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MUERTE ENTRE LOS PAPELITOS

Farándulo Estribo marcó el número de móvil que le dieron... el que decían, cambiaría su vida para siempre. Pero cuando pulsó el botón verde, poco después, una voz ajena le rompió el oído y penetró hasta lo más profundo de su cerebro para destrozar sus intenciones optimistas. Murió de golpe. Una de esas enfermedades que no son raras, sino cabronas; porque las provoca sólo la mala hostia de algún desgraciado que revitaliza su alma a costa de las energías mermadas de los demás.
Y esa es su táctica: dejar sueltos estratégicamente papelitos, escritos a mano, con mensajes personalizados, acompañados de un número de teléfono. Es infalible y con Farándulo, ya son 5 las víctimas que Destrozo Convulso se ha cobrado en el mes de marzo. No le pagan, ya lo hace un banco por prestar desconocidos servicios, pero cobra -como os digo- y mucho. Nadie sabe cómo es, porque nadie sabe que existe. Sólo dos personas, Donante Gas y yo, hemos descubierto su línea de actuación, pero llegar a él/ella nos llevará un tiempo... Seguiremos informando. Hasta entonces, ¡Ojito que en los festivos actúa con más saña!

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
¿Por qué espera entrecomillas?, ¿tendrá relación con ese otro caso?. Estaré atenta que últimamente ando muy optimista, no vaya a ser. isa

Siempre lo digo y lo repito: me encantan estos saltos de Donante a fresquito que permiten volver a caer en un bar donde se va a crecer, a torturar con Enya a muy pocas revoluciones o a robar ideas al pobre Mansalva. Gracias!

P.D: buf, la palabra para verificar me aparece entrecomillas..
Juana ha dicho que…
El número es demasiado atractivo:
666xxx669 ¡Uf! no se yo .... y además manda un beso con labios y todo.

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El Cerrojo

Abrí para pedir un café, pero una mirada (que vale 1.000 vocablos) me cerró la puerta. Esperé a que pestañeara, pero solo un párpado estaba por la labor de ceder. El otro protegía -con todo- el ojo avizor. Saqué una llave en son de paz. Dio un golpe en la mesa como respuesta. Intenté darle mi brazo al torcer. Sacó un as. Yo pinté bastos. “El cerrojo, aunque no lo creas lo llevas tú”, me dijo en tono conclusivo. Cuando miré mis manos para intentar descifrar sus palabras la camarera me sirvió un café. No entendí mucho lo sucedido, y menos cuando me giré hacia la puerta nadie miraba. Solo quedaba la mirilla, hidroalcohol y una propina. 

Idas y venidas por una mala salida

 Viéndolas venir me dieron en toda la cara. Una a una, las idas y venidas de años anteriores (y una del que entra) fueron golpeándome repetidamente hasta que pronuncié la palabra requerida: "Perdón". Las idas reclamaban un sitio concreto al que llegar; las venidas, más dimensiones. La correspondiente a 2021 era ida y estaba algo más perdida. Lo más difícil para mí fue darme cuenta de que tenía la responsabilidad de ubicarlas. Lo supe por una mala salida de otra persona hacia mí. Ésta, la mala salida, me advirtió -poco antes de abofetearme por izquierda y derecha con la mano abierta- de que debía organizarlas. ¿Cómo? pregunté. Viéndolas venir, exclamó. Así que tras pedir disculpas y tomar la firme decisión de implicarme en la búsqueda de lugares y dimensiones, todo empieza. A ver...

Las palabras se las lleva Twitter

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