entradas populares de este blog

Murió en lugar de la palabra

El cadáver aún tenía mucho que decir, pero no había nadie al alcance a través del cual poder expresar... Se mordía la lengua con los últimos suspiros. Las ideas que nunca sublimaron se desvanecían. La sonrisa se iba transformando en relieve, el rock en adagio y el mito en una frase por decir. Los músculos ocultaban poemas escondidos entre líneas. La rabia y el sosiego tonteaban. Quería expresar, usar su codo izquierdo para hablar lo que no estaba dicho.
...El telón caía y el público tenía un pie en la cena. Y él, como cadáver, perdía su peso como actor. Se acababa el tiempo entre vivos por mucha palabra que tuviera pendiente. Su identidad era ya lo de menos; de la pausa pasaba al corredor del olvido. Nadie estaba pendiente de él. Lo que no expusiera en ese momento se desintegraría con él para siempre. Hasta pronto, hasta nunca. El tiempo seguía su curso y no parecía hallarse ningún traductor de cadáveres por su causa en la escena.
Estaba muerto y además, muerto de miedo. Acojonado po…

Salidas emergentes, manos que pintaron

Madrid, agosto, primero. Metro poco vacío. Algunos/as quedamos entre líneas, ‘peatoneando’ entre contenidos y olas de calor. Y en medio, esa crónica que asoma cuando otras son arrancadas de su espacio. Los pasillos narran de cuajo. Palabras, avisos y sentidos se unen en direcciones contrapuestas para mostrarse a un público que mira de reojo...
...O en contraplanos que son poco dados a la exhibición explícita, porque prefieren las historias bajo relieve visto. Unas manos que escenifican un gesto, una actitud de relajación tensa. Es lo único que queda de un contexto que pasó a mejor brida; atado a la superposición de tramas, ideas y decisiones.  Una sonrisa de salida que no permite encontrar la entrada.

Y quienes miramos sentimos un calor frío que recorre el objetivo de la cámara antes disparar. Luego llega la captura, la descarga de resultados y emociones en bandeja de salida. Y al final del recorrido, intentamos reconciliarnos con la lógica caótica de fotografiar con un teléfono que…

Entrada nueva

Pulsó en "Entrada nueva" para escribir su próximo post, se abrió una puerta y subió a una sala donde le esperaba parte de sí mismo. Allí, para el bien y el sentido común, había montada una mesa llena de aperitivos soñados, vino en prosa y recortes de historias que nunca han sido contadas. Se sentía relajado, cómplice de la ironía que le hacía cosquillas entre una oreja y la palabra; como aquella vez que olvidó su contraseña y tuvo que aceptarse fuera de su perfil. Era una especie de resignación y victoria a la vez. Una batalla ganada a la necesidad de "tener que". Una sonrisa no forzosa acompañaba mejor al vino que corría por su garganta. Era la alegría de saber y de saberse. Y todo esto ocurría gracias a la decisión de salir de aquella entrada que nunca llevaba a nada y que aparentaba dar acceso a todo. 
En aquella sala también había un árbol y un mapa. Eran una misma cosa. Unidos por un link de invierno que llevó su sentido al verano. Él dialogó con muchos de lo…