Ir al contenido principal

LA ZAPATETA Y SU PARTICIPACIÓN

Esto es una de las cosas que más me gustan de los blogs, tan obsoletos para algunos. Hoy no quería escribir nada, ni mañana tampoco... Sencillamente quería desvirtualizar para tostarme un poco en la calle. Pero entre los nubarrones de los que ya nos venían avisando "los del tiempo" (que no "Los del Río") y los comentaristas más participativos, declino mi intención.

Se hace llamar 'la zapateta', sus comentarios son un lujo para este blog, porque como otros tantos de los habituales (Isabel, Cyber, Eva, Copifate, Juan, Silvia M, Elena, Capi, "ladefilosofía", "hasidoelgordo", Anónimo 1, Anónimo 2...) amplían cada post, los alimentan. Y hace un par de horas me ha enviado esta foto que os cuelgo, obviamente en relación con el post anterior sobre ese espacio llamado Fresquito. Así que gracias y aquí queda esta entrada puente entre sábado y domingo.

Salud!

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
es lo que pasa con muchos de tus post, que te los llevas a casa, de fin de semana...y un Fresquito ya no es tal, un cuadro te mira raro, o una cebolla te llora de repente en la cocina.

anónimo3
Silvia MV. ha dicho que…
Es cierto anónimo, desde que sigo a Daniel, yo noto que me pongo a filosofar bastante sobre cualquier tema, un día abres el frigorífico y notas que los tomates te miran, o abres tu armario y sientes que tienes que renovar tu vestuario mientras analizas el porqué de tanto chino venido con sus bazares, cosas de leer a este majo que a todo saca punta y sus graciosos personajes, yo hasta me creo que existan.

;)
Anónimo ha dicho que…
Existen
Eva

Entradas populares de este blog

Las palabras se las lleva Twitter

Apenas estaba digiriendo una información -con alta carga de valor- cuando un tuit la bajó de golpe muro abajo. Intenté seguirla, pero no paraba de caer al foso; y durante el imparable descenso iba olvidando el cuerpo de la noticia que me había llamado la atención. Finalmente renuncié y volví a lo más alto del muro de nuevo, con la esperanza de leer algo interesante, entonces un hilo que sostenía al texto en extinción entró en escena. Intenté seguirlo pero poco duró su vigencia. Una vez más la gravedad de las redes sociales impuso su fuerza. 
El volumen de la ansiedad de la masa social por publicar, por ser viral, por conseguir apoyo de followers, ¡por ser!, por estar, por pintar, pesa y ocupa tanto que la palabra apenas puede sostenerse. De hecho acabo de perder el hilo que me trajo hasta este texto. ¿Habré incorporado la misma gravedad y procesado de ideas? Es posible, porque ya se me está haciendo largo y empiezo a sentir ansiedad por publicarlo y que funcione por sí solo. Pesa. ¿Qu…

Murió en lugar de la palabra

El cadáver aún tenía mucho que decir, pero no había nadie al alcance a través del cual poder expresar... Se mordía la lengua con los últimos suspiros. Las ideas que nunca sublimaron se desvanecían. La sonrisa se iba transformando en relieve, el rock en adagio y el mito en una frase por decir. Los músculos ocultaban poemas escondidos entre líneas. La rabia y el sosiego tonteaban. Quería expresar, usar su codo izquierdo para hablar lo que no estaba dicho.
...El telón caía y el público tenía un pie en la cena. Y él, como cadáver, perdía su peso como actor. Se acababa el tiempo entre vivos por mucha palabra que tuviera pendiente. Su identidad era ya lo de menos; de la pausa pasaba al corredor del olvido. Nadie estaba pendiente de él. Lo que no expusiera en ese momento se desintegraría con él para siempre. Hasta pronto, hasta nunca. El tiempo seguía su curso y no parecía hallarse ningún traductor de cadáveres por su causa en la escena.
Estaba muerto y además, muerto de miedo. Acojonado po…

Entrada nueva

Pulsó en "Entrada nueva" para escribir su próximo post, se abrió una puerta y subió a una sala donde le esperaba parte de sí mismo. Allí, para el bien y el sentido común, había montada una mesa llena de aperitivos soñados, vino en prosa y recortes de historias que nunca han sido contadas. Se sentía relajado, cómplice de la ironía que le hacía cosquillas entre una oreja y la palabra; como aquella vez que olvidó su contraseña y tuvo que aceptarse fuera de su perfil. Era una especie de resignación y victoria a la vez. Una batalla ganada a la necesidad de "tener que". Una sonrisa no forzosa acompañaba mejor al vino que corría por su garganta. Era la alegría de saber y de saberse. Y todo esto ocurría gracias a la decisión de salir de aquella entrada que nunca llevaba a nada y que aparentaba dar acceso a todo. 
En aquella sala también había un árbol y un mapa. Eran una misma cosa. Unidos por un link de invierno que llevó su sentido al verano. Él dialogó con muchos de lo…