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EL HOMBRE QUE SUSURRA A LOS BERBERECHOS I

Marcial Razondeser cada mañana se levanta, carga pilas, sube abajo, sale dentro y entra en carnes. Lo hace por sistema sin reparar ni redundar en su actividad compulsiva. Confiesa su amigo, y sin embargo vecino en la 6ª planta, Pardo Reverso, que no termina de entenderlo. Claro, que a ver quién le entiende a él, porque Pardo es un tipo que se acuesta cada mañana, deja sus pepinillos de Bruselas sobre la mesilla de noche, cena corretones (el postre preferido de los “malos” de Cristal Oscuro Frank Oz, Jim Henson – 1982 ) y cuenta hasta 10 sin pasar por el ocho.

Son dos personajes de dar, tomar y echarse a especular. Incompatibles, jamás coinciden y sin embargo se conocen y se quieren como hermanos. En el barrio especulan con que son la misma persona, a la que apodan El hombre que susurra a los berberechos... Razón: portería. El portero, Joaquinete Simpatía, posee una granja de estos simpáticos moluscos que exhibe con orgullo a quien la desee contemplar. No los cría para comérselos, sino por amor al mare (es de origen italiano).

Un mes de marzo de hace tres años, los berberechos dejaron de cantar. Sí, sí, verbo cantar. Joaquinete se deprimió y no sabía qué hacer, hasta que Marcial le pidió que le dejara a solas con ellos. Estuvo doce horas dentro de la granja y al salir no lo hizo él sino Pardo. Joaquinete hizo la vista gorda al comprobar que sus criaturas volvían a cantar. Pero se lo contó días después a Concha Pladur, la vecina del bajo derecha que larga más que Ancha Perdona (la del bajo izquierda)...

Continúa mañana...

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
primero las cebollas, ahora los berberechos, así no hay quién se acerque a la comida con normalidad..(el comentario continúa mañana)

isa
Anónimo ha dicho que…
Yo conocí a un colega que hablaba a los estafilococos aureus. Quería ponerles un piso. El era microbiólogo. Lo último que se de él es que le resetearon el cerebro con un par de descargas.

También me contaron, quien le ha visto, que ahora mientras migita canta: Un clavel, un rojo clavel, un clavel, a la orilla de tu boca....

Dr. Klint
Anónimo ha dicho que…
Pues en Turquía he visto a unos berberechos giróvagos dando vueltas sobre sí mismos, como la tierra, como en la Meca, al contrario que los relojes. Y también hice la vista gorda, aunque no cantaban.
Viajando se ven muchas cosas...

El increible URL
Miguel Ángel Pegarz ha dicho que…
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