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UN PERIODO DE CONTRADICCIONES

Anhela Contradictoria se ha hecho muy amiga de Periodo Entrecilos. Ambos están prejubilados (a los cincuenta y pocos) y se han conocido en el curso/taller de comunicación a pulsiones. Cuando están juntos, por ejemplo mientras se toman un café en el descanso, suele hablar ella de sus problemas con la vecina del 2º: Angustias De Lágrima. La tiene martirizada con sus lamentos diarios y su dependencia soterrada. El gran problema es que cuando De Lágrima siente que le falla… trama una venganza o una campaña de acoso y derribo contra Anhela. Entreciclos ya se conoce toda la historia y su evolución.

Él y Contradictoria
viven en dos mundos casi opuestos, pero algo les une. Ella no parece ni cuestionárselo, aunque es a él al primero que mira nada más entrar en el aula y al último antes de irse; él hace lo mismo y piensa mucho en esta extraña relación. Caminan por callejones y vías diferentes, pero cuando se miran parecen estar navegando en la misma barquichuela.

Esta breve historia me la envía Martín Ensánchez Grueso, alumno de 36 años del taller de comunicación a pulsiones. Le hace gracia y le enternece ver a Entreciclos y a Contradictoria creando su propia urbe de comunicación. No hablan, pero se lo dicen todo con una mueca. Y en sus miradas hay tanta intensidad y complicidad que es difícil de asimilar; o eso parece. Ensánchez Grueso está triste porque ha tenido que dejar el curso por motivos laborales. Desconoce cómo ha seguido la historia…

Salud!

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Abrí para pedir un café, pero una mirada (que vale 1.000 vocablos) me cerró la puerta. Esperé a que pestañeara, pero solo un párpado estaba por la labor de ceder. El otro protegía -con todo- el ojo avizor. Saqué una llave en son de paz. Dio un golpe en la mesa como respuesta. Intenté darle mi brazo al torcer. Sacó un as. Yo pinté bastos. “El cerrojo, aunque no lo creas lo llevas tú”, me dijo en tono conclusivo. Cuando miré mis manos para intentar descifrar sus palabras la camarera me sirvió un café. No entendí mucho lo sucedido, y menos cuando me giré hacia la puerta nadie miraba. Solo quedaba la mirilla, hidroalcohol y una propina. 

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