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ESTO NO ES FICCIÓN, ES UNA PUTADA

Estaba dándome una vuelta por la blogosfera y vía Rosa J. Cano, me encuentro con este asunto que directamente pego aquí y que me lleva al blog de José A. Pérez:

El 10 de enero de este mismo año, escribía una entrada para elogiar a Jorge Ibas, un presentador de la televisión local Canal Bizkaia que llevó a cabo una ejemplar declaración de intenciones pública. Cinco compañeros de la cadena habían sido despedidos, y él decidió usar su programa (sobre economía) para acusar al gerente de la cadena, un tal David Mejuto, de “desconocimiento del negocio, falta de preparación, carencia de ideas, escasez de materia gris y falta de sensibilidad”.


Salud!

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Esperemos (aunque ya me extrañaría) que el próximo programa no se lo tengan que dedicar a él, pobre valiente.

isabel
capitán garfio ha dicho que…
Eso siempre pasó,pasa y pasará....
En muchos trabajos,(y hablo del mío),cuanto más alto en el cargo,más incompetentes.
Ellos hacen números,tiran a la mitad de la plantilla y creen que han resuelto el problema.
Ya les salen los números,consiguen echar a personas que han mantenido su empresa y sus sueldos hasta ahora,a base de cuidar al cliente sobre todas las cosas,pues dependemos de ello,cuando fueron ellos los que los descuidaron durante mucho tiempo,y ahora vienen sus lloros,los recortes de sueldo y de personal.
Un saludo...en crisis..ja,ja
Miguel Ángel Pegarz ha dicho que…
Como ya dijo alguien antes que yo: "Con Dos Cojones. Gilipollas, pero con dos Cojones".
Deseo sinceramente que tenga siguiente programa.

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El Cerrojo

Abrí para pedir un café, pero una mirada (que vale 1.000 vocablos) me cerró la puerta. Esperé a que pestañeara, pero solo un párpado estaba por la labor de ceder. El otro protegía -con todo- el ojo avizor. Saqué una llave en son de paz. Dio un golpe en la mesa como respuesta. Intenté darle mi brazo al torcer. Sacó un as. Yo pinté bastos. “El cerrojo, aunque no lo creas lo llevas tú”, me dijo en tono conclusivo. Cuando miré mis manos para intentar descifrar sus palabras la camarera me sirvió un café. No entendí mucho lo sucedido, y menos cuando me giré hacia la puerta nadie miraba. Solo quedaba la mirilla, hidroalcohol y una propina. 

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 Viéndolas venir me dieron en toda la cara. Una a una, las idas y venidas de años anteriores (y una del que entra) fueron golpeándome repetidamente hasta que pronuncié la palabra requerida: "Perdón". Las idas reclamaban un sitio concreto al que llegar; las venidas, más dimensiones. La correspondiente a 2021 era ida y estaba algo más perdida. Lo más difícil para mí fue darme cuenta de que tenía la responsabilidad de ubicarlas. Lo supe por una mala salida de otra persona hacia mí. Ésta, la mala salida, me advirtió -poco antes de abofetearme por izquierda y derecha con la mano abierta- de que debía organizarlas. ¿Cómo? pregunté. Viéndolas venir, exclamó. Así que tras pedir disculpas y tomar la firme decisión de implicarme en la búsqueda de lugares y dimensiones, todo empieza. A ver...

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