Ir al contenido principal

A MAROMO MUERTO NO LE MIRES EL ALBORNOZ

Mi compañero y no menos productor, Juan Carlos Carrazón, máquina donde las haya… hiperactivo sin remedio, inquieto galdosiano y hablador (dicho con cariño; tiene mucho que decir y tanto que contar) de los "de por los codos”, me envía esta foto.

Concretamente me la traspasó ayer vía bluetooth (que somos muy modernos) mientras hacíamos la cola (que nadie piense en posturas asiáticas) del comedor de Torrespaña (lo que viene siendo conocido como el Pirulí)… Y todo, en el mismo día de su cumpleaños, del que tuve conocimiento gracias –todo sea dicho de paso- a Facebook.Vamos, que el regalo me lo hizo él a mí. ¡Gracias, maestro!

Ahí os dejo esta filmina, para que reflexionéis, por ejemplo, sobre su… significado. Yo ya lo he hecho y no sé por qué, pero me viene a la cabeza -mientras escribo- aquel mítico chiste tan vivo: “el de la vaca”.

¡Felicidades, Padres!



Salud!

Comentarios

David Holguín ha dicho que…
jajaja demasiado bueno. Hay demasiadas historias en la publicidad... de este estilo.

Ayer ví un anuncio que decía "Pintores. Nos desplazamos a su domicilio"... hay de todo!

Un abrazo!
Anónimo ha dicho que…
Muy buena oferta. Por la mitad de lo que vale un albornoz te llevas un adulto vivo a casa de regalo!
Juana ha dicho que…
Pues esto me recuerda a una frase de mi "amantísimo", cada vez que le enseño ropa por catálogo que me quiero comprar, me dice "¿la chica también la mandan?" jajajaja
¿No se por qué me he acordado? jajajaja
Anónimo ha dicho que…
Lo de 100% algodón del anuncio, se referirá al albornoz o al adulto? Ya puestos...
Miguel Ángel Pegarz ha dicho que…
Yo no soy escrupuloso. ¿Los de adulto muerto cuanto cuestan?
Anónimo ha dicho que…
Cuando vi el cartelón me quedé realmente 'perplexo'

Entradas populares de este blog

Las palabras se las lleva Twitter

Apenas estaba digiriendo una información -con alta carga de valor- cuando un tuit la bajó de golpe muro abajo. Intenté seguirla, pero no paraba de caer al foso; y durante el imparable descenso iba olvidando el cuerpo de la noticia que me había llamado la atención. Finalmente renuncié y volví a lo más alto del muro de nuevo, con la esperanza de leer algo interesante, entonces un hilo que sostenía al texto en extinción entró en escena. Intenté seguirlo pero poco duró su vigencia. Una vez más la gravedad de las redes sociales impuso su fuerza. 
El volumen de la ansiedad de la masa social por publicar, por ser viral, por conseguir apoyo de followers, ¡por ser!, por estar, por pintar, pesa y ocupa tanto que la palabra apenas puede sostenerse. De hecho acabo de perder el hilo que me trajo hasta este texto. ¿Habré incorporado la misma gravedad y procesado de ideas? Es posible, porque ya se me está haciendo largo y empiezo a sentir ansiedad por publicarlo y que funcione por sí solo. Pesa. ¿Qu…

Murió en lugar de la palabra

El cadáver aún tenía mucho que decir, pero no había nadie al alcance a través del cual poder expresar... Se mordía la lengua con los últimos suspiros. Las ideas que nunca sublimaron se desvanecían. La sonrisa se iba transformando en relieve, el rock en adagio y el mito en una frase por decir. Los músculos ocultaban poemas escondidos entre líneas. La rabia y el sosiego tonteaban. Quería expresar, usar su codo izquierdo para hablar lo que no estaba dicho.
...El telón caía y el público tenía un pie en la cena. Y él, como cadáver, perdía su peso como actor. Se acababa el tiempo entre vivos por mucha palabra que tuviera pendiente. Su identidad era ya lo de menos; de la pausa pasaba al corredor del olvido. Nadie estaba pendiente de él. Lo que no expusiera en ese momento se desintegraría con él para siempre. Hasta pronto, hasta nunca. El tiempo seguía su curso y no parecía hallarse ningún traductor de cadáveres por su causa en la escena.
Estaba muerto y además, muerto de miedo. Acojonado po…

Entrada nueva

Pulsó en "Entrada nueva" para escribir su próximo post, se abrió una puerta y subió a una sala donde le esperaba parte de sí mismo. Allí, para el bien y el sentido común, había montada una mesa llena de aperitivos soñados, vino en prosa y recortes de historias que nunca han sido contadas. Se sentía relajado, cómplice de la ironía que le hacía cosquillas entre una oreja y la palabra; como aquella vez que olvidó su contraseña y tuvo que aceptarse fuera de su perfil. Era una especie de resignación y victoria a la vez. Una batalla ganada a la necesidad de "tener que". Una sonrisa no forzosa acompañaba mejor al vino que corría por su garganta. Era la alegría de saber y de saberse. Y todo esto ocurría gracias a la decisión de salir de aquella entrada que nunca llevaba a nada y que aparentaba dar acceso a todo. 
En aquella sala también había un árbol y un mapa. Eran una misma cosa. Unidos por un link de invierno que llevó su sentido al verano. Él dialogó con muchos de lo…