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SÁBANAS DE PAPEL

Qué grandes son los Sábados y Domingos. No hay nada como ese momento en el que 'desempaqueto' los periódicos y me encuentro con la batalla entre Media Markt, Saturn, Tien21... por hacerse con el dominio de los interiores. Cada vez más sábanas, más colores, más ofertas. Me las miro todas; porque no hay columna o viñeta más graciosa que la que junta en un mismo folleto el televisor LED con el último modelo de lavadora o cortapelos de nariz y oreja.

Dan ganas de comprar, comprar y comprar... Comprar todas las cámaras de fotos, mientras conservas en la nevera inteligente el deseo de poseer la videocámara de HD más 'guay', y cómo no, calculas cuánto te vas a gastar en la tostadora retro de la que saldrán las tostadas que después mojarás en el café de Nespresso. Consumo, consumo, consumo... Y perdón por el chiste fácil, sigo: Con zumo después devoro las noticias y artículos del periódico.

Al final, gracias a la terapia de la cuenta corriente, cuando ves que el rojo de tus números bancarios coincide con el tono de Media Markt, te quedas en descubierto ante la austeridad de un domingo nublado. Eso sí, el buen rato te lo llevas, y aunque no es gratis (4,70 € de los periódicos), no es mal precio por un descanso del habitual negro teclado sobre balnco tft.

Salud!

Comentarios

isa ha dicho que…
Me ha dejado un poco descolocada ese tft, así que me he ido al infalible google y me ha dicho: anda, consulta los resultados de ftf. Federación Tinerfeña de Fútbol. ¿No era eso verdad?.

Ya se sabe, retro o no, venimos a este mundo a consumir.
Anónimo ha dicho que…
Si es que con todo lo que viene en un periódico los domingos da para leer todo el día, luego te compras el periódico un lunes como hoy y no veas lo triste que es, yo he pensado que el kiosquero se ha quedado con parte del periódico, que finito, y sin publicidad ni nada...jajaja.
Miguel Ángel Pegarz ha dicho que…
Yo es que soy un degenerado y me leo los suplementos, sobre todo para mirar los platos fashion (sin tener ni idea de cocinar) y los reportajes de restaurantes y hoteles que no puedo permitirme.

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El Cerrojo

Abrí para pedir un café, pero una mirada (que vale 1.000 vocablos) me cerró la puerta. Esperé a que pestañeara, pero solo un párpado estaba por la labor de ceder. El otro protegía -con todo- el ojo avizor. Saqué una llave en son de paz. Dio un golpe en la mesa como respuesta. Intenté darle mi brazo al torcer. Sacó un as. Yo pinté bastos. “El cerrojo, aunque no lo creas lo llevas tú”, me dijo en tono conclusivo. Cuando miré mis manos para intentar descifrar sus palabras la camarera me sirvió un café. No entendí mucho lo sucedido, y menos cuando me giré hacia la puerta nadie miraba. Solo quedaba la mirilla, hidroalcohol y una propina. 

Idas y venidas por una mala salida

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Las palabras se las lleva Twitter

Apenas estaba digiriendo una información -con alta carga de valor- cuando un tuit la bajó de golpe muro abajo. Intenté seguirla, pero no paraba de caer al foso; y durante el imparable descenso iba olvidando el cuerpo de la noticia que me había llamado la atención. Finalmente renuncié y volví a lo más alto del muro de nuevo, con la esperanza de leer algo interesante, entonces un hilo que sostenía al texto en extinción entró en escena. Intenté seguirlo pero poco duró su vigencia. Una vez más la gravedad de las redes sociales impuso su fuerza.  El volumen de la ansiedad de la masa social por publicar, por ser viral, por conseguir apoyo de followers, ¡por ser!, por estar, por pintar, pesa y ocupa tanto que la palabra apenas puede sostenerse. De hecho acabo de perder el hilo que me trajo hasta este texto. ¿Habré incorporado la misma gravedad y procesado de ideas? Es posible, porque ya se me está haciendo largo y empiezo a sentir ansiedad por publicarlo y que funcione por sí solo. Pesa