Ir al contenido principal

VIGILIA INTERACTIVA

Después de estar en coma ha tenido el punto de despertar y contar lo que le pasó. Se llama, por cierto, Manuel Fletado y es vecino de red. Vamos, que no nos hemos visto nunca, pero compartimos amistad virtual. Desapareció una temporada y a unos cuantos asiduos de Facebook o Twitter nos mosqueó su ausencia. Además, ninguno le conocemos en la vida analógica, jamás se ha dejado ver; con lo cual nos ha llevado a reflexionar sobre la existencia de nosotros mismos, pero bueno, ésta es otra película.

Y ahora... no es que haya reaparecido, sigue sin dejar ver su avatar, pero por una serie de tejemanejes he logrado llegar a él a través de un familiar no real que tiene acceso a su perfil. Así que vía IP he conocido la historia de su coma. Resulta que un par de horas antes de desvanecerse había comido en un restaurante, llamado Ensueño, que ofrecía como plato estrella ese día Potaje de vigilia. Se lo pidió sin dudar, lo disfrutó pero la alergia desconocida a ciertos caldos de cultivo le llevaron hasta la UCI.

Ahora, afortunadamente, tras probar un suero especial que mitiga los efectos nocivos, ha sido trasladado a la UVI, pero no a la de siempre, sino a la Unidad de Vigilia Interactiva. Desde ahí, y por un canal restringido, estoy comunicándome con él. Es una red un poco asocial, pero por lo menos puedo informar. Me comenta, por cierto, que dentro de muy poco estará con nosotros de avatar presente.

Salud!

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
genial!
Anónimo ha dicho que…
Las desapariciones virtuales son mucho peores que las analógicas. Te dejan un vacío lleno de vacío, porque no sabes con qué (material)rellenar la ausencia.
Del sonido del teclado pasas al sonido de un interogante en tu mente (virtual o analógica, en este caso da igual). Y ese interrogante te columpia una y otra vez,en una idea: la locura.
Porque inevitablemente, y secundando tu reflexión, estas asusencias te llevan a plantearte tu propia existencia.
Y como bien dices, ese es otro terreno, bastante movedizo por cierto, tal vez otra historia...o la misma pero mirada desde el otro lado del prisma.

INEFABLE, Seseña.

M.
Juana ha dicho que…
Quiero ir a ese restaurante "Ensueño" estoy segura de que me gustaría.
A veces uno se comunica por canales extraños con seres que no sabes si existen, aunque les tengas bastante cariño, o tal vez he probado demasiados "sueros especiales", mi madre dice que me caí en uno cuando nací.
Anónimo ha dicho que…
Aunque no tiene la fuerza de un abrazo analógico, reconozco que a mi la comunicación vía IP no deja de sorprenderme y de regalarme pequeñas satisfacciones.
Aunque como bien dice Juana "uno se comunica por canales extraños con seres que no sabes si existen" a mi me gusta pensar que "tecleamos, luego existimos", aunque sólo sea en la ficción. isa
Anónimo ha dicho que…
Mando copia de esta entrada a todos mis corresponsales. Es una pieza modélica sobre cómo moverse por estos mundos nuevos que la fortuna nos ha permitido vivir. Algunos necesitamos perro lazarillo para andar por ellos. Los que tenemos a Daniel, tenemos un filón. No solo nos acompaña, sino que nos guía, nos descubre, nos enseña.
Anónimo ha dicho que…
Les diría a Juana e Isa, que ésto es real, o al menos es una ficción real.

"Nadie quiere ser parte de una ficción, y menos si esa ficción es real" (Paul Auster)

Esta fición es real, y lo queramos o no, formamos parte.

Fdo: admiradora de este blog y de sus comentaristas
Miguel Ángel Pegarz ha dicho que…
¿Y seguro que existe? porque hay tanto perfil suelto y abandonado a su suerte por ahí que no descartaría l posibilidad de que alguno cobre vida comunicándose por las redes asociales cuando su perfil se inactiva. A lo mejor sólo es una alumno aventajado de perfiles eliminados. Es una locura... pero es Seseña :-)

Entradas populares de este blog

El Cerrojo

Abrí para pedir un café, pero una mirada (que vale 1.000 vocablos) me cerró la puerta. Esperé a que pestañeara, pero solo un párpado estaba por la labor de ceder. El otro protegía -con todo- el ojo avizor. Saqué una llave en son de paz. Dio un golpe en la mesa como respuesta. Intenté darle mi brazo al torcer. Sacó un as. Yo pinté bastos. “El cerrojo, aunque no lo creas lo llevas tú”, me dijo en tono conclusivo. Cuando miré mis manos para intentar descifrar sus palabras la camarera me sirvió un café. No entendí mucho lo sucedido, y menos cuando me giré hacia la puerta nadie miraba. Solo quedaba la mirilla, hidroalcohol y una propina. 

Idas y venidas por una mala salida

 Viéndolas venir me dieron en toda la cara. Una a una, las idas y venidas de años anteriores (y una del que entra) fueron golpeándome repetidamente hasta que pronuncié la palabra requerida: "Perdón". Las idas reclamaban un sitio concreto al que llegar; las venidas, más dimensiones. La correspondiente a 2021 era ida y estaba algo más perdida. Lo más difícil para mí fue darme cuenta de que tenía la responsabilidad de ubicarlas. Lo supe por una mala salida de otra persona hacia mí. Ésta, la mala salida, me advirtió -poco antes de abofetearme por izquierda y derecha con la mano abierta- de que debía organizarlas. ¿Cómo? pregunté. Viéndolas venir, exclamó. Así que tras pedir disculpas y tomar la firme decisión de implicarme en la búsqueda de lugares y dimensiones, todo empieza. A ver...

La crónica borradora

Borró tres archivos por la mañana, el eje de la crónica que tenía que entregar al día siguiente. Cada uno correspondía a un asunto pendiente. El cúmulo le pesó más que el deseo o la necesidad de resolverlos. Salió a la calle en busca de respuestas aleatorias. La calle -cansada de su rol de eterna transición- contestó con más preguntas. Ella en parte se enteraba de lo que ocurría y en parte lo evitaba. Lo mismo había sucedido con aquellos archivos. Uno fue borrado a conciencia, dos sin querer. O al revés. Nunca lo sabrá con toda certeza. El día anterior se había registrado un breve temblor de tierra. Pocos grados, pero los suficientes para sentir lo fino que es el asfalto y el vértigo de la fragilidad. El movimiento brusco le dejó algo mareada. ¿Qué relación existía entre el miedo a caer al abismo y el borrado -accidental o no- de archivos propios? ¿Había alguna relación? Mientras paseaba sin destino marcado -sintiendo y recuperando la firmeza del suelo con sus nuevas sandalias- e