Ir al contenido principal

HÉROE DE TRAPO Y BOLA DE CALCETÍN

Cuando abrió la boca ya la tenía cerrada a cal y canto, el golpe a Bocajarro le había dejado KO. Es muy propio de él volar por los suelos y caer hacia arriba, pero hace lo que puede para mantenerse sentado en pie. Es Benjamín Bocajarro Paradoja, un tipo cogido con alfileres. Quiso hablar sin decir nada, pero lo dijo todo cuando profundizó en la superficie de si mismo; brutalmente áspera.

Cuando llegó a la cima de la montaña de ropa que tenía acumulada desde el domingo colocó una banderilla en la bola de calcetines negros. Se le cayó la última mandarina de la temporada; se precipitó al vacío por longeva. Notó un vacío legal en su estómago estrellado… pero se sobrepuso y aspiró a pedir un deseo desde lo más alto de sus ropajes. Transpira, respira y desea.

Cuando cerró la boca, comenzó a pensar. Algo tenía que cambiar a su alrededor de sí mismo. Lo vio claro desde la cumbre de su habitación. Insiste hoy en hacerme partícipe de sus progresos y yo, previo aviso, os lo traslado. Bocajarro Paradoja está saliendo de entre la maleza de sus restos contradictorios. Creo que es un héroe.

Salud!

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Ya era hora de que se reconociera el valor de los superhéroes "del montón"!!, que algunas veces vuelan y otras se arrastran demasiado a ras del suelo, que suben montañas de ropa para tener mejor perspectiva, que son capaces de caer hacia arriba.... y todo sin superpoderes.

Superman con vértigo

Entradas populares de este blog

Murió en lugar de la palabra

El cadáver aún tenía mucho que decir, pero no había nadie al alcance a través del cual poder expresar... Se mordía la lengua con los últimos suspiros. Las ideas que nunca sublimaron se desvanecían. La sonrisa se iba transformando en relieve, el rock en adagio y el mito en una frase por decir. Los músculos ocultaban poemas escondidos entre líneas. La rabia y el sosiego tonteaban. Quería expresar, usar su codo izquierdo para hablar lo que no estaba dicho.
...El telón caía y el público tenía un pie en la cena. Y él, como cadáver, perdía su peso como actor. Se acababa el tiempo entre vivos por mucha palabra que tuviera pendiente. Su identidad era ya lo de menos; de la pausa pasaba al corredor del olvido. Nadie estaba pendiente de él. Lo que no expusiera en ese momento se desintegraría con él para siempre. Hasta pronto, hasta nunca. El tiempo seguía su curso y no parecía hallarse ningún traductor de cadáveres por su causa en la escena.
Estaba muerto y además, muerto de miedo. Acojonado po…

Las palabras se las lleva Twitter

Apenas estaba digiriendo una información -con alta carga de valor- cuando un tuit la bajó de golpe muro abajo. Intenté seguirla, pero no paraba de caer al foso; y durante el imparable descenso iba olvidando el cuerpo de la noticia que me había llamado la atención. Finalmente renuncié y volví a lo más alto del muro de nuevo, con la esperanza de leer algo interesante, entonces un hilo que sostenía al texto en extinción entró en escena. Intenté seguirlo pero poco duró su vigencia. Una vez más la gravedad de las redes sociales impuso su fuerza. 
El volumen de la ansiedad de la masa social por publicar, por ser viral, por conseguir apoyo de followers, ¡por ser!, por estar, por pintar, pesa y ocupa tanto que la palabra apenas puede sostenerse. De hecho acabo de perder el hilo que me trajo hasta este texto. ¿Habré incorporado la misma gravedad y procesado de ideas? Es posible, porque ya se me está haciendo largo y empiezo a sentir ansiedad por publicarlo y que funcione por sí solo. Pesa. ¿Qu…

Sin estridencias

En mitad de la carretera, a pie de asfalto... Ya no pincha, ni mucho menos corta. Pero toma postura y digiere la curva peligrosa.